6/9/08

CLASE DIECISÉIS: LA PRODUCCIÓN SOCIAL DEL SENTIDO

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Instituto Di Tella, Florida 936 (foto Humberto Rivas).

En Argentina durante la década del 60 se reúnen, en el seno del Centro de Investigaciones Sociales del Instituto Torcuato Di Tella, un grupo de investigadores interesados en las posibilidades que la semiótica les ofrecía para desarrollar su trabajo, haciendo dos aportes novedosos al plantear el trabajo interdisciplinario por un lado, y al abrir un nuevo campo de estudio, la ideología de los medios, por el otro.

Gran parte del trabajo desarrollado por el semiólogo argentino Eliseo Verón se centra en los discursos sociales. El autor los define como textos: conjuntos presentes en la sociedad que se componen de diversas materias significantes (escritura e imagen; imagen y palabra; escritura, imagen y sonido).

La comunicación no se resuelve mediante enunciados aislados.  Llamamos texto a la combinación de enunciados que se realiza dentro de los distintos soportes o géneros discursivos: nos encontramos con textos argumentativos, narrativos, expositivos, noticiosos, etc. Dos elementos importantes para tener en cuenta: que el texto marque sus límites a partir de la emisión inicial y de la emisión final y que los receptores puedan darle a ese texto un sentido completo.

“En relación con un conjunto textual dado, y para un nivel determinado de pertinencia, siempre existen dos lecturas posibles: la del proceso de producción (de generación) del discurso y la del consumo, de recepción de ese mismo discurso. Tomando prestado una formula de la lingüística, podemos decir que el funcionamiento de todo discurso depende no de una, sino de dos tipos de “gramáticas”: de producción y de reconocimiento. Estos dos tipos de gramáticas jamás son idénticos.

(…) El concepto de circulación designa precisamente el proceso a través del cual el sistema de relaciones entre condiciones de producción y condiciones de recepción es, a su vez, producido socialmente”.[1]

Esta cita nos remite a la importancia que desde la semiología se le otorga a la instancia de circulación, entendida como el espacio donde los valores sociales inciden tanto en las condiciones de producción y reconocimiento, pero, independientemente de estas, también tiene peso propio a la hora de condicionar el valor relativo de un discurso dado.

El concepto de discurso aparece en escena durante la década del 70 y es un de los elementos que usará Verón para formular su teoría de los discursos sociales: en ella se abarca una serie de hipótesis respecto al funcionamiento de la semiosis social.

Por discurso entenderemos a la serie de elementos que influyen en la construcción de determinados textos y/o enunciados en variados ámbitos sociales. Las condiciones de producción marcan el límite de los discursos que una vez elaborados inician la etapa de circulación.

Podemos hablar del discurso publicitario o del discurso científico, pero en sí no nos referimos a un texto en particular, sino a las condiciones de producción que a su vez regulan la recepción de los textos propios de una esfera social en particular.

En primer lugar debemos mencionar que toda producción de sentido es necesariamente social, ya que no se puede explicar un proceso significante sin atender sus condiciones sociales de producción. Por último debemos tener presentes que todo fenómeno social es un proceso de producción de sentido, independientemente del nivel de análisis: micro o macrosocial (representado por los mass media).

En resumen, nos enfrentamos a una doble hipótesis que afecta el funcionamiento del discurso: todo funcionamiento social implica una dimensión significante y todo proceso de producción de sentido está inserto en lo social.





A la hora de analizar el sentido de los discursos siempre nos enfrentaremos a las huellas que el sistema productivo (producción / circulación / recepción) ha dejado en ellos.


El sentido se construye en todos los momentos de la situación de comunicación: en la producción, en la circulación y en la recepción del mensaje. Verón plantea el concepto de semiosis social, es decir una red que articula y sostiene todos los discursos sociales. Esto sucede porque todo discurso posee en sí rastros de otros discursos, y a su vez al ser leído y escuchado, generan nuevos discursos. El medio a través del cual circulan los mensajes aporta sentido a la construcción original, ya que no es lo mismo que un discurso circule a través de un libro, de la televisión o en una conversación entre amigos.


Las características técnicas de los mass media son importantes, ya que permiten o dificultan distintos tipos de usos. Además del condicionante técnico los medios, sin llegar a la omnipotencia asignada por el funcionalismo y la teoría crítica, funcionan como referentes que marcan los límites dentro de los que circularán los discursos sociales, tratando de reforzar el axioma que reza que lo que no pasa por los mass media no existe.


Como sucede con la comunicación cara a cara, la comunicación masiva no se trata nunca de un mero intercambio de información, sino de un proceso vinculado a la generación de sentido. Refiere, por lo tanto, a los procesos de interpretación y simbolización sociales, es decir a los procesos sociales de semiosis.
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“Los medios de comunicación de masas actúan como sistema de transmisión de mensajes y símbolos para el ciudadano medio. Su función es la de divertir, entretener e informar, así como inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de comportamiento que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad. En un mundo en el que la riqueza está concentrada y en el que existen grandes conflictos de clase, el cumplimiento de tal papel requiere una propaganda sistemática.
En los países donde los resortes del poder están en manos de la burocracia estatal –mediante el control monopolístico sobre los medios de comunicación, a menudo complementado por la censura oficial- resulta obvio que dichos medios están al servicio de los fines de una determinada elite. Resulta mucho más difícil advertir la actuación de un sistema propagandístico cuando los medios de comunicación son privados y no existe censura formal; en particular cuando tales medios compiten activamente, atacan y exponen con cierta periodicidad los errores del gobierno y de las corporaciones, y se autocalifican enérgicamente de portavoces de la libertad de expresión y de los intereses generales de la comunidad. Lo que ya no es tan evidente (y sigue sin discutirse en los medios de comunicación), es la naturaleza limitada de tales críticas, así como la inmensa desigualdad de los recursos de que disponen y el efecto que tal desigualdad produce tanto en el acceso a una organización de medios de comunicación privada como en su funcionamiento.
Un modelo de propaganda pone el énfasis en esta desigualdad de riqueza y poder, así como en los efectos que ésta produce a diferentes niveles en los intereses y elecciones de los medios de comunicación de masas. Se ocupa también de trazar vericuetos a través de los cuales el dinero y el poder tamizarán las noticias hasta dejarlas listas para su publicación, marginarán las discrepancias y permitirán que el gobierno y los intereses privados dominantes difundan un mensaje adecuado para el público. Los ingredientes esenciales de ese modelo propagandístico o conjunto de nuevos ¨filtros¨ se engloban en los siguientes epígrafes:
• La envergadura, la concentración de propiedad, la riqueza del propietario, y la orientación de los beneficios de las empresas dominantes en el ámbito de los medios de comunicación;
• La publicidad como fuente principal de ingresos de dichos medios;
• La dependencia de los medios de la información proporcionada por el gobierno, las empresas y los ¨expertos¨, información, por lo demás, financiada y aprobada por esos proveedores principales y por otros agentes del poder;
• Las ¨contramedidas¨ y correctivos diversos como método de disciplinamiento a los medios de comunicación;
• El anticomunismo como religión nacional y mecanismo de control.
Estos elementos interactúan y se refuerzan entes sí. La materia prima de las noticias debe pasar a través de sucesivos tamices, tras lo cual sólo queda el residuo ¨expurgado¨ y listo para publicar. Asimismo estos elementos determinan las premisas del discurso y su interpretación, la definición de lo que es periodístico y digno de publicarse, y exponen las bases y el funcionamiento de todo cuanto concierne a una campaña propagandística.”[2]

Semantizacion y articulación


Denominamos proceso de semantización a las operaciones que tienen que realizar los mass media para transformar los hechos y acontecimientos en material apto para su puesta en circulación:

  • La selección: es discriminar de todo el material disponible lo que se procesara para ser comunicado al público. 
  • La combinación: es determinar el orden general del texto y, en lo particular, el montaje o la edición de cada texto en particular.
    Al realizar estas dos operaciones se margina gran parte del material disponible y se jerarquizan los temas a partir de su distribución y orden de aparición.


    El proceso de articulación tiene que ver con la clasificación de los contenidos que cada medio realiza a la hora de organizar el material disponible: en los diarios y revistas encontramos las secciones y suplementos, mientras que en el soporte audiovisual se articula el contenido por programas u horarios.


    Estos y otros elementos de la semiótica nos lleva a considerar la mediatización que realizan los mass media como construcciones ideológicas generalmente basadas en los intereses de las clases dirigentes, siendo sus voceros o representantes, por lo general, las principales fuentes de información con las que se forman la masa crítica de material plausible de ser publicado.


    El investigador y semiólogo holandés Teun van Dijk (1943) comenta, en este mismo sentido, una investigación realizada durante la década de los 80 por la Glasgow University Media Group donde detecta que los responsables de elaborar las noticias para la televisión usan “estrategias de reproducción de los intereses dominante”:


    “A través de un análisis profundo de los programas informativos, son capaces de demostrar que las interpretaciones dominantes de estas huelgas consiguen un sutil trato de favor en las noticias, por ejemplo a través de los planos cercanos y la perspectiva de las entrevistas, u otras estrategias. Esto significa que el punto de vista de los trabajadores no aparece tanto en la pantalla o se encuentra enmarcado en circunstancias menos creíbles. Así, las huelgas se representan, la mayoría de las veces, como problemas para el público (los espectadores de las noticias televisivas): causan retrasos e inconvenientes, mientras que al mismo tiempo contribuyen a aumentar los problemas socio-económicos del país. En una visión de este tipo de las huelgas las exigencias salariales pueden únicamente interpretarse como una conducta irracional.


    (…) De esta manera, un análisis del estilo del léxico demuestra que sistemáticamente se presenta a los trabajadores efectuando demandas y a los diferentes industriales presentando ofertas. De esta y de otras maneras, incluso el lenguaje de las noticias expresa asociaciones sutilmente positivas y negativas con respecto a los protagonistas que se hallan involucrados en las noticias.”[3]


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    Referencias:
    [1] La semiosis social. Verón, Eliseo. Editoral Gedisa. Buenos Aires. 1987. Citado en Seis semiólogos en busca de un lector. Zecchetto, Victorino (coordinador). Ediciones CICCUS. Buenos Aires. 1999.
    [2] Los guardianes de la libertad. Chomsky, Noam y Herman, Edgard. Editorial Crítica. Barcelona. 1990.
    [3] La noticia como discurso. Van Dijk, Teun. Paidós Comunicación. Barcelona. 1990. Citado en La comunicación social. Sarro, Mabel y Dellamea, Amalia. Editorial Docencia. Buenos Aires. 1993. 


    5/9/08

    CLASE DIECISIETE: AMERICA LATINA Y LAS TEORIAS DE LA COMUNICACIÓN

    Dependencia y desarrollo en América Latina de Fernando H. Cardoso y Enzo Faletto.

    En el contexto de la guerra fría, tras el final de la segunda guerra mundial donde los EE.UU. y la Unión Soviética negocian los bloques territoriales de influencia, llegan a América Latina las políticas desarrollistas: financiadas por Washington buscaban promover estrategias modernizadoras para sacar a las sociedades atrasadas de difícil situación económica-social y poder incorporarlas al modelo occidental, basado en la democracia liberal y el capitalismo.

    Los índices demográficos del sub-continente mostraban a más de la mitad de la población como analfabeta, viviendo en condiciones de pobreza e indigencia, generalmente en zonas rurales, con tradiciones culturales enraizadas con su origen: los pueblos originarios y el mestizaje que se dio a partir de la colonización española y portuguesa.

    Desde la óptica del desarrollismo la pobreza se podía explicar a partir del atraso cultural. La fórmula que proponían para revertir esta situación era combinar el progreso económico con la modernización de las estructuras sociales a partir de la implantación de la cultura y las políticas económicas de los países centrales. En este contexto se acuñan eufemismos como “países en vías de desarrollo” para designar a estas naciones.

    A partir de la consolidación de un gobierno comunista en el marco de la revolución cubana, y de la expectativa positiva que esto generaba en vario países de la región, los EE.UU. funda en 1961 la Alianza para el progreso, desde donde centraliza las distintas variantes de las políticas desarrollistas.


    Una de sus características principales es la cooperación de las Fuerzas Armadas de los países de la región, que desde ese momento pasan a tener como hipótesis de conflicto la amenaza comunista tanto externa (extracontinental) como interna (los movimientos sociales y políticos opuestos al capitalismo).


    En el plano económico se constata un fuerte flujo de inversión directa, de empresas norteamericanas, e indirecta, del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Banco Mundial.


    Estas inversiones se canalizaron en infraestructura y en la introducción de tecnologías para un incipiente parque industrial del que se esperaba exportaciones de manufacturas y servicios, con el fin último de integrar a los países de la región a la economía de mercado de escala mundial.

    Como contraparte a los gobiernos de la región se les impone un modelo económico con duras metas fiscales, apertura arancelaria y la recomendación de promover modelos culturales, asociados a modelos comunicacionales, que alentaran la modernización. La tarea de promoción estaba basada en la difusión que los mass media hicieran de las innovaciones y de los valores de la cultura occidental, buscando un cambio de mentalidad y la imposición de valores antagónicos: lo rural se mostraba como sinónimo del atraso y lo urbano asociado al progreso y la modernidad.

    En este marco, podemos notar la impronta funcionalista del proceso: los mass media tenían reservado un papel fundamental en la idea de la modernización cultural. Los mensajes mediáticos podían introyectar, en la población indígena y campesina, los patrones y el estilo de vida propios de los países desarrollados de occidente.

    La concepción difusionista suponía la neutralidad de los mass media, que solo se ocuparían de garantizar la mayor difusión posible de la información, la cultura y la educación de los EE.UU. para garantizar el desarrollo y la modernización de los pueblos latinoamericanos. Desde esta perspectiva las prácticas comunicativas, por si mismas, generaría desarrollo, independientemente de las condiciones políticas y socioeconómicas de cada país.

    Paralelamente al desarrollismo impulsado por EE.UU. se constata en los ciudadanos de la región un resurgimiento de la identidad latinoamericana: la democracia, la independencia económica y la identidad cultural se instalan como temas de debate y como proyecto regional.

    Es así como los aportes del funcionalismo entran en crisis a mediados de los 60 con el aporte de dos vertientes: por un lado los sectores que cuestionan la posibilidad de promover el desarrollo sin modificar las condiciones estructurales de la sociedad y por el otro los que hacen hincapié en las personas, físicas y jurídicas, propietarias de los mass media y el uso ideológico que hacen de los mismos.

    En este contexto nace la teoría de la dependencia, que con una impronta economocista busca explicar la pobreza del sub-continente.

    La premisa principal de esta teoría es cuestionar el desarrollo lineal que sostenían tanto el funcionalismo como el desarrollismo, que impulsaban a los países atrasados a copiar los modelos económicos y culturales de los países desarrollados para salir de la pobreza.

    En cambio, esta teoría afirma que el atraso y la pobreza de los países periféricos son la otra cara de la moneda del desarrollo y el bienestar de los países centrales. La pobreza, por ende, no es una situación momentánea, o de coyuntura, sino que es estructural y permanente. Es así como esta teoría se elabora sobre el análisis de los binomios desarrollo-subdesarrollo, economías autónomas-dependientes y centro-periferia .

    Se mencionan, de este modo, las nuevas formas de colonialismo y dependencia: el imperialismo económico, que viene acompañado por la penetración cultural e ideológica. De esta manera se estructura, alrededor de la tríada poder, comunicación e ideología, una lectura crítica de la realidad económico-social y cultural de Latinoamérica.
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    2/9/08

    ROCK EN ESPAÑOL

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    En distintos viajes por el continente pude comprobar personalmente el afecto y el fanatismo que los artistas argentinos despiertan en distintos países de Latinoamérica. Si bien es harto difundida la influencia ejercida por figuras como Charly García, Miguel Mateos, Los enanitos verdes y Soda Stereo en la consolidación de la escena rock en la región, no es tan reconocido el peso de los artistas argentinos en la península ibérica. Festejando los 30 años de la salida en España del disco Fiebre de vivir, Juan Puchades, director de la revista efe eme, publicó en el suplemento cultural del diario El País un nota donde rinde homenaje a Moris (Mauricio Birabent) recordando aquel hito cultural. Se suman al homenaje Andrés Calamaro y Joaquín Sabina, entre otros. La nota completa de la edición digital aquí.

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    Texto de la cara interna del LP (edición española):

    Estoy ahora en una discoteca de Madrid. Son las 11 de la noche. Suena una música maravillosa, sugestiva y negra, por los gigantescos altavoces. Y miro para atrás. Pero no tengo casi recuerdos. ¡Hoy estoy acá! "Llevas el rock en el alma", me dice Luís. Y yo sonrío... El camarero va y viene pacientemente. Cubatas, güisquis y tónicas. Hace casi 2 años que vivo en este mundo. Y hoy es casi como mío. Mañana se terminará el LP. Lo grabamos muy rápido. Tan rápido como pasan las cosas en la vida. Casi volando. Y volando, entre altavoces, guitarras, gritos y alegrías, hicimos este disco. Entre todos. Sudando y riendo. Y estando a veces callados. Santiago, con sus botones y perillas al comando de la máquina de grabar; Manolo, golpeando como una fiera, su batería, sin perder tiempo en florituras. Felipe, serio y reconcentrado en su bajo Fender Precission, sudando. Ariel, ansioso por tocar su nerviosa Gibson Les Paul, intuitivo y preciso. Julián y Alejo, alentándonos tras los vidrios de la cabina y en los coros. José, de Carpio de Tajo, en sus pianos, buscando el acorde perfecto y el ritmo. Luís Soria, con sus dedos sensitivos (creo que es un rocker, aunque lo disimula), atento a los ecos, inventando sonidos, hasta las 6 de la mañana. Vicente, analizando, preguntando, ganándole tiempo al tiempo, inquieto. Tendría que hablar de mí. Bailamos en la cabina de grabación y eso fue increíble. La música, la batería, el ritmo inconfundible del Rock & Roll, los tangos del empredado y el rítmico murmullo del trópico, siguen sonando en mis oídos.Creo que aún me acompañan en este disco. Y creo, que siempre ha sido lo mismo. Aún lo creo.
    Moris.


    Ficha Técnica (edición española):

    Bajo: Felipe (Ariel en "Tarde en el metro" y "Balada de Madrid")
    Batería: Manolo (Julián en "Rock del portal")
    Coros: Moris, B. B. Muñoz, Joe Borsani, Julián, Alejo, Ariel.
    Guitarras: Moris (española, 12 cuerdas, eléctrica y acústica)
    Canto: Moris
    Guitarra punteo: Ariel (excepto "Sábado a la noche", Moris)
    Pianos: José Torres
    Técnico grabación: Santiago
    Arreglos: Moris y Compañía
    Mezclas: Luís Soria, Moris y Vicente Romero
    Producción: Vicente Romero
    Label manager: Luis Soler
    Instrumentos: Gibson SG, Les Paul, Fender Precission, Piano Yamaha y Fender, Marshall y H & H, Pedales Moris (Vox, Octivider, Phase Musicson, etc.)
    Máquinas: Studer 16 pistas, Mesa Rupert Neve 24 micrófonos, Micros AKG Neumann, Senheisser, Eco MXR y Phase Shifter MXR, Dolby
    Grabado en estudios AUDIOFILM entre los días 30 de mayo y 2 de junio
    Agradecimientos: B. B. Muñoz y Joe Borsani. Horacio Micheletti. También gracias a los que me alentaron: Jesús Ordovás, Diego Manrique, Eduardo Haro Ibars, Buraya Fernández, Juan Manuel Costa, respectivamente de "DISCO EXPRESS", "TRIUNFO", "VIBRACIONES", "YA", "EL PAIS". Y finalmente un saludo a la distancia a Horacio La Regina.
    Moris.

    Lista de temas:

    Sábado noche
    Rock de Europa
    Balanceo del rock
    La ciudad no tiene fin
    Hoy como ayer
    Tarde en el metro
    Zapatos de gamuza azul
    Nocturno de princesa
    ¿Qué dije? (el clásico de Ray Charles "What´d I Say?" adaptado al español)
    Rock del portal
    Para ti una mentira
    Balada de Madrid


    Les dejo, por último, el audio y la letra del tema Nocturno de princesa

    Aquí estoy ahora esperando a nadie
    esperando nada
    una coca cola tan roja y helada
    y en el aire suenan miles de palabras
    pero destruiría todas las palabras
    te sumergiría y te ahogaría
    y en una mirada me comprenderías
    me comprenderías? o son solo tonterías?
    Y aquí estoy ahora en el Vips de Princesa
    y en aquella mesa hay varias duquesas
    una rubia inglesa come su hamburguesa
    y el la barra un tío toma su cerveza
    la música negra por los altavoces
    y los camareros que tu ya conoces
    Y escribo y describo lo que voy mirando
    los Beatles ya viejos mirando a la gente
    mil flores de plástico, un disco fantástico
    Drácula que mira a King Kong con ira
    y el Che Guevara gira que te gira
    Y por la ventana casi ningún niño
    solo una escultura de duraluminio
    árabes, franceses, tíos que parecen
    hippies o burgueses
    y un mundo borracho que va haciendo eses
    que va haciendo eses.

    1/9/08

    MASS MEDIA Y GLOBALIZACION

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    Ignacio Ramonet es uno de los principales referentes internacionales en el espacio de la comunicación y el periodismo. Estudió ingeniería en Burdeos, Rabat y París, y sociología en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Interesado por el cine, trabajó junto a Roland Barthes y Christian Metz, logrando el doctorado en Semiología e Historia de la Cultura. Escribió en Cahiers du Cinéma y fue crítico de cine en Libération. Es cofundador del movimiento Attac, de Media Watch Global y uno los principales promotores del Foro Social Mundial de Porto Alegre. En el área académica se desempeña como profesor de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot (París VII) y actualmente es el responsable editorial de Le Monde Diplomatique.
    Exponente del pensamiento crítico respecto al rol de los mass media como herramientas de control social y dominación, reivindica el rol social de los mismos y condena a los interes económicos dominantes, que a partir del desarrollo tecnológico, imponen la tiranía de los medios y desvirtúan el escenario de la cultura democrática.
    Denuncia que la sobreabundancia de información impide que los ciudadanos estén informados, y de este modo los mass media se transforman en vehículos de una alienación que se expresa a partir de la presión ideológica sobre el espacio/tiempo social que reduce la capacidad crítica de los ciudadanos.
    Ramonet es un rara avis en el mundo académico y su identificación con líderes políticos como Fidel Castro, de quien es biógrafo, y el sub-comandante Marcos, lo convierte en faro intelectual del espacio progresista.
    Militante anti-globalización y promotor del activismo de la sociedad civil, es una de las principales voces del espacio público que denuncia los estragos que el neoliberalismo causa en todos los órdenes sociales, especialmente en el campo de la comunicación social.


    Comparto con ustedes la conferencia inaugural que dictó en la V Cumbre Iberoamericana de Comunicadores realizada en Santo Domingo, República Dominicana, del 6 al 8 de abril de 2006, y que lleva por título: "La sociedad frente a los medios de comunicación de masas en la era de la globalización".

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    [+/-]
    "Quisiera reflexionar un momento con ustedes sobre un tema de profunda actualidad y que yo titularía de la manera siguiente: “Los medios de comunicación de masas en la era de la globalización”.
    En mi opinión, es un tema capital. No es un problema marginal ni periférico, con respecto al problema de la globalización liberal. Es capital porque la información, durante mucho tiempo, en el marco de las democracias, fue un recurso de los ciudadanos frente a los abusos del poder. Durante mucho tiempo, en los países democráticos, se estimaba que los poderes tradicionales –legislativo, ejecutivo y judicial– podían equivocarse y cometer atropellos contra los ciudadanos. No me refiero a los países autoritarios o dictatoriales, donde es obvio que el poder político es el principal responsable de todos los abusos contra los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades. No, me estoy refiriendo a los países democráticos en los cuales las leyes (votadas democráticamente), el gobierno (elegido democráticamente) y la justicia (independiente del poder político) pueden cometer graves abusos, cada uno a su manera: por ejemplo, condenar a un inocente –recordemos el caso Dreyfus en Francia–, votar leyes discriminatorias respecto a alguna minoría –como en Estados Unidos durante decenios contra los afroamericanos–, o tomar decisiones de orden social, por parte del Ejecutivo, que también pueden afectar negativamente a un sector de la sociedad, como lo estamos viendo en muchos países europeos respecto de los inmigrantes.
    Los medios de comunicación y los periodistas, en ese contexto, siempre consideraron como un deber denunciar esos atropellos, discriminaciones y abusos. Por eso, durante mucho tiempo, se habló del “cuarto poder”, y se consideraba que la prensa y los periodistas, en tanto que “cuarto poder” constituían, en realidad, un contra-poder.
    El “cuarto poder” era, en definitiva, gracias a los medios de información, el poder del que disponían los ciudadanos para criticar, rebatir, oponerse, en un marco democrático, a decisiones legales que podían ser inicuas, injustas, y hasta criminales contra algunos ciudadanos inocentes.
    Estimo que desde hace unos 15 años, a medida que se aceleraba la globalización liberal, ese “cuarto poder” iba perdiendo su función de contra-poder. Lo que hemos descubierto, al analizar la globalización, al estudiar de qué manera hoy se establecía un capitalismo de nuevo cuño, un capitalismo que ya no es meramente industrial, sino financiero, un capitalismo de la especulación, en la fase actual de la globalización en la que el poder lo poseen esencialmente unos grupos económicos planetarios, en esta fase en que, en definitiva, el debate principal reside en enfrentamientos frontales entre el mercado y la sociedad, entre lo privado y lo público, entre lo individual y lo colectivo, entre el egoísmo y la solidaridad, observamos que los medios de información dejaron de constituir un contra-poder.
    En el marco de esa filosofía de la globalización económica, las empresas globales tienen ahora un papel más importante, a veces, que el de muchos gobiernos o de muchos Estados. Esas empresas y los empresarios que las dirigen son los que cada año se reúnen en Davós, en el marco del Foro Económico Mundial precisamente, donde se juntan los nuevos amos del mundo. En ese marco, en ese contexto geoeconómico y geopolítico de lo que significa hoy la globalización, se produjo una importante transformación de los medios de comunicación de masas. En el corazón mismo de la estructura industrial y de la propiedad económica de los medios.
    Globalmente, hoy día, los medios de comunicación (emisoras de radio, prensa escrita, canales de televisión, Internet) pertenecen, cada vez más, a grandes grupos mediáticos que tienen también una vocación global, una vocación mundial. Como el grupo News Corp del Sr. Rupert Murdoch, o AmericaOnline, o Viacom, o Microsoft. Grupos que tienen nuevas posibilidades de expansión, gracias a la transformación de la técnica, en la medida en que la “revolución digital” rompió las fronteras que antes separaban escritura, sonido e imagen. Esta revolución ha permitido el surgimiento de Internet que aparece como un cuarto medio, una cuarta manera de expresarse.
    Con esta “revolución digital”, las empresas mediáticas agrupan ahora, no sólo a los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y televisión), sino también a todo lo que podríamos llamar el sector de la cultura de masas, de la comunicación y de la información. Estas tres esferas estaban antes aisladas: por una parte la cultura de masas, con su lógica comercial, sus creaciones populares, sus objetivos de mercado planetario; por otra parte, la comunicación, en el sentido tradicional, o sea la publicidad, el mercadeo, la propaganda; y, en fin, la información, con las agencias de prensa, los noticieros, los diarios, los canales de información continua, los periodistas de todo tipo.
    Esas tres áreas –cultura de masas, comunicación e información– antes tan separadas, constituyen hoy día una sola y única área, en la que, cada vez hay menos diferencias entre la actividad que se hace en el marco de la información y la actividad que se puede hacer en publicidad o en cultura de masas.
    Pero, además, estas nuevas empresas mediáticas gigantescas, estos productores de símbolos, también suman a sus actividades mensajes de otro tipo, como los video-juegos, los DVD, los CD musicales, la música popular, las distracciones, las ciudades de ocio tipo Disneyland por ejemplo, y también pueden integrar el cine de diversión, la televisión, los dibujos animados, las tiras cómicas, el deporte-espectáculo, la edición de libros, etc.
    Es decir, tenemos ahora unos grupos mediáticos que poseen dos características nuevas. Primera característica: se ocupan de todo lo que puede ser escrito, todo lo que puede ser filmado y todo lo que puede ser difundido mediante el sonido y, además, lo difunden por todo tipo de canales, ya sea a través de la prensa tradicional de papel, por las radios, por las televisiones hertzianas o satelitarias, así como por Internet, y por todos los tipos de difusores posibles, en técnica digital. Segunda característica: son grupos mundiales, planetarios, y no sólo nacionales o locales. Por ejemplo, Orson Wells criticaba el “super–poder” de “Citizen Kane” en los años 40. Pero hoy nos damos cuenta de que en definitiva el Sr. Kane no era más que el propietario de unos cuantos periódicos de prensa escrita en un único país. Es decir disponía de un poder enano (aunque no por ello dejaba de ser eficaz a escala local o provincial) frente a los archipoderes de los magagrupos mediáticos de nuestro tiempo.
    Hoy, estas hiper-empresas poseen todos los sectores mediáticos en muchos países, en casi todos los continentes y, por consiguiente, los megagrupos mediáticos –como la News Corp Viacom, NBC, AOL-Time-Warner– son ahora actores centrales de la globalización económica. Y su capacidad de adquirir aún más poder mediante una mayor concentración sigue aumentando, como lo muestra la decisión adoptada el 4 de junio de 2005 por la Federal Communications Commission (FCC) y que permite a los mastodontes de los medios en Estados Unidos aumentar aún más su tamaño.
    La globalización es también la globalización de los medios de comunicación y de información, y estos megagrupos ya no se plantean como objetivo cívico el de ser un “cuarto poder” para corregir los disfuncionamientos de la democracia y perfeccionar así este sistema político. Ni desean ser un “cuarto poder”, ni tampoco se proponen de actuar como un contra-poder.
    Podríamos decir que si estos grupos constituyen un eventual “cuarto poder”, sería en el sentido de que ese cuarto poder se une, se añade, se suma a los otros poderes existentes –Legislativo, Ejecutivo y Judicial–, al poder político y al poder económico, para aplastar a su vez, como poder suplementario, al ciudadano.
    Por consiguiente, la cuestión cívica que se plantea es: ¿Cómo resistir, reaccionar, cómo oponerse, frente a lo que fue durante mucho tiempo el único poder de los ciudadanos en oposición a los poderes dominantes? ¿Cómo resistir frente a la ofensiva de este nuevo poder que en cierta medida traicionó al ciudadano pasándose al adversario?
    Pienso que lo que se debería hacer es crear sencillamente un “quinto poder”. Un quinto poder que nos permita oponer una fuerza cívica ciudadana a esa nueva suma, a esa nueva alianza de poderes. Un “quinto poder” cuya función sería la denuncia del nuevo superpoder de los medios, de las grandes industrias mediáticas, vectores y cómplices de la globalización. Esos medios que hoy, en algunas circunstancias, no sólo han dejado de defender a los ciudadanos sino que a menudo actúan contra el pueblo en su conjunto. Como lo estamos viendo en el enfrentamiento que se desarrolla actualmente en Venezuela. En Venezuela, donde la oposición política fue derrotada en 1998 en elecciones libres y democráticas, donde la oposición política fue democráticamente barrida, los grupos mediáticos de prensa, radio y televisión más importantes del país se lanzaron en una guerra mediática contra la legitimidad democrática que representa el gobierno del Sr. Hugo Chávez. Se piense lo que se piense de éste y de su gobierno, hay que constatar que contra ellos, los medios de información en manos de unos cuantos privilegiados han utilizado toda la artillería de las manipulaciones, de las mentiras, de las falsedades para intentar intoxicar las mentes de los ciudadanos, en una guerra ideológica abierta para defender sus privilegios y oponerse a toda reforma social y a todo reparto equitativo de la riqueza.
    El caso de Venezuela es ejemplo de la nueva situación internacional en la que unos grupos mediáticos enfurecidos asumen abiertamente su nueva función de perros guardianes del orden económico establecido y su nuevo estatuto de poder antipopular y anticiudadano. Esos grupos no se asumen sólo como poder mediático, sino –sobre todo– como poder ideológico. Un poder ideológico que trata de contener las reivindicaciones populares y que ambiciona apoderarse del poder político (como lo hizo, democráticamente, en Italia, el Sr. Silvio Berlusconi).
    El caso de Venezuela, esa “guerra sucia mediática” contra el presidente Chávez –varias veces elegido democráticamente– que le impide realizar las reformas sociales votadas por la mayoría de los ciudadanos, esa manera de oponerse y de sabotear el resultado de una elección totalmente democrática, es lo que en los años 70 hizo el diario El Mercurio en Chile contra el gobierno democrático de Salvador Allende, o lo que hizo en los años 80 el diario La Prensa en Nicaragua contra los sandinistas, o la misma campaña que mañana los grandes medios pueden lleva a cabo en Ecuador o en Brasil o en Argentina contra toda reforma democrática que modifique la jerarquía del poder y de la riqueza.
    Ya no son sólo los poderes de la oligarquía tradicional, ya no son sólo los poderes de la reacción tradicional, ahora los poderes mediáticos son los que pasan a dar la batalla política –¡en nombre de la libertad de expresión!– contra los programas que defienden los intereses del conjunto de los ciudadanos. Esta es la fachada mediática de la globalización. Y esta fachada es la que revela de la manera más clara, más evidente, más caricaturesca, la ideología de la globalización liberal.
    De ahí que medios de comunicación y globalización sean dos conceptos íntimamente ligados, y que sea necesario desarrollar una reflexión sobre cómo nosotros, los ciudadanos, podemos exigir de los medios más ética, cómo podemos exigir que simplemente digan la verdad, exigir el respeto de una deontología que obligue a los periodistas –la mayoría de ellos, serios y honestos– a actuar en función de su conciencia y no a actuar en función de los intereses de los grupos, de las empresas o de los patronos que los emplean.
    Hemos constatado que, por una parte, los medios son utilizados hoy como un arma de combate en la nueva guerra ideológica, pero también que la información por su explosión, por su multiplicación, por su sobreabundancia, se encuentra hoy literalmente contaminada, envenenada por toda clase de mentiras, emponzoñada por los rumores, por las distorsiones y por las manipulaciones. De ahí que los ciudadanos tengan una necesidad urgente de recurrir a un referente que les garantice o que les asegure que la información que el ciudadano va a consumir, es una información válida, seria, segura, verídica, verdadera.
    Está pasando con la información, lo que ha pasado con la alimentación. Durante mucho tiempo la alimentación fue muy escasa y en muchos lugares del mundo, en los países pobres del Sur por ejemplo, sigue siendo escasa. En muchos países, la alimentación se sigue caracterizando por la penuria, y en los países hoy desarrollados también se caracterizó por la penuria durante mucho tiempo. Pero cuando, gracias a la revolución agrícola, la superproducción permitió, por ejemplo en los países europeos, producir abundancia de alimentación, nos dimos cuenta de que muchos de los alimentos que consumimos estaban contaminados, envenenados por pesticidas, mal elaborados, y así causan enfermedades, producen cáncer, producen toda clase de problemas de salud y pueden hasta causar la muerte, como la peste de las vacas locas. Antes podíamos morir de hambre, pero hoy podemos morir por comer alimentos contaminados…
    Con la información ocurre igual. Históricamente, la información ha sido muy escasa, frecuentemente no había. En las dictaduras no hay una información fiable, de calidad, pero hoy, en los países democráticos, la información se ha multiplicado, ha estallado, desborda por todas partes. Empédocles decía que el mundo estaba hecho de la combinación de cuatro elementos: aire, agua, tierra y fuego. Pues hoy podemos decir que la información es tan abundante que constituye un quinto elemento.
    A la vez constatamos que la información está, como los alimentos, contaminada. Hoy, la información que consumimos muchas veces nos está envenenando el espíritu, emponzoñando el cerebro, tratando de manipularnos, de intoxicarnos, está tratando de colocar en nuestra mente ideas ajenas a las nuestras. Por consiguiente, es necesario elaborar lo que yo llamo una “ecología de la información”. Hay que limpiar esa información de la “marea negra” de mentiras, descontaminarla. Los ciudadanos deben hoy movilizarse para exigir que los medios pertenecientes a esos grandes grupos tengan un respeto elemental de la verdad, porque la verdad constituye en definitiva la legitimidad de la información.
    Por eso he propuesto que se cree el Observatorio Internacional de los Medios (Media Watch Global), para disponer de un arma cívica, pacífica, que van a utilizar ahora los ciudadanos para oponerse al nuevo superpoder de los medios.
    La asociación Media Watch Global es una de las expresiones del movimiento social planetario reunido en el Foro Social Mundial. En plena globalización liberal, expresa la preocupación de todos los ciudadanos ante el poder y la arrogancia de las industrias gigantes de la comunicación y de los medios masivos.
    Hace tiempo ya que numerosos medios de comunicación privilegian sus intereses particulares en detrimento del interés general de la sociedad y confunden su propia libertad con la libertad de empresa, considerada en estos tiempos de globalización como la primera de las libertades. Pero la libertad de empresa no puede prevalecer en ningún caso sobre el derecho ciudadano a una información rigurosa y verificable. La libertad de empresa no puede ser el pretexto para difundir falsas noticias, supuestas verdades o difamaciones.
    La libertad de los medios de comunicación no es más que una extensión de la libertad colectiva de expresión, fundamento de la democracia. Como tal, implica una responsabilidad social y su ejercicio está por lo tanto sujeto en última instancia al control responsable de la sociedad.
    La fuerza de Media Watch Global es ante todo moral, en la medida en que amonesta desde la ética y sanciona las faltas de honestidad profesional por medio de informes y estudios que publica y difunde.
    Media Watch Global constituye un indispensable contrapeso al exceso de poder de los medios, cuando en materia de información prevalece una sola lógica –la del mercado–, y una sola ideología –neoliberal– que permiten al mercado extender su influencia a dominios de la vida colectiva, preservados hasta ahora.
    Esta asociación internacional desea ejercer una responsabilidad colectiva, en nombre del interés superior de la sociedad y del derecho de los ciudadanos a ser correctamente informados. Se propone, asimismo, proteger a la sociedad de las manipulaciones mediáticas.
    Media Watch Global reúne tres tipos de miembros, con idénticos derechos:
    - periodistas profesionales o colaboradores, en actividad o jubilados, de todos los medios;
    - universitarios e investigadores de todas las disciplinas, en particular especialistas en medios, información y comunicación, porque estimamos que la universidad, en el contexto actual, sigue siendo uno de los pocos lugares aún parcialmente protegidos contra las ambiciones totalitarias del mercado;
    - consumidores de medios, ciudadanos comunes y personalidades conocidas por su estatura moral (intelectuales, filósofos, creadores, artistas…).
    Puesto que la información es un bien común, su calidad no puede estar garantizada por organizaciones compuestas solo por periodistas, frecuentemente apegados a sus intereses corporativos. Los sistemas actuales de regulación de medios son insatisfactorios. Los códigos deontológicos de cada empresa mediática (cuando existen) se revelan poco aptos para sancionar y corregir las desviaciones, las ocultaciones y las censuras. Es indispensable que la deontología y la ética de la información sean definidas y defendidas por una instancia imparcial, creíble, independiente y objetiva, en la que los universitarios tengan un papel decisivo.
    La función de los ombudsmen o mediadores, que resultó útil en los años 80 y 90, está hoy mercantilizada, desvalorizada y degradada. Con frecuencia es instrumentalizada por las empresas, responde exclusivamente a imperativos de imagen o constituye una coartada de bajo costo, destinada a reforzar artificialmente la credibilidad del medio.
    Uno de los derechos más preciados del ser humano es el de comunicar libremente su pensamiento y sus opiniones. Ninguna ley debe restringir arbitrariamente la libertad de palabra o de prensa. Pero esa libertad no puede ejercerse sino a condición de no infringir los derechos ni las leyes que protegen a la sociedad contra la difusión de falsas noticias y contra el peligro de las manipulaciones mediáticas.
    Media Watch Global estima por lo tanto que la absoluta libertad de los medios pregonada por los propietarios de los grandes grupos de comunicación no debe concretarse a costa de la libertad de todos los demás.
    Los grandes grupos mediáticos deben saber que ha nacido un contra-poder. A partir de ahora deben recapacitar, deben saber que si efectivamente ellos defienden la globalización liberal, muchos ciudadanos se alistan en el nuevo Movimiento Social Mundial que se da cita cada año en Porto Alegre.
    Periodistas, Universitarios, y simples ciudadanos estamos colectivamente forjando un arma nueva para este siglo nuevo.
    Los globalizadores dijeron que este siglo sería el siglo de las empresas globales; nosotros decimos que este siglo será el siglo en el que la comunicación y la información pertenecerán por fin los ciudadanos.
    Nos apoderaremos de la verdad, y, con la verdad, la democracia triunfara".

    17/8/08

    EL FIN DEL PERIODISMO

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    Los manifiestos están relacionados, habitualmente, con las disciplinas artísticas o distintas corrientes políticas. Comparto con ustedes esta declaración relacionada con los mass media y la actividad periodística.
    Publicada originalmente en lavaca.org en el contexto de la invasión de EEUU a Irak, su actualidad continua vigente.

    Los medios gráficos han analizado la caída estrepitosa de la CNN como si el derrumbe fuera causado por un misil inteligente, sin daños colaterales. Sin embargo, la guerra puso en evidencia la crisis del periodismo todo. Las nuevas formas de comunicación, así como las de resistencia, que hoy se han globalizado, han germinado en la Argentina. Y esa noticia la están escribiendo unos nuevos periodistas: esos que hasta hace poco llamábamos lectores.

    Uno/
    La primera víctima de esta guerra ha sido la televisión.
    La segunda, el periodismo gráfico.
    Y lo que estamos viendo ahora, en directo, es la caída del capitalismo mediático.
    Así son las cosas en esta época de transformaciones: breves y contundentes.
    .
    Dos/
    El fin de esta historia tiene el tempo escénico de las Torres Gemelas.
    Primero, se resquebraja una.
    Y no sabemos ni qué pasa ni porqué.
    Es el alerta. Lo que nos hace fijar la vista, hipnotizados.
    Luego, otra.
    Y confirmamos el impacto.
    Eso que jamás imaginamos que iba a suceder está efectivamente ocurriendo.
    Recién entonces, sobreviene el derrumbe, dejando a la vista no solo el espectáculo de la caída, sino también las tripas del gigante. Sus cimientos.
    Así: uno, dos, tres.
    Delante nuestro.
    El solo hecho de verlo nos transforma.
    En testigos y sobrevivientes.
    En espectadores y protagonistas.
    En víctimas y vengadores.
    El nada por aquí se transforma entonces en todo por allá.
    Cuando el pasado cae, el presente se impregna de rabia y magia.

    Tres/
    Crear no es lo mismo que hacer. Se puede hacer algo bueno o malo, democrático o autoritario, corrupto o transparente. Pero la creación no está relacionada con el uso, sino con el artefacto: una vez inventado, cualquiera puede hacer con él lo que le plazca. La única condición es que funcione. Y para que funcione el requisito también es uno solo: ser perfecto.
    Crear es parir herramientas desconocidas hasta entonces, simples y eficaces
    Argentina se ha convertido en una fábrica de herramientas políticas perfectas que en estos días comienzan a ser utilizadas globalmente. No han sido los partidos, ni las instituciones con determinadas identidades sociales (clases, oficios, sexos) ni los profesionales o intelectuales, sino quienes se han quedado a solas con su desesperación los verdaderos responsables de ampliar los horizontes, de crear opciones.
    Desocupados, expulsados por salvajes privatizaciones.
    Hijos de desaparecidos, privados de justicia por ley.
    Vecinos, despojados de sus derechos civiles por el capitalismo global.
    Ellos inventaron la tríada.
    Piquete, escrache, cacerolazo.
    Ahora ¿cómo se derramó por el mundo este maravilloso know how?
    Esta semana, el piquete fue en la puerta del Rockefeller Center, de Nueva York.
    Esta semana, el escrache sacudió las sedes de la CNN, en Los Angeles, Washington y San Francisco.
    Esta semana, el cacerolazo sacudió a Barcelona.

    Así: un, dos, tres.
    Todo por aquí y por allá.
    Con rabia y con magia.
    Hubo tiempo en que suponíamos que la comunicación del planeta dependía de los monopolios informativos. Para explicar porque ya no es así podríamos analizar aquí la estrepitosa caída de la CNN como fuente informativa imperial, pero este es un tema que los medios gráficos han desarrollado hasta el hartazgo, como si el derrumbe fuera producto de un misil inteligente, sin daños colaterales.
    La primera torre cayó y estamos todos mirando hacia allí, sorprendidos, mientras los periodistas especulan obviedades.
    La segunda torre está cayendo. Lo vaticinó hace poco tiempo un experto en el Foro Social Mundial cuando aseguró: "Pronto los diarios serán folletos"
    Nunca como hoy está frase describe la realidad de los más prestigiosos medios gráficos mundiales. Si miramos para arriba -tal como nos tienen acostumbrados- veremos en el portal español Ibnews un informe que describe lo siguiente:
    "El Washington Post ha recibido un aluvión de cartas de lectores acusándolo de "patrioterismo" por respaldar la guerra en sus editoriales, mientras el New York Times publicó recientemente un artículo sobre los "halcones liberales" que vapuleaba a los manifestantes pacifistas, calificándolos de idiotas, que saturó de emails su web con críticas de sus lectores."
    No fueron las únicas cartas que recibieron los diarios estadounidenses esta semana. Una nota suscripta por una larga lista de personalidades relacionadas con los medios, desde el escritor Gore Vidal hasta la canadiense Naomi Klein, pasando por los responsables de varias cátedras, como Edward S. Herman (profesor emérito de la Universidad de Pennsylvania) Robert Boynton(profesor de la New York University) Patricia Aufderheide (profesora de la American University) y Ben Bagdikian (responsable de la Escuela de Graduados de la Universidad de California y Berkeley), realizó un llamamiento a mantener lo que consideraban principios fundamentales del periodismo profesional, tales como consultar varias fuentes (y no solo contentarse con las oficiales), respetar la verdad (aún cuando esta no sea agradable) y entender el patriotismo como un compromiso con los derechos de la sociedad y no con los intereses de un gobierno.
    Sin embargo, lo que ha dejado las tripas a la vista es el espectacular rol que ha tenido Internet en esta batalla. No es tan solo el cambio de una tecnología por otra lo verdaderamente novedoso, sino la transformación esencial que ha tenido el periodismo mismo como herramienta de comunicación de una sociedad.

    Podríamos pensar, con la típica cabeza cuadrada de un editor de noticias promedio, que lo que ha cambiado es la moda.
    Lo cual significa, entre otras cosas:
    Desde el punto de vista del estilo: el informe CNN es obsoleto y sospechoso. El periodista frente a la cámara ya no es el vocero imperturbable. Debe sacudirse al ritmo de los conflictos.
    Desde el punto de vista estético: el engominado Jorge Gestoso es menos creíble que el gordito de anteojos Michael Moore. Llegó el turno de los "imperfectos".
    Desde el punto de vista ético: el discurso objetivo ya fue. El periodista sufre, extraña y tiene miedo. Los hechos adquieren ahora el tono de la confesión.
    Pero la noticia es otra: no son las formas, sino los cimientos lo que esta guerra desmoronó.

    Uno/ Sin dinero
    Existe en Internet en este momento, un portal creado por un periodista llamado Chris Allbritton, ex reportero del New York Daily News y de la agencia de noticias Associated Press que desde su sitie www.back-to-iraq.com/ organizó una colecta para financiar una cobertura propia de la guerra. Allbriton se presenta diciendo:
    "¡Hola allí! Gracias por detenerse. Soy Christopher Allbritton. Este verano fui al Kurdistán iraquí, la parte norteña de Irak, que está fuera del mando directo de Saddam, buscando historias. (Algunos podrían decir "buscando problema".) Bien, ahora yo quiero escribir sobre la guerra. ¡Por eso le estoy pidiendo su ayuda como un apoyo al periodismo independiente! Envíeme a Irak a informarle lo que está pasando".
    Allbriton ya reunió, gracias a la colecta, 10.328,21 dólares que le permitieron, entre otras cosas, comenzar su periplo rumbo a Bagdag, comprarse una campera nueva (ya que no previó el frio del desierto) y escribir algunas crónicas en las cuales entrevista a personas que transmiten al norteamericano promedio una visión a escala humana de la confrontación. Por ejemplo, en su paso por Turquía, describió así su charla de café con un maestro turco:
    "Aykut me dijo que si salgo y le pregunto a las personas de la calle, la mayoría me dirá que fue Estados Unidos el que cometió el atentado del 11 de septiembre para poder perseguir a Saddam (Interesante: casi la mitad de los norteamericanos-45 por ciento-cree que Saddam está personalmente detrás del atentado del 11 de setiembre.) Turquía también está sacudida por un sentimiento anti-Bush. A los turcos les gustan los norteamericanos y, a veces, Norteamérica también. Pero más de 90 por ciento se opone a esta guerra y un porcentaje similar aborrece absolutamente de George W. Bush. Aykut admitió tímidamente que él espera que la guerra termine mal, para que Bush pierda sus chances de reelección en el 2004. Pero se sintió peor cuando le recordé cuántos iraquíes y norteamericanos debían morir para que ese fuese el resultado".
    Recuerden esta frase: "Enviénme a Irak para informarle".
    Es el abracadabra mediante el cual el lector se transforma en Ted Tunner.
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    Dos/ Sin dueño
    Existe en Internet, en este momento, un portal que lleva el nombre propio del veterano periodista de guerra http://www.robert-fisk.com, cuyas crónicas son publicadas también por el diario inglés The independent, donde el pasado 23 de marzo pudo leerse, como informe de lo ocurrido ese día, lo siguiente:
    " Primero se nos dijo, por cortesía de la BBC, que Um Qasr, el pequeño puerto del Golfo, había "caído". Por qué las ciudades deben "caer" en la BBC es un misterio para mí; la frase viene de la Edad Media, cuando las murallas de las ciudades literalmente se venían abajo durante los sitios. Luego se nos dice, una vez más en la BBC, que Nasariya había sido capturada. Después su corresponsal "incrustado" nos informó -y aquí se despertaron mis sospechas de periodista- que había sido "asegurada". Los reporteros "incrustados" son los que viajan con las fuerzas estadounidenses o británicas, y están sujetos a una censura destinada a confundir a los escuchas de la BBC no sólo en Gran Bretaña, sino en todo el mundo.
    Por qué la BBC debe utilizar esa expresión meretriz castrense de "asegurada" también es un misterio para mí. "Asegurada" pretende sonar como "capturada". Pero casi invariablemente significa, en la especie de jerga que han adoptado los reporteros "incrustados", que una ciudad ha sido pasada de largo o medio rodeada o, cuando mucho, que el ejército invasor ha logrado apenas entrar en sus suburbios. Y, claro, a la vuelta de 24 horas la ciudad musulmana chiíta que se levanta al oeste de la confluencia de los ríos Eufrates y Tigris resultó estar bastante poco "asegurada"; de hecho nadie había penetrado en ella en forma alguna, porque al menos 500 soldados iraquíes, apoyados por tanques, seguían combatiendo allí. "
    Fisk es así de didáctico e incisivo. Ya lo había demostrado en una conferencia que brindó ante miles de estudiantes en Montreal, cuando les advirtió, luego del atentado a los Torres Gemelas: "Surco el planeta desde hace más de 25 años como periodista, y los atentados del 11 de septiembre no han cambiado el mundo. Lo que ha cambiado, es la abdicación de los medios ante el poder, el abandono del espíritu crítico, la hegemonía del discurso oficial sobre los titulares, la narrativa dócil que pasa ahora por periodismo en los medios occidentales. Los grandes periódicos están repletos día a día de largos artículos citando a funcionarios anónimos. Es la complacencia hacia la desinformación. Deberían fusionarlos en un gran diario mundial, intitulado: "Los funcionarios dicen". El detalle es que esa conferencia tuvo que llevarse a cabo en el campus de la universidad, ya que las autoridades académicas le habían prohibido a Fisk realizar cualquier referencia a Oriente Medio en su conferencia.
    Desde entonces y como esa noche, la popularidad de Fisk no hizo más que aumentar.
    Esta semana, sus crónicas, desde Bagdag, han sido reproducidas en todos los portales informativos independientes, traducidas rápidamente por manos anónimas a todos los idiomas y enviadas por email a listas de correo que circulan de ida y vuelta. Lo que Fiks ha logrado es aquello que han perdido todos los demás: credibilidad.
    .
    Tres/ Sin periodistas
    Existe en Internet, en este momento, un portal llamado Indymedia (www.indymedia.org) administrado por un colectivo que garantiza la cobertura de temas relacionados con la resistencia global y con miles de noticias que no son elaboradas por una redacción estable, sino por cualquiera que desee publicar allí su mensaje. Indymedia nació al calor de la primera protesta de la resistencia global, en Seattle y desde entonces no ha hecho más que crecer y multiplicarse. La propuesta es sencilla: cualquier puede editar allí su noticia, gracias a un sistema que no ha hecho más que compartir con el público el hadware que utiliza cualquier página web para "subir" sus artículos a Internet. Solo con eso, ya han logrado transformarse en el medio de comunicación más consultado por los movimientos de resistencia global, compuesto en su mayoría por jóvenes que están familiarizados con la lectura digital. La versión española de Indymedia tiene un original funcionamiento. Los "lectores" pueden calificar una información con un puntaje que, cuanto más suma, garantiza la mejor visibilidad y permanencia de esa noticia. Esta semana, con motivo de las protestas antibélicas, Indymedia Madrid resumió así la cobertura realizada:
    "Pese a la enorme improvisación y la modestia de los medios con que contábamos, la cooperación hacker consiguió algo que antes no se había conseguido en Madrid: un centro de medios abierto, autogestionado y eficaz, basado exclusivamente en herramientas libres, que cubrió recepción de TV por satélite, conexión a Internet, un diario en papel que se distribuyó en la manifestación, un sistema de recepción de llamadas de teléfono y una radio libre. Nos faltó emitir TV, pero faltó poco. Pero eso será otro día, esperemos que no otra guerra ."
    Lo que sorprende de esta noticia es la noticia misma: Indymedia argentina ya va por su segundo diario papel y emite por radio desde diciembre. Uno de los miembros de este colectivo escribió esta semana su visión de esta guerra, de la siguiente manera: "Ahora que la guerra ha comenzado, y que nos ha puesto a nosotros en el medio, es tiempo de acción. (...) Y es una guerra que no podemos pelear solos. Una guerra de la comunicación, una guerra contra un enemigo que tiene infinitas veces los recursos que nosotros tenemos, es una guerra que necesita miles de manos dispuestas a ayudar. Queremos romper la lógica del informador-informado. Y quizás por eso sea también la hora de hacer realidad la consigna que repetimos todo el tiempo; "cada persona es un corresponsal" que no significa otra cosa más que lo que dice; necesitamos de todos y cada uno de ustedes para mantener en pie al ejército de la comunicación alternativa".
    Podríamos detenernos a analizar, también, cómo estas nuevas formas han cambiado el lenguaje de la crónica periodística. A dónde fue a parar, en medio de los escombros, la pirámide que -según nos enseñaron- construía toda noticia. Qué es una fuente confiable, qué un trascendido, qué una primicia.

    Me limito a reproducir una: el futuro llegó.
    Comenzó aquí mismo, en la Argentina.
    Me enteré leyendo lo que escriben unos nuevos periodistas. Esos que antes llamábamos lectores.

    12/8/08

    PLANILLA DE EVALUACION DE TRABAJOS PRACTICOS

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    Heidi Goodrich, una experta en planillas o matrices de evaluación, define una matriz como "una herramienta de evaluación que identifica ciertos criterios para un trabajo, o sea 'lo que cuenta'". De esta manera, una planilla para un proyecto de multimedia enlistará aquellas cosas que el estudiante debe de incluir para recibir una determinada nota o evaluación. Las planillas ayudan al estudiante a determinar cómo se evaluará el proyecto. Goodrich cita a un estudiante que expresó que a él no le importaban mucho las planillas porque "si uno cometía algún error, el profesor podía probar que uno sabía lo que debía hacer". Por lo general, las planillas especifican el nivel de desarrollo esperado para obtener diferentes niveles de calidad. Estos pueden estar expresados en términos de una escala (Excelente, Bueno, Necesita mejorar) o en términos numéricos (4, 3, 2,1), que al final se suman para determinar una resultado al que se le asigna una nota (A, B, C, por ejemplo). Muchas planillas detallan también un nivel de asistencia (independiente, con ayuda mínima de un adulto, con bastante ayuda de un adulto) para cada nivel de calidad.
    Las planillas pueden ayudar a los estudiantes y a los profesores a definir "calidad". Estas también ayudan a los estudiantes a juzgar y revisar su propio trabajo antes de entregarlo.
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    Esquema de "Rubric" para la evaluación de Trabajos Prácticos.
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    Teacher name: ___________________________
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    Student Name: ___________________________
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    _________________
    Copyright 2001, 2002 High Plains Regional Technology in Education Consortium.

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    SEMANTICA DEL OBJETO

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    En septiembre de 1964 Roland Barthes (1915-1980) es invitado a dar una conferencia en el marco de un coloquio acerca de "El arte y la cultura en la civilización contemporánea". La sede del ecuentro es la Fundación Cini, en Venecia.
    Este texto, resumen de la exposición, fue publicado en "Arte e Cultura nella civiltá contemporanea", volumen preparado por Piero Nardi y editado por
    Sansoni en la ciudad de Florencia durante 1966.

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    [+/-]
    "Querría presentar ante ustedes algunas reflexiones sobre el objeto en nuestra cultura, a la que comúnmente se califica de cultura técnica; quisiera situar estas reflexiones en el marco de una investigación que se lleva a cabo actualmente en muchos países bajo el nombre de semiología o ciencia de los signos. La semiología, o como se la denomina en inglés, la semiótica, fue postulada hace ya cincuenta años por el gran lingüista ginebrino Ferdinand de Saussure, quien había previsto que un día la lingüística no sería más que una parte de una ciencia, mucho más general, de los signos, a la que llamaba precisamente «semiología». Pero este proyecto semiológico ha recibido desde hace varios años una gran actualidad, una nueva fuerza, porque otras ciencias, otras disciplinas anexas, se han desarrollado considerablemente, en particular la teoría de la información, la lingüística estructural, la lógica formal y ciertas investigaciones de la antropología; todas estas investigaciones han coincidido para poner en primer plano la preocupación por una disciplina semiológica que estudiaría de qué manera los hombres dan sentido a las cosas. Hasta el presente, una ciencia ha estudiado de qué manera los hombres dan sentido a los sonidos articulados: es la lingüística. Pero, ¿cómo dan sentido los hombres a las cosas que no son sonidos? Esta exploración es la que tienen aún que hacer los investigadores. Si todavía no se han dado pasos decisivos, es por muchas razones; ante todo, porque sólo se han estudiado, en este plano, códigos extremadamente rudimentarios, que carecen de interés sociológico, por ejemplo el código vial; luego, porque todo lo que en el mundo genera significación está más o nos, mezclado con el lenguaje; jamás nos encontramos con objetos significantes en estado puro; el lenguaje interviene siempre, como intermediario, especialmente en los sistemas de imágenes, bajo la forma de títulos, leyendas, artículos; por eso no es justo afirmar que nos encontramos exclusivamente en una cultura de la imagen. Es, por consiguiente, dentro del cuadro general de una investigación semiológica donde yo querría presentar a ustedes algunas reflexiones, rápidas y sumarias, acerca de la manera en que los objetos pueden significar en el mundo contemporáneo. Y aquí precisaré de inmediato que otorgo un sentido muy intenso a la palabra «significar»; no hay que confundir «significar» y significar quiere decir que los objetos no transmiten solamente informaciones, sino también sistemas estructurados de signos, es decir, esencialmente sistemas de diferencias, oposiciones contrastes.
    Y ante todo, ¿cómo definiremos los objetos (antes de ver cómo pueden significar)? Los diccionarios dan definiciones vagas de «objeto»: lo que se ofrece a la vista; lo que es pensado (por oposición al sujeto que piensa), en una palabra, como dice la mayor parte de los diccionarios, el objeto es alguna cosa, definición que no nos enseña nada, a menos que intentemos ver cuáles son las connotaciones de la palabra «objeto». Por mi parte, vería dos grandes grupos de connotaciones: un primer grupo constituido por lo que llamaría las connotaciones existenciales del objeto. El objeto, muy pronto, adquiere ante nuestra vista la apariencia o la existencia de una cosa que es inhumana y que se obstina en existir, un poco como el hombre; dentro de esta perspectiva hay muchos desarrollos, muchos tratamientos literarios del objeto; en La náusea, de Sartre, se consagran páginas célebres a esta especie de persistencia del objeto en estar fuera del hombre, existir fuera del hombre, provocando un sentimiento de náusea en el narrador frente a los troncos de un árbol en un jardín público, o frente a su propia mano. En otro estilo, el teatro de Ionesco nos hace asistir a una especie de proliferación extraordinaria de objetos: los objetos invaden al hombre, que no puede defenderse y que, en cierto sentido, queda ahogado por ellos. Hay también un tratamiento más estético del objeto, presentado como si escondiera una especie de esencia que hay que reconstituir, y este tratamiento es el que encontramos entre los pintores de naturalezas muertas o en el cine, en ciertos directores, cuyo estilo consiste precisamente en reflexionar sobre el objeto (pienso en Bresson); en lo que comúnmente se denomina «Nouveau Roman» hay también un tratamiento particular del objeto, descrito precisamente en su apariencia estricta. En esta dirección, pues, vemos que se produce incesantemente una especie de huida del objeto hacia lo infinitamente subjetivo y por ello mismo, precisamente, en el fondo, todas estas obras tienden a mostrar que el objeto desarrolla para el hombre una especie de absurdo, y que tiene en cierta manera el sentido de un no-sentido; así, aun dentro de esta perspectiva, nos encontramos en un clima en cierta forma semántico. Hay también otro grupo de connotaciones en las cuales me basare para seguir adelante con mi tema: se trata de las connotaciones «tecnológicas» del objeto. El objeto se define entonces como lo que es fabricado; se trata de la materia finita estandarizada, formada y normalizada, es decir, sometida a normas de fabricación y calidad; el objeto se define ahora principalmente como un elemento de consumo: cierta idea del objeto se reproduce en millones de ejemplares en el mundo, en millones de copias: un teléfono, un reloj, un bibelot, un plato, un mueble, una estilográfica, son verdaderamente lo que de ordinario llamamos objetos; el objeto no se escapa ya hacia lo infinitamente subjetivo, sino hacia lo infinitamente social. De esta última concepción del objeto quisiera partir.
    Comúnmente definimos el objeto como «una cosa que sirve para alguna cosa». El objeto es, por consiguiente, a primera vista, absorbido en tina finalidad de uso, lo que se llama una función. Y por ello mismo existe, espontáneamente sentida por nosotros, una especie de transitividad del objeto: el objeto sirve al hombre para actuar sobre el mundo, para modificar el mundo, para estar en el mundo de una manera activa; el objeto es una especie de mediador entre la acción y el hombre. Se podría hacer notar en este momento, por lo demás, que no puede existir por así decirlo, un objeto para nada; hay, es verdad, objetos presentados bajo la forma de bibelots inútiles, pero estos bibelots tienen siempre una finalidad estética. La paradoja que quisiera señalar es que estos objetos que tienen siempre, en principio, una función, una utilidad, un uso, creemos vivirlos como instrumentos puros, cuando en realidad suponen Otras cosas, son también otras cosas: suponen sentido; dicho de otra manera, el objeto sirve efectivamente para alguna cosa, pero sirve también para comunicar informaciones; todo esto podríamos resumirlo en una frase diciendo que siempre hay un sentido que desborda el uso del objeto. ¿Puede imaginarse un objeto más funcional que un teléfono? Sin embargo, la apariencia de un teléfono tiene siempre un sentido independiente de su función: un teléfono blanco transmite cierta idea de lujo o de femineidad; hay teléfonos burocráticos, hay teléfonos pasados de moda, que transmiten la idea de cierta época (1925); dicho brevemente, el teléfono mismo es susceptible de formar parte de un sistema de objetos-signos; de la misma manera, una estilográfica exhibe necesariamente cierto sentido de riqueza, simplicidad, seriedad, fantasía, etcétera; los platos en que comemos tienen también un sentido y, cuando no lo tienen, cuando fingen no tenerlo, pues bien, entonces terminan precisamente teniendo el sentido de no tener ningún sentido. Por consiguiente, no hay ningún objeto que escape al sentido.
    ¿Cuándo se produce esta especie de semantización del objeto? ¿Cuándo comienza la semantización del objeto? Estaría tentado a responder que esto se produce desde el momento en que el objeto es producido y consumido por una sociedad de hombres, desde que es fabricado, normalizado; aquí abundarían los ejemplos históricos; por ejemplo, sabemos que ciertos soldados de la república romana solían echarse sobre las espaldas una prenda para protegerse de la lluvia, la intemperie, el viento, el frío; en ese momento, evidentemente, la prenda de vestir no existía todavía; no tenía nombre, no tenía sentido; estaba reducida a un puro uso, pero a partir del momento en que se cortaron las prendas, se las produjo en serie, se les dio una forma estandarizada, fue necesario por ello mismo encontrarles un nombre, y esta indumentaria desconocida se convirtió en la «paenula»; desde ese momento la imprecisa prenda se convirtió en vehículo de un sentido que fue el de la «militariedad». Todos los objetos que forman parte de una sociedad tienen un sentido; para encontrar objetos privados de sentido habría que imaginar objetos enteramente improvisados; pero, a decir verdad, tales objetos no se encuentran; una página célebre de Claude Lévi-Strauss en El pensamiento salvaje nos dice que el bricolaje, la invención de un objeto por una aficionado, es en sí misma búsqueda e imposición de un sentido al objeto; para encontrar objetos absolutamente improvisados habría que llegar a estados absolutamente asociales; puede imaginarse, por ejemplo, que un vagabundo, improvisando calzados con papel de diario, produce un objeto perfectamente libre; pero tampoco esto sucede; muy pronto, ese diario se convertirá precisamente en el signo del vagabundo. En conclusión, la función de un objeto se convierte siempre, por lo menos, en el signo de esa misma función: no existen objetos, en nuestra sociedad, sin algún tipo de suplemento de función, un ligero énfasis que hace que los objetos por lo menos se signifiquen siempre a sí mismos. Por ejemplo, yo puedo tener realmente necesidad de telefonear y tener para eso un teléfono sobre mi mesa; esto no impide que a juicio de ciertas personas que me vendrán a ver, que no me conocen muy bien, funcione como un signo, el signo del hecho de que soy una persona que tiene necesidad de tener contactos en su profesión; y aun este vaso de agua, del que me he servido porque tengo realmente sed, no puedo, pese a todo, evitar que funcione como el signo mismo del conferenciante.
    Como todo signo, el objeto se encuentra en la encrucijada de dos coordenadas, de dos definiciones. La primera de las coordenadas es la que yo llamaría una coordenada simbólica: todo objeto tiene, si puede decirse así, una profundidad metafórica, remite a un significado; el objeto tiene por lo menos un significado. Tengo allí un serie de imágenes: son imágenes tomadas de la publicidad: ustedes ven que hay aquí una lámpara, y comprendemos de inmediato que esta lámpara significa la noche, lo nocturno, más exactamente; si usted tiene una imagen de publicidad de pastas italianas (me refiero a una publicidad hecha en Francia), es evidente que el tricolor (verde, amarillo, rojo) funciona como un signo de cierta italianidad; por lo tanto, primera coordenada, la coordenada simbólica, constituida por el hecho de que todo objeto es por lo menos el significante de un significado. La segunda coordenada es lo que yo llamaría la coordenada de la clasificación, o coordenada taxonómica (la taxonomía es la ciencia de las clasificaciones); no vivimos sin albergar en nosotros, más o menos conscientemente cierta clasificación de los objetos que nos es sugerida o impuesta por nuestra sociedad. Estas clasificaciones de objetos son muy importantes en las grandes empresas o en las grandes industrias, donde se trata de saber cómo clasificar todas las piezas o todos los pernos de una máquina en los almacenes, y en las cuales, por consiguiente, hay que adoptar criterios de clasificación; hay otro orden de hechos en el cual la clasificación de los objetos tiene mucha importancia, y corresponde a un nivel muy cotidiano: el de los grandes almacenes; en los grandes almacenes hay también cierta idea de la clasificación de los objetos, y esta idea, entiéndase bien, no es gratuita, comporta cierta responsabilidad; otro ejemplo de la importancia de la clasificación de los objetos es la enciclopedia; desde el momento en que alguien se decide a hacer una enciclopedia sin optar por clasificar las palabras siguiendo el orden alfabético, se ve obligado también a hacer una clasificación de los objetos.
    Una vez establecido que el objeto es siempre un signo, definido por dos coordenadas, una coordenada profunda, simbólica, y una coordenada extensa, de clasificación, quisiera decir ahora algunas palabras sobre el sistema semántico de los objetos propiamente dichos; serán observaciones prospectivas, porque la investigación seria sobre este tema está todavía por hacer. Hay, en efecto, un gran obstáculo para estudiar el sentido de los objetos, y este obstáculo yo lo llamaría el obstáculo de la evidencia: si hemos de estudiar el sentido de los objetos, tenemos que darnos a nosotros mismos una especie de sacudida, de distanciamiento, para objetivar el objeto, estructurar su significación: y para ellos hay un recurso que todo semántico del objeto puede emplear, y consiste en recurrir a un orden de representaciones donde el objeto es entregado al hombre de una manera a la vez espectacular, enfática e intencional, y ese orden está dado por la publicidad, el cine e incluso el teatro. En cuanto a los objetos tratados por el teatro, recordaré que hay indicaciones preciosas, de una extremada riqueza de inteligencia, en los comentarios de Brecht sobre algunas de sus puestas en escena; el comentario más célebre consiste en la puesta en escena de Madre Coraje, donde Brecht explica muy bien el tratamiento largo y complicado al cual hay que someter a ciertos objetos de la puesta en escena para hacerles significar cualquier concepto; porque en la ley del teatro no basta que el objeto representado sea real; hace falta que el sentido sea separado de alguna manera de la realidad: no basta presentar al público un vestido de cantinera realmente ajado para que signifique el deterioro: es preciso que usted, director, invente los signos del deterioro.
    Por consiguiente, si recurriéramos a estos tipos de «corpus» bastante artificiales, pero muy valiosos, como el teatro, el cine y la publicidad, podríamos aislar, en el objeto representado, significantes y significados. Los significantes del objeto son, naturalmente, unidades materiales, como todos los significantes de todo sistema de signos, no importa cuál, es decir, colores, formas, atributos, accesorios. Yo indicaré aquí dos estados principales del significante, según un orden creciente de complejidad.
    En primer lugar, un estado puramente simbólico; es lo que sucede, como ya dije, cuando un significante, es decir, un objeto, remite a un solo significado; es el caso de los grandes símbolos antropológicos, como la cruz, por ejemplo, o la media luna, es probable que la humanidad disponga aquí de una especie de reserva finita de grandes objetos simbólicos, reserva antropológica, o por lo menos ampliamente histórica, que resulta, por consiguiente, de una especie de ciencia o, en todo caso, de disciplina, que podemos llamar la simbólica; esta simbólica ha sido, en general, muy bien estudiada, en lo referente a las sociedades del pasado, por medio de las obras de arte que la ponen en funcionamiento, pero, ¿la estudiamos o nos disponemos a estudiarla en nuestra sociedad actual? Habría que preguntarse qué queda de esos grandes símbolos en una sociedad técnica como la nuestra: ¿han desaparecido esos grandes signos, se han transformado, se han ocultado? Son éstas preguntas que podríamos plantearnos. Pienso, por ejemplo, en una imagen de publicidad que se ve a veces en las carreteras francesas. Es una publicidad de una marca de camiones; es un ejemplo muy interesante, porque el publicitario que concibió ese cartel ha hecho mala publicidad, precisamente porque no pensó el problema en términos de signos; queriendo indicar que los camiones duraban mucho tiempo, representó una palma de la mano cruzada por una especie de cruz; para él, se trataba de indicar la línea de la vida del camión; pero yo estoy persuadido de que en función de las reglas mismas de la simbólica, la cruz sobre la mano es aprehendida como un símbolo de muerte: aun en el orden prosaico de la publicidad habría que buscar la organización de esta simbólica tan arcaica.
    Otro caso de relación simple -estamos siempre dentro de la relación simbólica entre el objeto y un significado- es el caso de todas las relaciones desplazadas: quiero decir con esto que un objeto percibido en su integridad o, si se trata de publicidad, dado en su integridad, no significa sino por medio de uno de sus atributos. Tengo aquí dos ejemplos: una naranja, aunque representada en su integridad, no significará más que la cualidad de jugoso y refrescante: lo significado por la representación del objeto es lo jugoso, no todo el objeto; hay pues un desplazamiento del signo. Cuando se presenta una cerveza, no es esencialmente., la cerveza la que constituye el mensaje, sino el hecho de que está helada; hay también desplazamiento no por metáfora sino por metonimia, es decir, por deslizamiento del sentido. Estos tipos de significaciones metonímicas son extremadamente frecuentes en el mundo de los objetos; es un mecanismo ciertamente muy importante, porque el elemento significante es entonces perceptible -lo recibimos de una manera perfectamente clara- y sin embargo está en cierta manera anegado, naturalizado, en lo que podría llamarse el estar-ahí del objeto. Se llega de esta manera a una suerte de definición paradójica del objeto: una naranja, en este modo enfático de la publicidad, es lo jugoso más la naranja; la naranja está siempre allí como objeto natural para sustentar una de las cualidades que pasan a ser su signo.
    Después de la relación puramente simbólica, vamos a examinar ahora todas las significaciones que están añadidas a las colecciones de objetos, a pluralidades organizadas de objetos; son los casos en los que el sentido no nace de un objeto sino de una colección inteligible de objetos: el sentido aparece de alguna manera extendido. Hay que tener cuidado aquí en comparar el objeto con la palabra que estudia la lingüística y la colección de objetos con la oración: sería una comparación inexacta, porque el objeto aislado es ya una oración; es una cuestión que los lingüistas han elucidado bien, la cuestión de las palabras-oraciones; cuando usted ve en el cine un revólver, el revólver no es el equivalente de la palabra en relación a un conjunto más grande; el revólver es ya él mismo una oración, una oración evidentemente muy simple, cuyo equivalente lingüístico es: «He aquí un revólver.» Dicho de otra manera, el objeto no está nunca -en el mundo en que vivimos- en el estado de elemento de una nomenclatura. Las colecciones significantes de objetos son numerosas, especialmente en la publicidad. He mostrado un hombre que lee de noche: hay en esta imagen cuatro o cinco objetos significantes que coinciden para transmitir un sentido global único, el de distensión, descanso: está la lámpara, está la comodidad del jersey de lana gruesa, está el sillón de cuero, está el diario; el diario no es un libro; no es algo tan serio, es una distracción: todo esto quiere decir que uno puede beber tranquilamente un café, por la noche, sin excitarse. Estas composiciones de objetos son sintagmas, es decir, fragmentos extensos de signos. La sintaxis de los objetos es evidentemente una sintaxis muy elemental. Cuando colocamos juntos varios objetos es imposible atribuirles coordinaciones tan complicadas como las que se atribuyen en el lenguaje humano. En realidad, los objetos -sean los objetos de la imagen o los objetos reales de una obra teatral o de una calle- están ligados por una única forma de conexión, que es la parataxis, es decir, la yuxtaposición pura y simple de elementos. Esta clase de parataxis de los objetos es muy frecuente en la vida: es el régimen al que están sometidos, por ejemplo, todos los muebles de una habitación. El mobiliario de una habitación converge en un sentido final (un «estilo») mediante la sola yuxtaposición de elementos. Un ejemplo: se trata de la publicidad de una marca de té; es necesario, pues, significar no Inglaterra, porque las cosas son más sutiles, sino la anglicidad o la britanicidad, si puedo decirlo así, es decir, una especie de identidad enfática del inglés: tenemos, pues, aquí, mediante un sintagma minuciosamente compuesto, el cortinaje de las mansiones coloniales, la ropa del hombre, sus bigotes, el gusto típico de los ingleses por la náutica y la hípica, que está presente en las reproducciones en miniatura de esos navíos, en esos caballos de bronce, y finalmente leemos espontáneamente en esta imagen, a causa sólo de la yuxtaposición de cierto número de objetos, un significado extremadamente intenso, que es precisamente la anglicidad de la que hablaba.
    ¿Cuáles son los significados de estos sistemas de objetos, cuáles son las informaciones transmitidas por los objetos? Aquí no podemos dar más que una respuesta ambigua, porque los significados de los objetos dependen mucho no del emisor del mensaje sino del receptor, es decir, del lector del objeto. En efecto; el objeto es polisémico, es decir, se ofrece fácilmente a muchas lecturas de sentido: frente aun objeto, hay casi siempre muchas lecturas posibles, y esto no sólo si se pasa de un lector a otro, sino que también, algunas veces, en el interior de cada hombre hay varios léxicos, varias reservas de lectura, según el número de saberes, de niveles culturales de los que dispone. Todos los grados de saber, de cultura y de situación son posibles frente a un objeto y una colocación de objetos. Podemos incluso imaginar que frente a un objeto o una colección de objetos aplicamos una lectura propiamente individual, que invertimos en el espectáculo del objeto lo que se podría llamar nuestra propia psykhe: sabemos que el objeto puede suscitar en nosotros lecturas de nivel psicoanalítico. Esto no elimina la naturaleza sistemática, la naturaleza codificada del objeto. Sabemos que, aun descendiendo a lo más profundo de lo individual, no se escapa con ello al sentido. Si se propone el test de Rorschach a millares de sujetos, se llega a una tipología muy estricta de las respuestas; cuanto más creemos descender en la reacción individual, más encontramos sentidos en cierta forma simples y codificados: en cualquier nivel que nos coloquemos en esta operación de lectura del objeto comprobamos que el sentido atraviesa siempre de parte a parte al hombre y al objeto.
    ¿Existen objetos fuera del sentido, es decir, casos límites? Un objeto no significante, no bien es tomado a su cargo por una sociedad -y es imposible que esto suceda- funciona por lo menos como signo de lo insignificante, se significa como insignificante. Es un caso que puede observarse en el cine: es posible encontrar directores cuyo arte consiste en sugerir, por los motivos mismos del argumento, objetos insignificantes; el objeto insólito en sí no está fuera del sentido; hay que buscar el sentido: hay objetos delante de los que nos preguntaremos: ¿qué es esto? Eso genera una forma ligeramente traumática, pero esta inquietud, finalmente, no dura, los objetos proporcionan por sí mismos cierta respuesta, y con ello, cierto apaciguamiento. Hablando de manera general, en nuestra sociedad no hay objetos que no terminen por proporcionar un sentido y reintegrar ese gran código de los objetos en medio del cual vivimos.
    Hemos llevado a cabo una especie de descomposición ideal del objeto. En un primer tiempo (todo esto ha sido puramente operacional), hemos comprobado que el objeto se presenta siempre ante nosotros como un útil funcional: es tan sólo un uso, un mediador entre el hombre y el mundo: el teléfono sirve para telefonear, la naranja para alimentarse. Luego, en un segundo tiempo, hemos visto que, en realidad, la función sustenta siempre un sentido. El teléfono indica un cierto modo de actividad en el mundo, la naranja significa la vitamina, el jugo vitaminado. Pero sabemos que el sentido es un proceso no de acción sino de equivalencias; dicho de otra manera, el sentido no tiene un valor transitivo; el sentido es de alguna manera inerte, inmóvil; puede, por ende, decirse que en el objeto hay una suerte de lucha entre la actividad de su función y la inactividad de su significación. El sentido desactiva el objeto, lo vuelve intransitivo, le asigna un lugar establecido en lo que se podría llamar un cuadro vivo del imaginario humano. Estos dos tiempos, a mi entender, no son suficientes para explicar el trayecto del objeto; añadiré por mi parte un tercero: es el momento en que se produce una especie de movimiento de retorno que va a llevar al objeto el signo a la función, pero de una manera un poco particular. En efecto, los objetos no nos dan lo que son de una manera franca, declarada. Cuando leemos una señal del código de circulación recibimos un mensaje absolutamente franco; ese mensaje no juega al no-mensaje, se brinda verdaderamente como un mensaje. De la misma manera, cuando leemos letras impresas tenemos la conciencia de percibir un mensaje. A la inversa, el objeto que nos sugiere sigue siendo sin embargo siempre a nuestros ojos un objeto funcional: el objeto parece siempre funcional, en el momento mismo en que lo leemos como un signo. Pensamos que un impermeable sirve para proteger de la lluvia, aun cuando lo leamos corno el signo de una situación atmosférica. Esta última transformación del signo en función utópica, irreal (la moda puede proponer impermeables que no podrían proteger en absoluto de la lluvia), es, creo, un gran hecho ideológico, sobre todo en nuestra sociedad. El sentido es siempre un hecho de cultura, un producto de la cultura; ahora bien, en nuestra sociedad ese hecho de cultura, es incesantemente naturalizado, reconvertido en naturaleza, por la palabra que nos hace creer en una situación puramente transitiva del objeto. Creemos encontrarnos en un mundo práctico de usos, de funciones, de domesticación total del objeto, y en realidad estamos también, por los objetos, en un mundo de sentido, de razones, de coartadas: la función hace nacer al signo, pero este signo es reconvertido en el espectáculo de una función. Creo que precisamente esta conversión de la cultura en pseudonaturaleza es lo que puede definir la ideología de nuestra sociedad".