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26/4/26

LA BATALLA POR QUIÉN MANDA EN EL LIVING


En 1920 aparece un nuevo medio de comunicación: la radio. Si bien la tecnología en la que se basaba era fruto de décadas de desarrollo, la verdadera novedad estaba en su uso: un punto emisor con la intención de llegar a una audiencia masiva con contenidos informativos y de entretenimiento.

El determinismo tecnológico sostiene que la tecnología es la principal fuerza que impulsa los cambios sociales, culturales y económicos. La radio es un buen ejemplo de ese proceso. No solo transformó la circulación de la información, sino también los usos y costumbres dentro del hogar: el aparato pasó a ocupar un lugar central en el living, ese espacio compartido por toda la familia.

Hacia 1960, con la consolidación de la televisión como medio dominante, la radio cedió ese lugar privilegiado. El televisor se convirtió en el nuevo centro de gravedad del hogar.

Sesenta años después, y a pesar de la competencia feroz de las pantallas del teléfono celular, esa centralidad de la pantalla grande en el living conserva un valor simbólico innegable.

Sin embargo, desde hace tiempo la televisión tradicional pierde relevancia de manera sostenida. ¿Quiénes disputan hoy el reinado del audiovisual? Principalmente, las OTT (Over-The-Top): plataformas que distribuyen contenido por internet sin depender de operadores de cable o satélite. Es decir, servicios de streaming como Netflix, Amazon Prime Video, Disney+ o YouTube.

Pero suponer que compiten en igualdad de condiciones sería un error. Dentro del universo de las plataformas basadas en películas y series, hay un líder claro: Netflix. Ni HBO, ni Amazon Prime Video ni Disney+ se acercan a sus niveles de suscriptores y horas de visualización. Con presencia en más de 190 países y cientos de millones de hogares, su escala sigue siendo difícil de igualar.

Sin embargo, esa supremacía no alcanza para coronarla como ganadora definitiva. Porque su verdadero competidor no está en ese mismo segmento, sino en otro terreno: YouTube.

Ahí es donde la disputa se vuelve más compleja, ya que se enfrentan dos modelos de negocio profundamente distintos.

Netflix funciona como un ecosistema cerrado: selecciona proyectos, financia producciones y adquiere derechos de exhibición. De este modo, controla prácticamente la totalidad de lo que ofrece y basa su negocio casi exclusivamente en suscripciones.

YouTube, en cambio, es una plataforma abierta: cualquier usuario puede subir contenido sin costo, mientras la empresa monetiza la atención a través de publicidad, con un algoritmo que decide qué mostrar en función de los intereses de cada usuario.

Ambos coinciden en algo clave: la verdadera batalla es por el tiempo de las personas. Reed Hastings, cofundador de Netflix, lo resumió de forma provocadora al afirmar que “en cierto punto competimos contra el sueño”. La disputa ya no es solo por la calidad del contenido, sino por capturar el tiempo de ocio.

En ese terreno, YouTube parece tener ventaja. Integra lógicas propias de las redes sociales (como el video vertical, los Shorts y la reproducción automática) y cuenta con una oferta prácticamente infinita de contenidos y formatos. A comienzos de 2026, se estima que la plataforma supera los 14.000 millones de videos.

Además, su modelo reduce el riesgo: a diferencia de Netflix, que invierte por adelantado sin garantías de éxito, YouTube remunera en base a los contenidos más vistos.

Los resultados reflejan esas diferencias. Según datos de Nielsen, en diciembre de 2025 YouTube alcanzó el 12,7% del consumo total de televisión en Estados Unidos, mientras que Netflix se ubicó en torno al 9%.

Pero lo más interesante es cómo ambas plataformas avanzan sobre territorios que antes eran exclusivos de la televisión tradicional.

Netflix incorporó videojuegos y comenzó a transmitir eventos en vivo, como partidos de la NFL, peleas de boxeo o shows de la WWE (lucha libre). También experimenta con formatos de video vertical pensados para dispositivos móviles.

YouTube, por su parte, hace tiempo funciona como el “lado B” de la televisión: video podcasts, transmisiones en vivo y una fuerte presencia en mercados como el argentino, con proyectos como Luzu u Olga. A eso se suma la adquisición de derechos deportivos, como el NFL Sunday Ticket, comercializado como una suscripción premium.

Otra dimensión de la competencia es la asociación con creadores. YouTube lo hace con figuras como MrBeast, que invierte millones de dólares por video, en producciones cada vez más ambiciosas. Aquella etapa inicial de contenido amateur, muchas veces idealizada, va quedando cada vez más lejos.

Mientras tanto, la televisión tradicional resiste apoyada en tres pilares: los grandes eventos deportivos globales, la cobertura de noticias de alto impacto y algunos formatos capaces de generar conversación social, como Gran Hermano.

Pero incluso esos bastiones empiezan a mostrar fisuras. La cobertura transmedia del próximo Mundial de fútbol y la proliferación de contenidos producidos directamente para plataformas digitales anticipan una nueva pérdida de audiencia y de inversión publicitaria para los canales tradicionales.

El living ya no es lo que era. O mejor dicho, sigue siendo el mismo espacio, pero con nuevas reglas de juego. Y en esa reconfiguración, ni siquiera Hollywood, el gran legitimador histórico del audiovisual, parece dispuesto a quedarse del lado de la vieja televisión: desde 2029 la transmisión oficial y exclusiva de la entrega de los premios Oscars se mudará a YouTube.

8/3/26

DURMIENDO CON EL ENEMIGO


Cuando comencé a estudiar periodismo en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, todavía no conocía ninguna redacción por dentro. Mi única referencia sobre cómo funcionaban venía del cine: periodistas que chequeaban fuentes, editores que discutían títulos y la publicación de noticias que podían incomodar a gobiernos o a grandes corporaciones.

La película más importante, sin dudas, era Todos los hombres del presidente (1976), que narraba la investigación de dos periodistas de The Washington Post que llevaría a la renuncia de Richard Nixon, presidente de los EEUU.

Otro gran film, también basado en una historia real, es El Informante (1999), protagonizado por Russell Crowe y Al Pacino. Se trata de una investigación del equipo periodístico del programa 60 minutos del canal CBS. La historia pone el foco en un científico que, trabajando para una tabacalera, descubre investigaciones internas que confirman que la nicotina y otros químicos utilizados en la producción de cigarrillos son altamente adictivos.

A pesar de esta información, los directivos de la compañía no hacen nada al respecto. El guion retrata el dilema del científico que no puede hablar por un contrato de confidencialidad, y el de los periodistas que cubren el tema, presionados por las autoridades del canal por intereses corporativos, tanto económicos como políticos. Perdón por el spoiler, pero una vez que la información se hizo pública la industria tabacalera tuvo que afrontar juicios por 200 mil millones de dólares, al comprobarse que conocía los riesgos y la adicción que causaban sus productos.

Algo parecido está pasando en estos días en los tribunales de Los Ángeles. Allí también se habla de grandes corporaciones, de productos diseñados para ser adictivos y de demandas millonarias.

En esta nueva historia, que no es una película pero que probablemente llegue pronto a la pantalla grande, los malos son los responsables de las grandes compañías tecnológicas; las víctimas, jóvenes que denuncian problemas de adicción y depresión generados por el uso de redes sociales desde la infancia; y el probable verdugo podría ser un jurado popular integrado por doce ciudadanos de la soleada California.

En un contexto en el que países como Australia, Francia, España, Dinamarca y el Reino Unido comenzaron a aplicar restricciones estrictas de edad para acceder a redes sociales, estamos siendo testigos del inicio de demandas contra las Big Tech cuyo desenlace todavía es incierto.

El caso testigo es el juicio civil promovido por K.G.M. (su identidad está reservada), una joven de 20 años que sostiene que el uso compulsivo de Instagram y YouTube incidió en el desarrollo de un cuadro complejo de dismorfia corporal, ansiedad, depresión y tendencias suicidas.

El reclamo es contra Meta (dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp) y Google (YouTube). En la demanda se sostiene que estas empresas usaron deliberadamente en el diseño de sus productos elementos “destinados a maximizar la participación de los jóvenes para impulsar los ingresos por publicidad”, según se puede leer en la petición judicial.

El argumento apunta a cómo esa supuesta adicción generada por el uso de las redes resulta rentable: una vez que los usuarios están enganchados, las empresas pueden monetizar el tiempo frente a las pantallas mediante publicidad. Por eso no solo buscan que permanezcan el mayor tiempo posible frente a la pantalla, sino que regresen.

El juicio es histórico por el precedente que podría fijar para futuros reclamos, pero también marca un hito por la presencia de Mark Zuckerberg, CEO de Meta. Si bien se presentó en dos oportunidades ante el Congreso de los Estados Unidos, es su primera vez como testigo judicial en un juicio civil.

Desde distintas disciplinas se aportan miradas que ayudan a comprender el complejo rol que las redes sociales cumplen en la sociedad.

Por un lado, aparece la feroz competencia de las empresas tecnológicas por la atención de los usuarios. Esta disputa está bien retratada por una frase de Reed Hastings, cofundador y ex CEO de Netflix, quien afirmó: “el sueño es nuestra competencia”, para destacar que su verdadero rival no son otras plataformas como HBO o Disney+, sino el tiempo de descanso de las personas.

Los algoritmos funcionan activando un mecanismo biológico que todos tenemos, basado en la búsqueda de placer. Una vez que perfilan a cada usuario, lo bombardean con contenido capaz de activar la producción de dopamina mediante mecanismos de gratificación instantánea, como los “likes”, comentarios y notificaciones, estimulando el circuito de recompensa cerebral de manera similar a las adicciones a sustancias naturales o químicas. Por esta lógica los usuarios “no pueden parar”, ya que esas microdosis de placer alteran la percepción y el manejo del tiempo.

Por todo esto, los especialistas hablan de manipulación cognitiva. La abundante oferta digital anula la posibilidad del aburrimiento, ese espacio donde el pensamiento puede volverse reflexivo y donde suele aparecer la creatividad. Así como la pantalla mata al aburrimiento, también reduce la posibilidad del pensamiento crítico o del entendimiento de nuestro contexto relacional y material.

A diferencia de otras adicciones, donde el producto que produce placer es ilegal o difícil de conseguir, con las plataformas nos encontramos ante un fenómeno novedoso: el acceso es gratuito y está disponible las 24 horas.

Es como si el dealer durmiera con nosotros.

Por Francisco Monzón (@flmonzon) para @eldiariosur. Leelo acá.

8/2/26

EL MEDIO ES EL MENSAJE


Durante muchos años ejercí la docencia como profesor de nivel secundario en distintas materias vinculadas al campo de la comunicación. Ese contacto sostenido en el tiempo con adolescentes me permitió testear, casi en tiempo real, cuáles eran las profesiones aspiracionales de distintas épocas.

¿A qué llamamos una profesión aspiracional? Si durante buena parte del siglo XX el ideal estaba sintetizado en el clásico “mi hijo el doctor”, con el correr de los años ese horizonte se fue desplazando hacia ocupaciones con alto prestigio social, buena remuneración, y asociadas a un determinado estilo de vida superior, moldeadas y amplificadas por los medios de comunicación.

Así pasé por etapas en las que todos, o casi todos, querían ser futbolistas, modelos o DJs. Más acá en el tiempo, la irrupción de las redes sociales instaló una nueva figura en el imaginario juvenil: la del influencer.

Podemos definir al influencer como una persona con credibilidad, autoridad o una audiencia propia en redes sociales, capaz de influir en las opiniones, comportamientos y decisiones de consumo de sus seguidores. Es una figura que se puede analizar desde la comunicación, pero que en la práctica está mucho más vinculada al marketing y a la lógica de las ventas.

Hago esta aclaración porque en esta columna quiero detenerme en quien considero el primer gran influencer de la comunicación, aunque sin la connotación comercial que hoy damos por sentada. Un personaje que alcanzó fama mundial mucho antes de la revolución digital.

Me refiero a Herbert Marshall McLuhan, teórico de la comunicación y profesor universitario canadiense, fallecido en 1980. Murió antes de la masificación de Internet, pero anticipó con notable lucidez muchos de los fenómenos que hoy atraviesan nuestra vida cotidiana.

McLuhan tenía una habilidad particular: condensar ideas complejas en frases breves y contundentes, que terminaron funcionando como verdaderos eslóganes. Fue uno de los pocos teóricos que logró salir del nicho académico, llevar sus libros a las listas de best sellers y utilizar la televisión como plataforma para amplificar sus conceptos. McLuhan amaba la TV, o al menos entendía perfectamente su potencia.

Incluso tuvo su momento cinematográfico. En 1977 aparece en Annie Hall, una película de Woody Allen, interpretándose a sí mismo, como toda celebridad que se precie de tal.

Convertido en un referente mediático, algo bastante cercano a lo que hoy llamaríamos un influencer, se dedicó a asesorar empresas, líderes políticos e instituciones varias. Entre sus conceptos más difundidos está el de la “aldea global”, con el que describía cómo la tecnología permitiría una interconexión humana a escala planetaria, similar a la circulación inmediata de información en una comunidad pequeña. Pensemos que esta idea la desarrolla en libros publicados en la década del sesenta, cuando ese escenario parecía ciencia ficción.

Sin embargo, su legado más potente sigue siendo una frase que se cita hasta el cansancio: “el medio es el mensaje”.

La idea central es que, a lo largo de la historia, la naturaleza de los medios que usamos para comunicarnos ha influido más en las sociedades que los contenidos que circulan por ellos. Los medios no solo transmiten información: modelan nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

En tiempos donde se habla permanentemente de manipulación, McLuhan propone correr el foco del discurso y poner la lupa en los dispositivos. En la página 26 del libro El medio es el masaje nos dice: “Todos los medios de comunicación nos manipulan por completo. Son tan penetrantes en sus consecuencias personales, políticas, económicas, estéticas, psicológicas, morales, éticas y sociales que no dejan nada de nuestra persona intacta, inalterada, sin modificar”.

No me equivoqué, estimado lector, al escribir el nombre del libro. Publicado en 1967, por un error en la impresión de la prueba de galera se cambió “mensaje” por “masaje” en la tapa. A McLuhan le encantó la confusión y el título quedó así: El medio es el masaje.

El libro es experimental incluso para los estándares actuales. Diseñado por Quentin Fiore, combina fotografías, collages, textos superpuestos, páginas en blanco y otras invertidas. Una rareza absoluta para su época, pero sorprendentemente cercana a la lógica del remix y el mashup contemporáneo.

En uno de sus pasajes más citados, McLuhan retoma la idea de que los medios funcionan como extensiones de nuestras capacidades sensoriales: “La prolongación de cualquier sentido modifica nuestra manera de pensar y de actuar, nuestra manera de percibir el mundo. Cuando esas proporciones cambian, los hombres cambian”.

Y así, como el pez que no es consciente del agua en la que nada, todos terminamos haciendo lo mismo pero nos creemos originales, autónomos, únicos. Seguramente hoy son muchos los adolescentes que quieren ser influencers no tanto por tener algo extraordinario para comunicar, sino porque aprendieron que existir en el espacio público implica, básicamente, mostrarse. 

El medio, en este caso las redes sociales, educa más que cualquier discurso y el aspirante a influencer es su mejor alumno.


Por Francisco Monzón (@flmonzon) para @eldiariosur. Leelo acá.

18/1/26

LA IA LLEGA A HOLLYWOOD

 


Desde el final de la Segunda Guerra Mundial se desarrolló en Estados Unidos una cultura marcadamente antisindical. No puede señalarse un evento único como origen de este fenómeno, resulta más pertinente pensarlo como un proceso histórico impulsado por la legislación laboral, la propaganda corporativa y distintas políticas gubernamentales sostenidas en el tiempo.

En ese contexto, la huelga del Sindicato de Guionistas de Estados Unidos en 2023 fue un acontecimiento de enorme impacto. Se extendió durante 148 días, desde mayo hasta septiembre, y paralizó buena parte de Hollywood. El reclamo incluyó mejoras salariales, pagos residuales más justos frente a la exhibición de series y películas en plataformas de streaming y, especialmente, la protección del oficio ante el avance de la inteligencia artificial.

El conflicto se resolvió con un acuerdo considerado histórico: aumentos salariales, la fijación de un mínimo de personal en las salas de guionistas y regulaciones explícitas sobre el uso de IA. Entre otros puntos, se estableció que las ideas originales deben provenir de humanos y que los guionistas pueden reescribir textos generados por inteligencia artificial.

A poco de iniciada la huelga, el Sindicato de Actores se sumó en solidaridad con los guionistas. Hoy, es justamente este gremio el que vuelve a encender las alarmas frente a un nuevo frente de conflicto tecnológico.

¿El motivo? Tilly Norwood, una actriz generada por inteligencia artificial que reavivó el temor a que el trabajo humano sea reemplazado por contenido sintético. Su creadora, la actriz y comediante holandesa Eline Vaner Welden, prefiere definirla como una obra de arte, una estrategia discursiva que busca mitigar las críticas.

El debut de Norwood se produjo en un sketch titulado AI Commissioner, de la productora Particle6. Desde entonces, se convirtió en una influencer con fuerte presencia digital: acumula 96.000 seguidores en Instagram y ocupa el centro del debate en Hollywood. Más allá de su apariencia física, las críticas se concentran en lo que muchos consideran una competencia desleal: una “actriz” entrenada con las performances de miles de intérpretes reales. También se señala la ausencia de una historia de vida, condición clave para representar emociones y experiencias humanas de manera genuina.

Desde el sindicato aseguran que ni los responsables de casting ni las audiencias pueden interesarse realmente en contenidos generados por computadoras, desconectados de la experiencia humana. Sin embargo, voceros de Particle6 afirman que varios managers y representantes de actores ya se muestran interesados en las posibilidades que abre esta nueva vertiente de la IA.

Como ocurre en muchos sectores de la economía, la irrupción de la inteligencia artificial plantea una tensión difícil de resolver: cómo equilibrar criterios éticos vinculados al trabajo humano frente a las ventajas económicas y empresariales que ofrece la tecnología. En el caso de Tilly Norwood, las ventajas son evidentes: puede trabajar de manera ininterrumpida, no se enferma, no envejece, no sufre adicciones y no toma vacaciones.

La gran incógnita es si en el futuro podrá despertar la admiración, y los suspiros, que generan estrellas como Scarlett Johansson o Margot Robbie.

Más allá del ámbito del espectáculo, la inteligencia artificial continúa expandiendo su presencia. Meta, la empresa dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp, anunció recientemente un nuevo feed llamado Vibe, disponible en la app y en la web de meta.ai. Se trata de una herramienta que genera videos cortos con IA, en un formato claramente inspirado en TikTok. Los usuarios pueden crear o remezclar contenidos sintéticos y compartirlos en Instagram y Facebook. Uno de los aspectos más destacados es la posibilidad de generar videos de entre 5 y 10 segundos a partir de una imagen fija.

Mientras se navega por el feed, el algoritmo ajusta los contenidos según los gustos del usuario. El remix se vuelve central: si un video nos resulta atractivo, puede usarse como base para crear uno nuevo con un solo clic y compartirlo con amigos y seguidores.

Desde los inicios de la revolución digital, la reutilización creativa y transformadora de obras preexistentes dio lugar a una forma de “escritura popular”. Algunos autores hablan de democratización cultural, ya que cualquier persona con acceso a herramientas digitales puede reinterpretar y combinar contenidos, dando lugar a una cultura participativa que desafía las nociones tradicionales de autoría y propiedad intelectual. Los memes, los mashups y el fanfiction son ejemplos claros de este fenómeno.

Sin embargo, cuando esta lógica se industrializa y el remix deja de ser una práctica cultural para convertirse en un modelo de negocio que amenaza oficios y derechos laborales, el escenario cambia. Allí, más que ante una promesa creativa, estamos frente a un Frankenstein contemporáneo: una criatura hecha de retazos humanos que, una vez liberada, podría arrasar con todo a su paso.


Por Francisco Monzón (@flmonzon) para @eldiariosur. Leelo acá.

31/8/25

LO QUE SOMOS LOS ARGENTINOS


A lo largo de nuestra corta historia como país han sido muchos los artistas o intelectuales que intentaron definir qué somos como sociedad y como individualidad. En canciones, obras de teatro o ensayos se buscó retratar al “ser argentino”. Todos los intentos despertaron polémica. La grieta siempre estuvo presente.

Ya en tiempos de Alberdi, un prócer nacional muy de moda en estos días, el tema era de mucho interés. En el prólogo de Fragmento preliminar al estudio del derecho, resalta una cita en latín: Nosce te ipsum (conócete a ti mismo). Sin dudas, Alberdi hablaba en nombre de toda la Generación del 37.

Un siglo después, Ezequiel Martínez Estrada publicó Radiografía de la Pampa, un libro que pretendía ser definitivo al describir el "ser nacional". Alejado de los sueños de grandeza que en la década del 30 se hacían fuertes en el país, el autor nos habla de una nación fundada sobre el error, donde la llanura de la pampa puede interpretarse como un laberinto sin salida, un territorio donde conviven, en equilibrio trágico, la civilización y la barbarie.

En esta línea pesimista de Martínez Estrada, centrada en el individualismo, la falta de cohesión social y la ausencia de un proyecto común, podemos inscribir a la última película de Mariano Cohn y Gastón Duprat: Homo Argentum. Volvemos al latín, que en este caso podríamos traducir como Hombre "Argentino" o "de Plata".

Es tan grande el éxito de la película, amigo lector, que me imagino lo innecesaria que resulta la información que le comparto: batió los récords de espectadores, sorprendió con un actor interpretando 16 personajes y con un formato de 16 capítulos breves, sin relación aparente entre sí.

Pero sí me parece necesario enmarcar la película del versátil Guillermo Francella en el universo creativo de la dupla Cohn y Duprat. Su presentación en sociedad fue con Televisión Abierta (1998), un programa que se anticipó a YouTube: una cámara, y una pantalla para la difusión, para que cualquiera mostrara sus talentos o simplemente contara algo.

De ese experimento (¿democratizador?) saltaron al cine con El hombre de al lado, con un protagónico consagratorio para Daniel Aráoz y un tono narrativo que oscilaba entre el suspenso y el humor negro. Siguieron El ciudadano ilustre y Competencia oficial, además de la serie Bellas Artes, todas protagonizadas por Oscar Martínez, donde van al choque de lo políticamente correcto en general y del snobismo cultural en particular.

También merece mención la serie Nada, que los reunió con Robert De Niro, y El encargado, donde trabajaron con Francella, consolidando una nueva sociedad artística.

Medios de comunicación, arquitectura, redes sociales, sindicatos, literatura, la política, el arte moderno y la propia industria del cine aparecen dentro del abanico temático que recorren a lo largo de su obra. Y aunque muchas producciones se rodaron en el exterior, siempre lo argentino está presente. Pero no necesariamente en su costado más luminoso: sus personajes suelen ser oscuros, calculadores, cínicos, cascarrabias, poco progresistas (lo digo así, en términos amables).

En ese sentido, Homo Argentum parece una continuidad coherente dentro de un universo creativo de dos artistas que parecen cómodos en el rol de enfants terribles.

Queda, como dato llamativo, la distancia entre la crítica y el público. La primera, en general, fue muy dura al evaluar la película; mientras tanto, familias enteras o grupos de amigos peregrinaban en masa a las salas de cine de todo el país, retomando una práctica de consumo mediático impropia en la era de las plataformas de streaming.

En lo personal, creo que al abuso del estereotipo del "argentino medio" (el que se hace el "boludo", el canchero, el ventajero, el snob) le falta el balance del arquetipo que también nos define y con el que nos reconocen en el mundo: los que fundan unicornios, los que brillan en disciplinas deportivas o como referentes religiosos, los que ganan premios Nobel o se convierten en abanderados de los desposeídos, los que dejan huella en la ciencia y en las artes… como Cohn y Duprat.

Barbarie y civilización. Ni más ni menos.


Por Francisco Monzón (@flmonzon) para @eldiariosur. Leelo acá.

1/3/23

LA RADIO EN EL CINE



Estas son algunas películas donde la radio es protagonista:

- Ace in the Hole (Cadenas de roca) / EEUU / 1951 / Billy Wilder

Charles Tatum es un periodista sin escrúpulos que atraviesa una mala racha a causa de su adicción al alcohol, razón por la que se ha visto obligado a trabajar en un pequeño diario de Nuevo México. Cuando un minero indio se queda atrapado en un túnel, Tatum ve la oportunidad de volver a triunfar en el mundo del periodismo. Entonces, en connivencia con el sheriff del pueblo, no sólo convierte el caso en un espectáculo, sino que, además, retrasa cuanto puede el rescate.

- Solos en la madrugada / España / 1978 / José Luis Garci

Un locutor de radio, interpretado por José Sacristán, hace un programa nocturno, que se llama "Solos en la madrugada", en el que se dedica a criticar el régimen Franquista y describir lo vivido en los años de transición. Su vida pasa por un momento de replanteo que retrata todas las noches en su programa mediante crónicas derrotistas que no son más que un vivo reflejo de su crisis existencial.

- La fiesta de todos / Argentina / 1979 / Sergio Renán

Documental sobre la victoria de Argentina en el Mundial de Fútbol de 1978, que se celebró en ese país y en el que participan importantes personalidades del mundo del fútbol y de la cultura. Las imágenes de la competencia deportiva se mezclan con de humor y viñetas de una gran movilización popular haciendo explícita una línea ideológica muy concreta, donde el discurso patriótico no admitía disensos, que podríamos denominar consenso hegemónico basado en el nacionalismo futbolero. Con la voz de José María Muñoz y Roberto Ayala en la recreaciones de las transmisiones radiales de varios partidos del mundial.

- Días de radio (Radio Days) / EEUU / 1987 / Woody Allen

Son los años 40, la era dorada de la radio, y los peculiares miembros de una familia trabajadora de Nueva York viven con el receptor permanentemente encendido. La música, los seriales lacrimógenos, las historias de superhéroes, los concursos, las crónicas de la alta sociedad y las leyendas sobre estrellas deportivas les sirven para ser un poco menos infelices en una época, poco antes de la llegada de la televisión, en la que casi todos conocían la realidad a través de las ondas de la radio.

- Buenos Días, Vietmam (Good Morning Vietnam) / EEUU / 1987 / Barry Levinson

La trama se desarrolla en plena guerra entre EE.UU. y Vietnam, pero focaliza en un locutor de radio que llega a Saigón a levantar el ánimo de las tropas. Robin Williams es quien interpreta a Adrian Cronauer, un integrante de la Fuerza Aérea estadounidense y el protagonista real de la historia. El conductor logra de inmediato su objetivo, aunque su discurso políticamente incorrecto, su intención de leer al aire información no controlada y sus relaciones con los nativos complican su estadía. Otro soundtrack recomendable: The Beach Boys, James Brown y Louis Astromg.

- La radio ataca (Talk Radio) / EEUU / 1988)/ Oliver Stone

Barry Champlain (Eric Bogosian) es un locutor de radio mordaz, cuyas reflexiones generan una relación de amor/odio con sus oyentes, con quienes durante sus charlas telefónicas no duda en insultarlos, mofarse y cortarles abruptamente la comunicación. El guión, realizado en conjunto entre el protagonista y el director, aborda temáticas ríspidas como la legalización de las drogas, el racismo, los dobles discursos y, entre otras, las religiones. En ese escenario, se enfrenta a sus seguidores que les contestan desde insultos hasta amenazas de muerte.

- Suban el volumen (Pump up the volumen) / EEUU / 1990/ Allan Moyle

En este film se aborda el ejercicio radiofónico desde su lado más alternativo. La historia trata sobre Mark Hunter (Christian Slater), un estudiante de secundaria que arma una emisora clandestina en su habitación. Desde su refugio, en el que se hace llamar Hard Harry, estimula a que sus compañeros de escuela y sus pares generacionales se revelen ante los mandatos impuestos. Lo que comienza como una propuesta de catarsis personal se convierte en un programa popular que incide en las conductas de los adolescentes; consecuentemente las autoridades toman nota respecto de la radio pirata. "Everybody Knows" de Leonard Cohen es la canción que identifica al programa y además suenan The Jesus and Mary Chain, Primal Scream, Soundgarden, Ice-T y The Pixies, entre otros.

- Ráfagas (Rafales) / Canadá / 1990 / André Mélançon

En la víspera de Navidad un columnista (Denis Bouchard) de radio es testigo de un robo en un centro comercial. Movido por su ambicioso, rastrea a uno de los ladrones (Marcel Leboeuf) para ser tomado como rehén en la estación de radio para la que trabajase para ascender en su trabajo. Con música del argentino Osvaldo Montes.

- Pesacador de ilusiones (The Fisher King) / EEUU / 1991 / Terry Gilliam

El conductor de radio Jack Lucas (Jeff Bridges) tiene un exitoso programa nocturno en el que aconseja a multitud de personas desde las ondas de su emisora. Vive instalado en el lujo y la fama, pero de la noche a la mañana, tras una terrible experiencia con un oyente (Robin Williams), se abandona hasta convertirse en un vagabundo.

- ¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar? / Argentina / 1992 / Juan José Jusid

Una mujer y un hombre que padecieron desengaños amorosos se conocen a través de un programa de radio que se dedica a conectar en parejas a sus solitarios oyentes que se caracterizan por ses protagonistas de historias unidas por traiciones, abandonos y reconciliaciones. Protagonizada por Susú Pecoraro y Oscar Martínez.

- Sintonia de amor (Sleepless in Seattle) / EEUU / 1993 / Nora Ephron

Tras la muerte de su esposa, el arquitecto Sam Baldwin (Tom Hanks) se encuentra muy abatido. Su hijo Jonah, convencido de que su padre necesita una mujer que le devuelva la alegría de vivir, el dia de Navidad llama a un programa de radio para contar su historia. Miles de mujeres lo escuchan: una de ellas, Annie Reed (Meg Ryan), que está a punto de contraer matrimonio empieza a obsesionarse con la idea de conocer a Sam antes de casarse con su novio.

- Partes Privadas (Private Parts) / EEUU / 1997 / Betty Thomas

Una película biográfica sobre la vida del locutor de radio Howard Stern, protagonizada por él mismo. De hecho, el film comienza con el famoso conductor en un asiento de avión en el que se dispone a relatar su historia desde su niñez. En la trama se muestran sus comienzos en la universidad, su etapa más complicada en la que búsqueda de su personaje en los medios y el ascenso hasta convertirse en el animador más escuchado de los EE.UU. Ideal para los amantes de la radiofonía y también de Stern, que aún hace su programa en una estación satelital llamada Sirius.

- Noches mágicas de radio (A Prairie Home Companion) / EEUU / 2006 / Robert Altman

Desde 1974, en una radio americana se emite el programa "A prairie home companion", un show de variedades para toda la familia que incluye música en directo, anuncios ficticios y una serie protagonizada por el detective Guy Noir. Un día, de repente, el presentador y sus invitados se enteran de que están haciendo el último programa ya que una gran empresa compró la emisora con la intensión de poner al aire una nueva programación.

- Los piratas del rock (The boat that Rocked) / EEUU / 2009 / Richard Curtis

Es una comedia británica basada en la historia de una radio pirata de los años 1960 que emitía música rock, pop y de protesta desde sus estudios en un barco petrolero abandonado y anclado en las aguas del norte de Inglaterra las 24 horas del día, cuando las radios locales y nacionales de Inglaterra sólo tenían permiso para emitir 45 minutos de música rock al día.

- El discurso del Rey (The King's Speech) / Reino Unido / 2010 / Tom Hooper

El duque de York se convirtió en rey de Inglaterra con el nombre de Jorge VI (1936-1952), tras la abdicación de su hermano mayor, Eduardo VIII. Su tartamudez, que constituía un gran inconveniente para el ejercicio de sus funciones, lo llevó a buscar la ayuda de Lionel Logue, un experto logopeda que intentó, empleando una serie de técnicas poco ortodoxas, eliminar este defecto en el habla del monarca, un detalle no menor en los tiempos en que la radio era el medio de comunicación de masas más importante, especialmente en la Europa de los años 1930, con Hitler enseñoreándose de Europa y Goebbels y Stalin haciendo de la propaganda política una arma poderosísima.

- Días de vinilo / Argentina / 2012 / Gabriel Nesci

En esta la radio no es protagonista, tiene un rol secundario, pero la peli es argentina y esta buenarda... Versión porteña de "Alta Fidelidad", cuenta la historia de cuatro amigos de treinta y pico a los que une la pasión por la música, la amistad y las mujeres. - La casa de la radio (La maison de la radio) / Francia / 2013 / Nicolas PhilibertNos sumergimos en el corazón de Radio France, en busca de lo que habitualmente escapa a las miradas: los misterios y lo que se cuece entre bastidores de un medio de comunicación cuya materia propia, el sonido, es invisible. La diversidad de las emisoras ofrece un increíble abanico de programas, estilos, tonos, voces, acentos y rostros que son retratados en este film.

25/9/15

SOMOS COLECTIVO CARPATHIA



¿POR QUÉ NOS DEFINIMOS COMO UN COLECTIVO?


Entendemos el Colectivo como un conjunto de personas que, más allá de las potencialidades personales e individuales, trabaja de manera cooperativa y solidaria con otras en objetivos comunes. 

Somos un Colectivo de Comunicadores y Comunicadoras que, desde distintas aristas y a través de distintas especialidades profesionales, nos constituimos en COLECTIVO para potenciar la comunicación comunitaria y educativa. 

ACERCA DEL NOMBRE CARPATHIA



Carpathia es el nombre del buque que fue al rescate de los sobrevivientes del Titanic en abril de 1912. 

Quienes somos hoy parte del Colectivo Carpathia hemos sido miembros y protagonistas del Centro de Comunicación La Crujía, de más de 30 años de trayectoria en nuestro país. Ante la noticia del cierre del Centro de Comunicación, decidimos continuar juntos y rescatar uno de los proyectos más importantes en marcha. 

En lugar de dispersarnos como profesionales y colaboradores, el Concurso y Festival de Cortos Jóvenes y Mundo del Trabajo nos permitió continuar como Colectivo. Pero a la vez, es nuestra intención rescatar lo olvidado, oculto, abandonado, aquello que está y espera ser puesto en primer plano. 

La cultura popular que indaga el significado de los nombres relaciona el nombre Carpathia con la habilidad de tomar decisiones, organizar y cumplir objetivos. Tenemos, también por eso, vocación de Carpathia. 

OBJETIVOS DEL COLECTIVO CARPATHIA



  • Acompañar, fortalecer y robustecer a las organizaciones comunitarias y educativas en las áreas de Comunicación, Gestión, Educación, Producción audiovisual, radial y artística. 
  • Gestionar proyectos de visibilización y difusión de buenas prácticas vinculadas a jóvenes, mundo del trabajo, participación ciudadana e incidencia en políticas públicas, perspectiva de género y trabajo solidario. 
  • Posicionar en la agenda pública y mediática temáticas comunitarias y juveniles, desde una vocación de potenciar la cultura del trabajo en todas sus expresiones. 
  • Sistematizar experiencias y producir materiales comunicacionales que potencien la cultura del trabajo y propicien una narrativa estética y un uso lingüístico superador del reduccionismo cotidiano. 
  • Propiciar actividades que ayuden a dar voz a los protagonistas de experiencias comunitarias y expresivas: radios abiertas, publicaciones, foros de intercambio, encuentros, muestras de arte, registros audiovisuales. 
  • Establecer redes complementarias de trabajo con distintas organizaciones y potenciar la institucionalización de proyectos y la incidencia. 
  • Mantener un criterio federal y respetuoso de las distintas culturas locales en los proyectos y las narrativas que se construyan. 


El Colectivo Carpathia tiene como actividad principal la organización del Concurso y Festival de Cortos Buenas Prácticas Jóvenes y Mundo del Trabajo y actividades de formación (presencial y virtual); el acompañamiento en la producción, sistematización y distribución de materiales; organización de eventos complementarios y reproducción de proyecciones de cortos en medios de comunicación y circuitos diversos.

24/8/15

LANZAN EL TERCER CONCURSO DE CORTOS: "BUENAS PRÁCTICAS, JÓVENES Y MUNDO DEL TRABAJO"


Hasta el 31 de diciembre  de 2015 se reciben cortos audiovisuales y radiales, de todos los géneros, que rescaten y registren buenas prácticas ligadas a los jóvenes y el mundo del trabajo. En tanto, la premiación y exhibición de los cortos seleccionados, se realizará en el marco del 3er Festival con el mismo nombre a realizarse en abril de 2016 en la Biblioteca del Congreso de la Nación en la Ciudad de Buenos Aires.
Es el tercer año consecutivo en que se convoca a productores de audiovisual y radio a reflexionar, mirar, describir y, en general visibilizar aquellos casos en que los jóvenes se enfrentan al aprendizaje, la búsqueda o la práctica del trabajo de manera creativa, original, esforzada, con alegría o, cualquier calificación que dichos productores interpreten fundadamente como una buena práctica.
Este año además, se agrega una nueva categoría: un concurso de afiches con la misma temática.
En todos los casos la convocatoria es abierta y no se limita a los y las profesionales del rubro. Los organizadores, el Colectivo Carpathia (integrantes del equipo del ex Centro de Comunicación La Crujía) y con el apoyo de la Fundación Aldea de las Luces, aclaran además, que no se trata de un festival destinado sólo a jóvenes realizadores, sino a realizadores de cualquier edad que se interesen por la compleja trama que liga a los jóvenes con el mundo del trabajo con el objetivo de poner esta temática en la agenda de la sociedad argentina en su conjunto.
Las bases completas para todas las categorías (cortos audiovisuales, cortos radiales y afiche) se encuentran en el blog del concurso cortosjovenesytrabajo.blogspot.com.ar.
Asimismo en jovenesytrabajo.com.ar/concursocortos está disponible el banco de experiencias que rescata los trabajos presentados en las ediciones anteriores bajo cuatro categorías temáticas: emprendedores, oficios, sindicalismo y cooperativas.
Contactos de prensa aquí.

6/2/15

CONVOCATORIA PARA LA PRODUCCIÓN DE TRES TELEFILMS DOCUMENTALES

Una postal del 17 de octubre de 1945.

Hasta el 4 de marzo está vigente la convocatoria que realizan el Ministerio de Cultura en conjunto con el Ministerio de Educación y Canal Encuentro, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), y Radio y Televisión Argentina (RTA) para el concurso de realización de dos telefilms documentales en conmemoración del 70º aniversario del 17 de octubre de 1945, y 60º aniversario de los trágicos hechos ocurridos durante 1955; y un tercer telefilm documental en homenaje a la vida y la obra del poeta, dramaturgo y novelista Leopoldo Marechal. La convocatoria está destinada a profesionales de la industria audiovisual y cinematográfica de todo el país. Los proyectos seleccionados podrán verse por la pantalla de la TV Pública, INCAA TV y Canal Encuentro.

Cada producción temática tendrá aproximadamente 70 minutos de duración y podrá contar con reconstrucciones ficcionales.

El concurso tiene como marco la firma de un convenio celebrado entre la Ministra de Cultura de la Nación, Teresa Parodi, el Ministro de Educación de la Nación, Prof. Alberto Sileoni, la Presidenta del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, Lucrecia Cardoso, y el Presidente de Radio y Televisión Argentina, Tristán Bauer. Con esta iniciativa se apunta a estimular y favorecer la expresión cultural, y fomentar la producción y la teledifusión de contenidos audiovisuales educativos y federales en todo el país.

La presentación de proyectos se debe realizar en la mesa de entradas del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales ubicado en Lima 319 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, desde el 23 de enero al 4 de marzo de 2015 de 10 a 17 horas.

Las bases del concurso están disponibles en www.incaa.gov.ar