20/9/11

CONTROL SOCIAL, MASS MEDIA Y CONSTRUCCION DE LA REALIDAD


Sergio Ciancaglini, de lavaca.org, y Raúl Zaffaroni


En el marco del Primer Congreso Internacional de Periodismo Autogestionado, realizado en el Bauen Hotel de la Ciudad de Buenos Aires, el Dr. Raúl Zaffaroni (ver CV) brindó una clase magistral bajo el título “Lo legal y lo legítimo”. Comparto con Uds. un resumen de su exposición:

“Estamos en un momento de poder planetario llamado globalización, como hubo otros denominados colonialismo o neocolonialismo, por suerte el poder planetario tuvo contradicciones y gracias a ellas estamos vivos. Pero también es un momento de revolución tecnológica en que el poder más que nunca, depende del saber, es decir del know-how ”, así arrancó el Doctor Zaffaroni su clase magistral en el Salón Bolivar del Hotel Bauen, recuperado por sus trabajadores. Según Zaffaroni hoy el mundo tiende a dividirse ya no entre explotadores y explotados sino entre incluidos y excluidos en donde no hay dialéctica porque el excluido está de más. Por lo tanto, para Zaffaroni el reestablecimiento de la dialéctica estaría dada por esa lucha por el saber. “Hoy tenemos las posibilidades que no teníamos hace 30 o 40 años porque la información está a nuestro alcance. Y los excluidos tienen algo que los incluidos no tienen que es tiempo. Y si ese tiempo se organiza, para apoderarse del saber, la sociedad se transforma”. Decreta con estilo premonitorio el Doctor al que algunos llaman Raúl y otros Eugenio. Zaffaroni hace un recorrido sobre la historia de los derechos humanos que tiene que ver con el título de la charla: lo legal y lo legítimo. En realidad lo que viene a contar Zaffaroni es lo que todos sabemos, o por lo menos intuimos, que lo legal tiene que ver con lo escrito. El comienzo de su charla se asemeja al inicio de un cuento: “Un día del año de 1948 se hace la Declaración Universal de Derechos Humanos que la aprueba todo el mundo. Como ustedes saben que una Declaración en el derecho internacional tiene el valor de una buena voluntad. Tardaron luego treinta años en hacer los tratados que eso sí ya es ley. Los realizaron cuando estaban dadas las condiciones políticas. Pero también se puede decir que en el 48′ se hizo una Convención Internacional de lucha contra el Genocidio. Sí, sólo que recortaron tanto el concepto de genocidio que quedó bastante mezquino. Porque había que definirlo en forma tal que no entraran todas las masacres que habían cometido los europeos en África ni la que había cometido Stalin ni la de Hiroshima y Nagasaki. Plantearon un concepto de genocidio que hasta el día de hoy nos preguntamos qué es un genocidio cuando hay mas de un millón de muertos, de repente”. “Todo esto forma parte de la historia formal, o historia legal, pero hay una historia real de los derechos humanos”. Ahí vamos entonces.“¿Hay otra historia?” pregunta Zaffaroni y se responde: “Sí, hay otra historia”. Señoras y señores esta historia que viene a hablar Zaffaroni es inversamente proporcional a la que estudian la legalidad de los Derechos Humanos que dicen que los derechos se clasifican de la siguiente manera:
  • los derechos de primera generación que son los individuales; 
  • los de segunda generación que son los sociales; 
  • los de tercera generación que tienen que ver con el desarrollo sustentable. 
Zaffaroni dirá que la historia real es inversa. Desarma, entonces, el esquema que organizaron los que supuestamente estudian la legalidad de los Derechos Humanos y lo vuelve a armar. Dirá Zaffaroni que para nosotros y desde el margen, el derecho de primera generación es el derecho al desarrollo y crecimiento gradual y racional. Los de segunda generación son los de derechos sociales como los consagrados por la Constitución mexicana de 1917 (primera en el mundo). Y los de tercera generación serían los individuales. Este Doctor que sobre en America Latina sabe mucho y fue autor de proyectos de reformas a los códigos penales argentino, ecuatoriano, boliviano y costarricense, señala: “El derecho al desarrollo es por lo que pelearon nuestros libertadores en contra del colonialismo. Después decimos que copiamos Constituciones liberales, como la de Estados Unidos porque era el único modelo republicano hasta ese momento, que cada uno, fue adaptando o arruinando con declaraciones de derecho pero que no se cumplieron nunca. Tuvimos en nuestra región latinoamericana Constituciones liberales de respecto autonomía, a la libertad de las personas con realidades semi-feudales, no digo feudales porque es un fenómeno europeo”.
Zaffaroni continua su disertación frente a un público atento, inmutable y admirador de este hombre que fue designado Doctor Honoris Causa en varias universidades del mundo, entre ellas de Perú, Italia, Brasil, Uruguay, Bolivia, entre otras, y que afirma que teníamos un deber ser (dado por las Constituciones liberales) inmerso en Repúblicas oligárquicas. ¿Cómo explicaron esta contradicción nuestras olirgaquías?, Zaffaroni entonces responde de manera clara y precisa: “Racistamente. Se creían los iluminados que debían ejercer el poder político sobre lo que ellos consideraban ‘la indiada o negrada’ y no podían permitir la autogobernación porque iba a ser el caos”.
Sin embargo e incluso con aquellas realidades, porque como explica Zaffaroni todo grupo que el avance civilizatorio quiso marginar vino a parar a nuestros suelos, America Latina dio lugar a movimientos de ampliación de la base de ciudadanía real muy diferentes: como el cardenismo en México o el peronismo o yrigoyenismo en Argentina, entre otros. Entonces Zaffaroni interroga: “¿Por qué estamos acá?; ¿Por qué algunos sabemos leer o escribir y pudimos llegar a la Universidad? Y dispara: “Por los populismos, con todos sus defectos y todas sus críticas que se le puedan formular, pero que empalidicen cuando vemos las masacres y las brutalidades cometidas por los contrapopulismos que quisieron frenar la realización de los derechos humanos economicos, sociales y culturales”.
Señala entonces que estos adalides de los contrapopulismos se hacen llamar liberales. “Yo pregunto si es liberal bombardear la Plaza de Mayo. Yo pregunto si es liberal fusilar sin juicio previo. Yo pregunto si es liberal derogar una Constitución por bando militar. Yo pregunto si es liberal desaparecer 30.000 personas”. Se interroga Zaffaroni que es profesor titular y director del Departamento de Derecho Penal y Criminología de la Universidad de Buenos Aires, que en el año 2007 la Universidad de Buenos Aires, distinguió al Doctor como Profesor Emérito y que en el año 2009 el jurado mundial independiente lo galardonó con el Premio Estocolmo en Criminología.
Rendondeando la charla este Doctor que sabe mejor que nadie sobre lo legal y lo legítimo pero sobre todo conoce sus diferencia dilucida que en los últimos años aparece un fenómeno mundial muy particular, que ocupa el centro de toda compaña política y se trata del control del delito. Zaffaroni irá al grano: “Toda proclama golpista viene acompañada de un anuncio sobre el descontrol de la situación criminal. Si bien esto no es nuevo, nunca había sido publicidad de campaña”.
Inserta el tema: “¿Qué hay detrás de este fenómeno?” Y lo explica: “Hay una construcción de un “ellos” de enemigos. Hay un grupo social marginado y excluido que no se lo puede sacar de ese lugar. ¿Cómo se genera? A través de una técnica de comunicación social en donde el ciudadano medio no es ya el trabajador sino una víctima. Los medios buscan una víctima capaz de crear cierta empatía, se lo convierte en víctima héroe, se le brinda un enorme escenario mediático y en plena elaboración del duelo de una pérdida se le hace decir todo lo que el enuniciador mediático no puede decir. Ojo, a la víctima héroe la destruyen, les importa un comino. Por supuesto el tema de ‘gatillo fácil’ no aparece”.
Zaffaroni cuenta que esta técnica se creó en Estados Unidos pero de manera viral se universalizó a través de la comunicación de entretenimiento. “Si ustedes hacen zapping en la televisión van a ver una serie de homicidios en un rato que en el país no se cometen en un año con protagonistas psicópatas que resultan ser los héroes. Hay que tener cuidado porque internalizamos estas historias desde muy temprano y porque usamos la televisión como baby sister. Entonces el modelo punitivo se extiende a toda la conflictividad social”.
Para Zaffaroni tenemos una televisión que controla al poder político. Y el poder político responde con “leyes locas y descalabradas”. El resultado de este control lo explica al finalizar la charla: “Dentro de la prisión tenemos un diez por ciento de ‘psicopatones’ medios peligrosos y el otro 90 por ciento son ladrones burdos, vendedores minoristas de tóxicos prohibidos y mulas. Si me preguntan qué poder político implica criminalizar y prisionizar a un grupo de personas sin poder de los sectores más carenciados, mi respuesta es que no hay poder político. Es poder represivo que se ejerce sobre los que estamos sueltos con el pretexto de los que están presos. Y cada día estamos más controlados”.

Fuente: http://www.periodismoautogestionado.org/

A continuación de la clase magistral el Dr. Zaffaroni realizó una entrevista con la periodista Graciela Pérez del periódico Miradas Al Sur. Esta es la nota publicada en la edición del domingo 18 de septiembre en la ciudad de Buenos Aires:

Raúl Eugenio Zaffaroni:
“Los medios construyen realidad”
El juez de la Corte Suprema propone que los medios cuestionen su propia ética periodística. Schoklender y el caso de Candela.
"Creo que hay algunas cosas que habría que reflexionar por parte de algunos propietarios de los medios de comunicación, como la autolimitación ética”, dice Raúl Eugenio Zaffaroni a Miradas al Sur. El magistrado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación dialogó ayer con este dominical, minutos después de terminar su exposición en el marco del “Primer Congreso Internacional de Periodismo Autogestionado”, que se desarrolló en el Hotel Bauen. La utilización política del caso Schoklender en un año electoral, la intromisión del poder legislativo en cuestiones judiciales, el accionar peligroso de los medios en el caso Candela Rodríguez, la ética periodística, el crimen organizado, la Ley de Quiebras y los vicios de la Justicia, fueron algunos de los temas que abordó.
–La oposición va a pedir que Sergio Schoklender hable en el Congreso para dar explicaciones de los fondos públicos destinados a viviendas sociales. También Schoklender acusó a las Madres e involucró a Hebe en este asunto. ¿Cómo ve del lado de los medios esta cobertura?
–Es claro que en el medio de una campaña electoral esto pesa y toma un color diferente en lo que sería fuera de la campaña. Se tiende a politizar todo para tratar de sacar una ventaja electoral de esto, lo cual distorsiona un poco las cosas. Entre las facultades del Congreso de la Nación, para citar a un ciudadano, primero se debe conformar una comisión investigadora, que tiene que ser aprobada, antes que nada. En segundo término, las facultades de estas comisiones investigadoras están muy discutidas. Yo no voy a adelantar cosas pero pregunten a los hombres sabios en cuestiones constitucionales, y verán que históricamente es un tema bastante discutible que se meta el Congreso en cuestiones judiciales. Lo otro es que son distintos movimientos en una campaña electoral. En política, cada uno trata de tirarle al otro con lo que puede y con lo que tiene. A Dios gracia, no tiran cadáveres.
–¿Se puede decir que hay como una especie de tiro por elevación hacia las Madres para intentar llegar al Gobierno?
–Hacia las Madres, los derechos humanos, para tener más votos en una campaña electoral. Hay picardías políticas, es parte de la democracia, es así.
–Yendo al caso Candela Rodríguez, ¿cómo analizaría la construcción del rol de la víctima en los medios de comunicación?
–Obviamente fue un secuestro con características particulares, un secuestro extorsivo. Por suerte, nuestra policía ha sido bastante eficaz en cuanto al desmantelamiento de bandas de secuestradores. Hay una tipología de secuestro extorsivo. Existe el secuestro extorsivo express, que lo puede hacer cualquiera y que por lo general es más cercano al robo que al secuestro. Aunque jurídicamente sea un secuestro, pero en el ámbito criminológico está más cercano al robo. Luego está el secuestro extorsivo que puede tener cobertura por parte de algún delincuente disfrazado de policía. Este tipo de secuestro normalmente es más detectable. Cuando un policía se pasa a la delincuencia, el entrenamiento que tiene hace que siempre actúe con cobertura. El delincuente común siempre actúa a la defensiva y tiene más posibilidades de dejar marcas. Luego está el secuestro organizado por una banda de secuestradores. Es más difícil, un delito muy complejo, se necesita lugares donde poner al secuestrado porque no se lo puede tener mucho tiempo en el mismo lugar, ya que llama la atención. También se necesita la participación de varias personas, lo cual dificulta el éxito de la operación. Insisto, este secuestro de bandas no lo tenemos en el país. Nuestra policía actúa bien. Si se debe tener mucho cuidado en la comunicación, para no transmitir que el secuestro es un delito fácil y un negocio rentable, porque si se transmite esta idea lo que cunde es el secuestro bobo. El idiota que cree eso, practica un secuestro, es reconocido por la víctima y es un secuestro más peligroso para la vida del secuestrado. Hay una regla principal, cuando la víctima tiene privada su libertad está amenaza su vida, y hay que ser muy prudente con la información. Lo que uno diga, no lo dice sólo al público, sino que también a los delincuentes.
–¿Cuál cree que fue el tratamiento en este caso?
–Fue atípico porque el secuestro lo fue. Comienza como un caso vinculado a trata y después se va derivando a otra cosa que no está muy clara hasta el día de hoy. Cualquier cosa que dijera sobre el hecho concreto sería un absurdo desde mi punto de vista, porque no tengo acceso a la investigación. El accionar fue peligroso para la vida de la víctima. Siendo un secuestro atípico, pudo haber sido un psicópata. Y acorralar a un psicópata no es lo más aconsejable porque se pone en juego la vida de una persona. Creo que hay algunas cosas que habría que reflexionar por parte de algunos propietarios de los medios de comunicación como la autolimitación ética. El riesgo que corre esto es poner en riesgo la libertad de expresión. Si se reiteran hechos de esta naturaleza, no faltan los censuristas y alguien va a salir con un proyecto de ley para hacerse nombre, diputado fulanito que nadie conoce y que sale con el proyecto fulanito sin contenido. Eso no me gusta de ninguna manera. Alguna regla frente a algunos hechos, creo que debería ser materia de autocrítica de algunos medios. Por ejemplo, publicitar lo menos posible, quizás también tiene que ser materia de investigación por científicos, técnicos, especialistas en ciencias sociales; cómo se puede informar sin publicitar. Todos sabemos cómo se puede exagerar con la publicidad. Si se habla de una ola de suicidios, se puede inducir a una epidemia de suicidios. Otra es que mientras la vida de una persona permanezca en peligro, hay que tener cautela.
–Varias críticas hubo en este caso. Una fue que en mucho de los allanamientos no se contaba con orden judicial y, a la vez también, el discurso de la propia madre, poco conciliador, como si no tuviera asesoramiento frente a los medios.
–No quiero meterme en el hecho concreto porque no sé ni qué sabían las autoridades, el fiscal, la policía. En una investigación hay filtraciones que son provocadas por los mismos medios que quieren la noticia. En realidad, son delitos por parte del que provoca la filtración porque está divulgando el secreto, está violando un deber público, pero sabemos que eso pasa y que luego queda encubierto por la reserva de la fuente de información. Es lamentable pero pasa. Participa mucha gente, no todos son autoridades, a veces es el que pasa una cosa en la computadora.
–¿Se podría decir que hay un aumento del crimen organizado en el país? 
–Indiscutiblemente si tomamos 30 o 40 años sí, porque irrumpe la revolución comunicacional, entran nuevos tráficos y técnicas. Hace 30 años no teníamos la misma incidencia en tráfico de personas, armas, trata de personas, tóxicos. De cualquier manera, estamos políticamente protegidos. No estamos en la misma posición que México, por ejemplo. No somos país productor, no estamos al lado del un país demandante consumidor. Pero sí, el crimen organizado ha aumentado en todo el mundo aunque es un concepto que yo pongo en duda porque incluye varias cosas y tratamos de meter en la misma bolsa cosas distintas. Si metemos en la misma bolsa a una banda de secuestradores y a un banco que hace dos o tres lavados de dinero por año, no sirve para nada. Cada uno de ellas necesita medidas concretas, se tiene que atender la particularidad de cada cosa.
–En materia de accionar judicial, ¿cómo evaluaría estos 25 años de democracia? Avances y retrocesos dentro de la Justicia, teniendo en cuenta que se modificó la Corte Suprema y que hay ciertos jueces que están fugitivos y se los está buscando por su accionar en los años de plomo.
–Creo que de alguna manera el perfil del Poder Judicial está cambiando. La reforma del ’94, la designación de jueces a través del Consejo de la Magistratura. Me gustaría que no se sea arbitrario en nada.
–¿Qué es lo más difícil de modificar?
–El perfil judicial. Lo estamos viendo con los años, se va modificando de manera generacional. En ningún momento nadie pensó que se podía modificar el perfil judicial cambiando radicalmente todo el Poder Judicial. No podemos encargar que nos manden jueces enlatados de Groenlandia. Vamos con esto y lo mismo ha pasado en Italia cuando parte del Poder Judicial falló y se puso en funcionamiento uno nuevo. Hay que estar atentos porque va a dar resultados muy positivos porque se puede pelear contra la corrupción política, contra la mafia, seguir adelante. Lo mismo ha pasado en España con un poder judicial franquista. Como todo lo que hay en el aparato penal, policías también. No podemos pensar que vamos a cambiar todo de golpe. Desgraciadamente es como un barco que hay que ir arreglando mientras sigue navegando.
–Hoy hablaba del poder de los medios para con la política, ¿se podría decir que hay cierta complicidad de políticos y jueces con los medios para figurar, para no ser excluidos, y por eso apoyan a medios hegemónicos con amparos judiciales contra la ley de medios o declaraciones en contra de la pluralidad de voces?
–Concretamente, de la ley de medios no puedo decir nada. Es algo que tenemos que resolver. Indiscutiblemente, los medios son un factor de poder, lo reconozco, y que construye realidad. Es el teorema de Thomas. No importa si algo es verdadero o falso, importa que se lo de por verdadero. Los medios construyen realidad por lo que si decimos que llegaron los marcianos y no es así, no importa, aunque estemos todos locos. Eso juega en cada tema y también en la ley de medios pero no puedo opinar sobre eso.
–Termina de dar una charla en el Bauen, empresa recuperada. ¿Cómo viene el tratamiento dentro de la Justicia de la Ley de Quiebras y sus recientes modificaciones?
–Yo espero que haya avance. Tengamos en cuenta que estas modificaciones son una innovación que avanza sobre todo lo que es un hecho concursal que está pensado para otra cosa. Los jueces tendrán que ir acostumbrando la cabeza a una nueva perspectiva. Es una ruptura importante a un derecho concursal que ha tenido siempre por objeto, y centro de los intereses, a los acreedores. Es un desafío para cualquiera que ha pensado siempre el derecho de una manera y de un momento a otro tiene que pensarlo de otra. Los juristas tenemos una tendencia a resistirnos a incorporar componentes. “Me está desarmando la estantería, ¿qué hace?, yo la tenía armadita.” Es un poco eso.
–¿También pasa por el pensamiento individual de cada juez?
–Independientemente de su posicionamiento ideológico, es el entrenamiento. Venimos con cierto entrenamiento, tenemos la casa en orden, viene uno, se altera todo el armario, se cae la base y hay que ver quién lo hace pero hay cierta resistencia. No es necesariamente una cuestión ideológica, se puede ser un reaccionario, un fascista. Me enseñaron toda la vida a pensar esto de una manera y pensar de otra cuesta. Es una especie de entrenamiento profesional.

5/9/11

1º CONGRESO INTERNACIONAL DE PERIODISMO AUTOGESTIONADO

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El viernes 9 y el sábado 10 de septiembre se realizará en el Bauen Hotel de la Ciudad de Buenos Aires el Primer Congreso Internacional de Periodismo Autogestionado.

La consigna “Las lecciones del hacer” servirá de disparadora para las exposiciones de Franco “Bifo” Berardi, militante ecologista proveniente de Italia, el filósofo argentino (UBA) Alejandro Piscitelli, especialista en nuevas tecnologías de la comunicación, Richard Stallman, promotor internacional del sofware libre, el Dr. Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de Justicia y María Galindo, referente del colectivo feminista anarquista boliviano “Mujeres creando”.

Este es un detalle de las clases magistrales:

  • El poder de la imaginación colectiva,  
  • Revolución Gagá: redes y cambios sociales,  
  • Software libre y derechos humanos,  
  • Lo legal y lo legítimo, 
  • Machismo y periodismo: la autogestión feminista.
A continuación un detalle de los talleres:

  • “Cómo se hace un diario” a cargo del grupo autogestionado La Posta, de Lincoln, que imprimirá un diario en vivo y en directo durante las 2 jornadas.
  • Cómo se hace un libro, a cargo de la cooperativa Elosia Cartonera.
  • “La calle es nuestra”. A cargo del Grupo de Arte Callejero.
La inscripción es libre y gratuita y se entregarán certificados de asistencia. El Congreso está organizado por el Programa Trabajo Autogestionado, del Ministerio de Trabajo de la Nación en conjunto con los medios del sector.
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En la jornada de cierre el periodista Victor Hugo Morales presentará el libro “Periodismo con valores” que narra las vivencias de nueve medios de todo el país en su etapa fundacional como cooperativas, luego del vaciamiento empresarial al que fueron sometidos bajo el pretexto de las crisis cíclicas de nuestro país.

El cierre estará a cargo del colectivo “El Culebrón Timbal”.

Para inscribirse, consultar el programa y leer más sobre los invitados y participantes pueden sivistar el sitio http://www.periodismoautogestionado.org/



Estos son los fundamentos del Congeso:

Los desafíos de la comunicación autogestiva

Por qué

Existe una enorme cantidad de organizaciones que proponen un cambio social a través de la comunicación como herramienta, ya no sólo de inclusión sino de transformación de conductas cotidianas, valores sociales y políticas locales y nacionales. Se trata de experiencias que en vez de trabajar y alentar meramente el concepto de la noticia como mercancía -que sitúa a la comunidad como simple receptor y a la comunicación como mera generadora de recursos económicos- se proponen convertir a la sociedad en productora de sentido.

Estos proyectos alientan una cultura del protagonismo, donde la participación se convierte en la esencia de la construcción social. Estas prácticas fortalecen las identidades y promueven el tejido de redes solidarias y la organización comunitaria. Además, le disputan la construcción de los imaginarios sociales a los monopolios que han transformado la producción de noticias en medios de control de la opinión pública.

La autogestión ha sido una clave para poner en marcha, sostener y hacer crecer esta red social de comunicación. Dentro de este panorama, las cooperativas de trabajo son un ejemplo concreto que desafía cotidianamente las hegemonías informativas, organizando la producción en formas colectivas, democráticas y con claro sentido de responsabilidad social.

Abren, con su experiencia, otros interrogantes y desafíos. El debate social es clave para que se respondan en sintonía con la realidad de la que son hijas y deudoras. Estas jornadas pretenden no solo hacer visibles estas experiencias, en su conjunto, sino también y sobre todo actualizar la agenda de debate sobre qué representa la comunicación social hoy, cuáles son los compromisos que con su época tiene, qué nuevas subjetividades sociales construye en su interior y de qué manera está escribiendo nuevos paradigmas de hacer, pensar y crear la democratización de la producción de noticias.

Para qué

- Compartir tanto experiencias exitosas como tropiezos permite replicar y mejorar prácticas.

- Generar un espacio de encuentro fortalece redes y ayuda a afrontar en conjunto problemáticas comunes, muchas veces difíciles de enfrentar en soledad.

- Encontrarse con otros puede servir para optimizar recursos y potenciar capacidades.

- Transmitir saberes y conocimientos adquiridos en la práctica, de manera que no haya que comenzar de cero cada vez que se emprende un proyecto.

- Visibilizar un sector que es ignorado por los medios masivos de comunicación y los ámbitos académicos permite resaltar el valor de su trabajo cotidiano.

- Visibilizar los nuevos actores de la comunicación social.

- Promover la herramienta de la autogestión, cuyos desafíos abren nuevas problemáticas que requieren la mayor participación social en la formulación de respuestas.

- Fortalecer el vínculo entre la sociedad y los medios sociales, interceptados por los mecanismos de generación de valor social: académicos, corporativos y políticos.
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15/8/11

LA CRIMINOLOGIA MEDIATICA (CUATRO)


En las útimas entradas de Códigos Binarios venimos desarrollando los conceptos desarrollado por Raúl Zaffaroni alrededor de la figura de la Criminología Mediatica. 
Víctima de una campaña que responde a esa figura, a partir de una denuncia de la ONG La Alameda, comparto con Uds. una clase magistral brindada en la Facultad de Derecho de la UBA por el ministro de la Corte Suprema de Justicia en el marco de un acto de desagravio realizado el jueves 11 de agosto.
La presencia del rector de la UBA, Ruben Hallu, y el discurso de la decana de Derecho, Mónica Pinto, dieron cuenta de un explícito respaldo hacia Zaffaroni. Entre las mil personas presentes estaban Hebe de Bonafini, representando a la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas y Marta Vázquez, de Madres Línea Fundadora, además de las Abuelas de Plaza de Mayo, el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, distintos representante de diveros espacios políticos como Aníbal Ibarra, Vilma Ibarra, María Elena Naddeo, María José Libertino y Héctor Recalde, el ministro de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada, colegas como David Baigún, Arístides Corti y Eduardo Barcesat, junto a jueces federales, secretarios, académicos y estudiantes.
Este es el texto complete de la exposición:

Pedagogía del lapidado

Por Raúl Zaffaroni

Han llegado a mi conocimiento interpretaciones del hecho que me afecta vinculándolo con conflictos a los que soy por completo ajeno. En principio, a mi juicio no tiene esto nada que ver con cruces que puedan tener otros poderes del Estado con diferentes grupos empresariales o de medios ni con otros intereses. Las interpretaciones en ese sentido las respeto, pero corren por cuenta de quien las hace y no son la mía. Tampoco tienen nada que ver con este hecho personas a las que se pretendió vincular, como candidatos, dirigentes políticos y altas personalidades de la Iglesia. Todos ellos me merecen el mayor de los respetos que, por otra parte, es el mismo que he puesto de manifiesto en toda ocasión. Nos hallamos en una etapa electoral que, codazo más o menos, quienes recordamos tiempos oscuros, la vivenciamos como una fiesta de la democracia. En modo alguno debe permitirse que se mezcle con esto.
Aunque no sea sencillo, debemos calmarnos y observar con alguna distancia los hechos. Las difamaciones pasan, unos pocos las creen, otros pocos simulan que las creen, los más las repudian; las elecciones también pasan, unos las ganan y están felices, otros las pierden y quedan tristes, pero debemos todos juntos mantener las condiciones para que siempre vengan nuevas elecciones.
Para no confundir los hechos con el marco, prefiero elegir como tema para esta clase inaugural un análisis detallado del hecho en el marco de lo que en varias publicaciones vengo denominando criminología mediática.
- Observador participante. Las circunstancias han querido que me halle en la curiosa situación de un observador participante, cuyo rol es el de objeto de una tentativa fallida de construcción mediática de la realidad (en el sentido de Berger y Luckmann). No es posible asumir la función de observador participante sin estar involucrado en el hecho investigado, pero el éxito del método depende de la distancia que logre poner el observador a la hora de extraer las consecuencias.
- Caracterización del hecho. Estimo que el hecho puede caracterizarse como lapidación mediática. Sé que no faltan quienes prefieren linchamiento mediático, pero existe una diferencia sustancial, señalada por René Girard: en el linchamiento se toca materialmente a la víctima; en la lapidación se la persigue arrojando piedras hasta que ésta sucumbe o se precipita al vacío; los ejecutores son anónimos, nadie se atribuye el resultado y nadie se contamina físicamente con la víctima. En lo mediático, evitar la contaminación física es una coartada importante (¡Se mató solo! ¡Nadie lo tocó!). La lapidación responde al llamado de un empresario moral en el sentido de Bronislaw Malinowski, es decir, de alguien que llama la atención sobre un hecho e invita a arrojar piedras. Pero las motivaciones del empresario moral no necesariamente son las mismas de quienes se van sumando a la tarea lapidaria.
- Motivaciones. En este caso los lapidadores actúan con muy diferentes motivaciones. Veamos:
1. Una ONG en busca de promoción para desplazar a posibles competidoras.
2. Sectores minoritarios de seguridad afectados ávidos de venganza (y de advertir a otros) porque el lapidado promovió el secuestro de 4.000.000 de dosis de paco y el procesamiento de más de 100 personas.
3. Sectores de burócratas internacionales o de sus subordinados o lacayos locales, preocupados por lo que el lapidado discurre acerca del crimen organizado y en especial respecto del lavado de dinero. Tienen alcance internacional y se han ocupado de difundir el hecho.
4. Sectores vinculados a intereses locales a los que resulta molesta la actual composición del máximo tribunal y su prestigio nacional e internacional.
5. Sectores de los medios que difunden el discurso vindicativo y empujan hacia el Estado gendarme, molestos porque se les analizan y ponen de manifiesto sus técnicas y sus artimañas generadoras de pánico moral.
6. Personas con escaso éxito político –algunas sólo viven de la política y de la denuncia gratuita– a las que el hecho puede brindar un escenario que sus dotes no les ofrecen (Somos los únicos limpios, todos los demás son sucios).
7. Profesionales que ven afectados sus intereses por las sentencias del tribunal, sobre el cual no pueden ejercer poder.
8. Profesionales que ambicionan ocupar un día el lugar del lapidado y envidian su prestigio y conocimiento (¿Por qué él, si yo soy más?).
9. Empleados de empresas amarillistas que procuran obtener la noticia del año y ser premiados con algún emolumento complementario.
10. Personas vinculadas a la dictadura militar o a sus simpatizantes.
11. Quienes suponen que a través del lapidado pueden erosionar a otras instituciones o personas.
12. Personas ideológicamente enfrentadas (aunque este subgrupo por lo general es reducido, porque siempre quien tiene una ideología tiene también una cosmovisión y esto impone algunos límites éticos).
La lista de lapidadores puede extenderse, pues el enunciado anterior no es exhaustivo, aunque es suficientemente demostrativo de la pluralidad de motivaciones. Lo importante es destacar que sin un empresario moral no hay lapidación, pero que tampoco la hay si no existe una cantidad de personas dispuestas a escuchar su llamado y a lapidar, aunque sus motivaciones sean por completo diferentes.
- Perfil del agredido. El segundo elemento a tener en cuenta es el perfil del agredido. Ante todo debe elegirse a alguien al que se considera capaz de quebrarse o incapaz de resistir las pedradas. Cabe presumir que el perfil de quien por lo general tiende a resolver o minimizar conflictos lo hace porque es vulnerable. El lapidado piensa que la víctima tiene puntos débiles en su vida por los que puede entrar su ponzoña y, como no los conoce, proyecta sobre la víctima su propia inmoralidad como deducción. El apedreador arroja las piedras sin estar seguro de dar en el blanco y, con la esperanza de hallar alguna falla en la víctima, presume que ésta –al igual que él– sufre la misma carencia de escrúpulos y valores, por lo que puede equivocarse fácilmente.
Cuanto más inmoral es el apedreador, mayor es la inmoralidad que proyecta sobre la víctima, al imaginarla parecida a él. El lapidador imagina una combinación de morbosidad y ambición desmedida de poder y dinero. Aunque el lapidador no dé en el blanco sigue insistiendo sobre la víctima con la esperanza de golpear mejor, pero tampoco sabe muy bien si lo conseguirá, en especial cuando a la víctima no se le encuentran fallas reales escandalosas. El perfil respetable, conservador y solemne del agredido favorece los golpes del lapidador, pues puede más fácilmente tildar a la víctima de hipócrita, pero es mucho más difícil golpear a una víctima cuando ésta tiene perfil transgresor, como en este caso.
- Instrumento. El principal instrumento de lapidación es la prensa amarilla, que es una patología de la comunicación que por regla general tiene un público cautivo cercano al de la clientela de la pornografía. Esta empresa no conoce ningún límite ético. Si bien en la ética periodística existen muchas zonas grises, la empresa amarilla no reconoce ni siquiera los principios más elementalísimos de la ética, los viola todos. Si no hiciese esto carecería de capacidad de lesión al proyectar su propia inmoralidad sobre el lapidado.
Es interesante observar que la prensa amarilla se vale de un proletariado de jóvenes que cumplen las tareas menores y más desagradables, necesitados de su salario –que debe ser miserable– y que mientras arrojan piedras sobre el lapidado le piden disculpas porque están trabajando y hasta le envían mensajes más o menos anónimos de adhesión disculpándose por no aparecer públicamente en su defensa. Algo análogo suele suceder con algunos de quienes practican personalmente la tortura.
La inmoralidad de la prensa amarilla causa a estos jóvenes serios problemas de conciencia. Las consecuencias últimas de esta degradación del proletariado del amarillismo en la personalidad de los explotados no son menores, considerando que se trata de personas muy jóvenes y que conservan restos de dignidad y valores.
- Mecánica de la agresión. La mecánica de la lapidación mediática asumió en el caso una forma bastante compleja. Se abrió con la difusión de mails hackeados, adulterados e inventados, publicados en un sitio cuya dirección electrónica fue difundida por la prensa no amarilla. Primera tentativa de lesión a la autoestima de la víctima.
Previamente, la víctima fue sometida a un estudio completo a efectos de obtener información que pudiera ser material de extorsión. El resultado de esta investigación fue alertar al banco extranjero del que la víctima era cliente desde hacía veinticinco años y éste decidió cerrarle su cuenta en razón de ser una persona políticamente expuesta. (Cabe observar que si la víctima hubiese operado con un testaferro la cuenta no hubiese sido cerrada, lo que indica que algo anda mal en el mundo y no sólo en lo local.) El banco adoptó una actitud francamente discriminatoria con un cliente antiguo y con una cuenta cuyo movimiento era ínfimo y transparente. Se comunicó con el cliente y le informó poco menos que no quería problemas con un sudaca con un depósito despreciable. Segunda lesión a la autoestima de la víctima.
Sucesivos recados telefónicos eran dejados todos los días avisando lo que se publicaría en la prensa amarilla al día siguiente. Los llamados eran insistentes, reiterados varias veces al día, dejados en el contestador, remitidos a la cuenta de mail. El objetivo era mantener al hostigado en permanente estado de zozobra y alteración del sueño, induciendo una fijación persecutoria. Esto hubiese sido muy grave en caso de personalidad paranoide. También se buscaba que éste se preguntase permanentemente si había hecho algo errado. Frente a una personalidad culpógena esto podría acarrear una grave depresión e inducir errores de conducta. No fue el caso de la víctima de este hecho, que no tiene personalidad paranoide ni mucho menos culpógena, como máximo quizás un poco esquizoide.
Esos estados se potencian a través de los mismos métodos aplicados a todo el equipo de colaboradores, hostigados a distintas horas del día y de la noche. El objetivo fue desestabilizar a éstos, cada uno de los cuales tiene sus propias características conforme a las cuales reacciona y, en su afán por contener el avance del hostigamiento, desconciertan al hostigado, que se ve obligada a contenerlos. A ese efecto la prensa amarilla se agenció los teléfonos celulares de todo el equipo mediante procedimientos que no se conocen, pero no cabe descartar su carácter corrupto.
Paralelamente se procedió a instalar una guardia de fotógrafos en la puerta del domicilio particular del hostigado y a fotografiarlo cuando entraba y salía de la casa y a seguirlo cuando caminaba por la calle, como también a todas las personas que entraban y salían, a interrogarlas, a mostrar las fotos a los vecinos para que identificasen a cada uno, a fotografiarlo en el acto electoral, a interrogar al personal de servicio. Esto buscaba producir en la vida hogareña del hostigado el mismo efecto reproductor que con sus colaboradores, en forma tal de impedirle eludir la tensión y la zozobra en ningún momento del día ni de la noche.
Entre los hechos extraños que tuvieron lugar en forma contemporánea al hostigamiento se produjo la visita de una mujer, que intentaba entrar al domicilio del hostigado, con el pretexto de ejercer la prostitución y ofrecerse para armar una coartada. Si bien puede ser una coincidencia provocada por una persona desequilibrada, no cabe descartar otras hipótesis.
Con todo esto se busca que el hostigado esté fijado en el hecho en forma permanente, lograr que no piense en otra cosa, impedirle la distancia del hecho y la consiguiente reflexión y hasta el descanso. Si esto no doblega psicológicamente al hostigado, éste debe cargar con la pesada tarea de alertar constantemente a los colaboradores, convivientes, personal de servicio, vecinos, etcétera.
Uno de los objetivos del hostigamiento era individualizar al apoderado de la víctima, proyectando sobre ésta la propia inmoralidad en la idea de que esa persona era un testaferro encargado de sus negocios sucios. En realidad la desilusión debe haber sido absoluta. No dudo de que hayan acudido al Registro de la Propiedad y verificado que éste es un monotributista que sólo posee una casa prefabricada de fin de semana en una provincia y un automóvil. Otra pedrada sin eficacia.
Alertada la víctima por el llamado del banco extranjero y en pleno trámite de transferir el dinero de la cuenta al país en forma perfectamente legal, se mantenía atenta acerca de la posibilidad de manipulación deformadora de esta información, lo que llegó el día viernes, con el adelanto por recado de la noticia de que el sábado explotaría sobre ese hecho un segundo escándalo. Con seguridad que el banco no suministró información y la prensa amarilla volvió a proyectar su propia inmoralidad y presumió que había una cuenta oculta o una suma enorme e inexplicable de dinero. Por tal motivo el hostigado le abortó la maniobra con una conferencia de prensa en Santa Fe y expuso públicamente lo referente a la cuenta y a la actitud discriminatoria del banco. La prensa amarilla de inmediato desmontó el operativo del segundo escándalo.
Un periodista publicó la falsa noticia de que la víctima había mantenido en la Casa de Gobierno una reunión de alto nivel con ministros del Poder Ejecutivo. Esto tenía toda la intención de provocar una justificada indignación de la dirigencia política opositora contra el hostigado. Afortunadamente éste la pudo desmentir públicamente de inmediato y en general la actitud de los políticos fue sumamente mesurada y prudente.
Como parte del hostigamiento, un sujeto usó el nombre del hostigado en Twitter y después de enviar varios mensajes divulgó la noticia de que había renunciado, lo que desconcertó incluso a algún dirigente político y provocó una catarata de llamadas al tribunal y al interesado, creando mayor zozobra y tensión entre las personas que lo rodeaban en su trabajo y en su domicilio.
Provocada una reacción masiva de repudio contra la prensa amarilla, un diario publicó la noticia de que las muestras de apoyo y solidaridad del exterior son obtenidas por medio de una gestión oficial. El supuesto gestor oficial es absolutamente desconocido en todos los medios académicos y universitarios del exterior.
Un comunicador excedió el marco del poder mediático emplazando al hostigado a que comparezca ante alguno de los medios para los que trabaja a dar explicaciones, porque de lo contrario debería darlas en el Congreso de la Nación, exigencia curiosa y extraña por cierto, considerando que quien la formula carece de toda función pública o de representación popular.
La prensa amarilla, frente al desprestigio que le provocó una solicitada de numerosos periodistas de diferentes medios y colores, trató de descalificarla afirmando que una de las firmas correspondía a un periodista que no había autorizado su inclusión en la solicitada. Resultó ser la de un periodista homónimo.
Ante el fracaso de la lapidación frente a la reacción masiva de repudio, la prensa amarilla trató de poner distancia del hecho, afirmando que sólo se limitó a tomar una noticia de otro medio; lo cierto es que el otro medio es un diario que alcanza el punto máximo de impudicia e ictericia y que pertenece a la misma empresa. Esto puede obedecer a la tentativa de evitar una demanda civil, aunque no parece que le preocupe demasiado; cabe pensar que su preocupación finca en el repudio general y profesional y, en definitiva, en el ridículo, del que –como alguien dijo– no se vuelve.
Como ya no quedaba nada que aclarar ni agregar, un diario difunde supuestos enfrentamientos o malestares en el seno del tribunal, información que parece proceder de un personaje de triste figura y facies inexpresiva, que por lo general comunica trascendidos insólitos (usualmente llamados chismes) y que deambula escondiéndose detrás de las columnas del Palacio de Justicia.
- Objetivos de la agresión. Como las motivaciones que mueven a los lapidadotes no son las mismas, tampoco los objetivos coinciden: unos buscan destruir psíquicamente al hostigado, dese-quilibrarlo para que reaccione de modo erróneo, sorprenderlo en esa reacción y mostrarla como confirmación de su inadecuación a los reclamos del rol. Pero otros pueden buscar objetivos menos personales y más concretos: 1) obtener su alejamiento de la función y el desprestigio institucional; 2) inferirle el mayor daño posible; 3) generar una confusión política en medio de una campaña electoral; 4) provocar un enfrentamiento con los colegas del tribunal y desarmar la armonía y respecto que debe primar entre ellos; 5) desarmar el prestigio internacional de la víctima y anular su palabra en los foros extranjeros; 6) o simplemente causar confusión y afectar la vida democrática del país hasta donde les fuese posible.
- Razones por las que no fueron alcanzados los objetivos. Las razones por las que la lapidación no obtuvo el efecto deseado son varias, poniendo de manifiesto que la construcción mediática tiene límites.
En efecto: Si bien existió un problema de consorcio, la vinculación del hostigado con este problema nunca pasó de la firma de las escrituras traslativas de dominio de los inmuebles en que se practicaba, dado que no los administraba y tampoco firmaba los contratos de locación, todos a precios de plaza, nunca conoció a los inquilinos y en muchos casos ni siquiera los inmuebles. Como todo esto está perfectamente documentado, el hostigado no fue golpeado en su estabilidad emocional.
Por otra parte, las denuncias de trata de personas y de lenocinio no parecen tener fundamento en los hechos, pues hasta el momento lo que parecería haberse producido es la desnaturalización de los contratos de locación por violación de la prohibición de subalquilar y por la violación del reglamento de copropiedad en caso de eventuales molestias producidas por los subinquilinos.
Las afirmaciones de una diputada no han resultado fundadas y, además, ha admitido que conocía los hechos desde hace dos años, sin que lo notificara al hostigado, lo que indica su clara intención de reservarse la información y provocar el escándalo por la prensa amarilla durante la campaña electoral. La versión lapidaria no resulta convincente porque no puede mostrar cuál es la supuesta ventaja que alguien puede obtener de alquilar inmuebles al precio de plaza para que se ejerza la prostitución, cuando los puede alquilar al mismo precio para otro objetivo que no le acarrease problemas.
Menos aún lo hay para creer que un profesional que puede retirarse a la actividad privada y ejercer la profesión con buenos honorarios, incluso pagados por algunos de los que lo imputan (que lo quisieran a veces como abogado), emprenda una actividad absurda con su nombre y apellido y sin que le aporte ninguna renta mayor de la corriente.
Pero si bien la construcción de la realidad intentada excedía los límites de las posibilidades de ésta por inverosimilitud, en cuanto al hostigamiento lo que impidió que se alcanzase alguno de los posibles objetivos en el caso fue que el hostigado no carecía de experiencia política y mediática. Si el hecho se hubiese concretado contra una persona sin esa mínima experiencia, hubiese sido imposible evitar alguno de los objetivos dañinos propuestos. En síntesis: Por un lado se verifica que la construcción de realidad tiene el límite de la alucinación: una ilusión puede llegar a tener éxito, pero una alucinación nunca puede tenerlo. Por otro lado, se prueba que el hostigamiento tiene el límite que le pone la personalidad y la experiencia de la víctima.
- Consecuencias sociales del hecho. Evaluando el hecho en cuanto a sus consecuencias sociales negativas, podemos señalar tres diferentes niveles de efectos.
En el plano comunicacional, la generalización de esta metodología de hostigamiento crearía el grave riesgo de estimular a los que en toda sociedad tienen vocación de inquisidores para que un buen día impulsen una ley mordaza. Esto debe evitarse a cualquier precio; la única ley de prensa tiene ciento cincuenta y ocho años y es muy buena: es la Constitución nacional. No sólo no se necesita sino que es menester rechazar terminantemente cualquier intento de otra ley de prensa acerca de contenidos. El amarillismo no se combate con censura, sino con definiciones. Se lo combate evitando que los medios serios se mezclen con el amarillismo, aunque eso pueda arrojar algún rédito pasajero e inmediato. Esa mezcla venenosa debilita la credibilidad de los medios y fortalece a los partidarios de la censura.
Una vez aislado de los medios serios, el amarillismo no molesta, pues al igual que la pornografía tiene un público cautivo y hace su negocio, sucio pero tolerable, porque su público sabe lo que lee (este es el otro aspecto que lo asemeja a la pornografía).
En lo político, la generalización de estos hechos puede llevar a la opinión la impresión de que en la política y en la función pública nadie está limpio, que todos los candidatos son sucios, que todos se mueven por intereses bastardos, que no hay ideales ni vocación de servicio. Eso es la antipolítica y ésta es el campo de cualquier aventurero extrasistema y siempre fue el preludio de todas las dictaduras, con costos invariablemente muy altos para los pueblos.
En lo antropológico no puedo dejar de observar que para intentar destruir psíquicamente a una persona se requiere una pulsión de odio tan brutal que en otras condiciones se materializaría en forma directamente destructiva en el plano físico. Me pregunto qué mueve semejante pulsión destructiva. ¿Qué genera o motiva semejando grado de odio? Y llego a la conclusión de que en el fondo es el afán crematístico y de poder. Poder y dinero es la clave. ¡Son locos! ¡Están alienados! Han alcanzado un grado tal de alienación que olvidan el viejo adagio popular: no hay mortaja con bolsillo. Si es que ya no lo tienen, reunirán el dinero que les alcance para vivir muchas vidas, pero no los vivirán, porque hay una sola y única vida, con límite infranqueable. Quizás esta afirmación sea demasiado existencialista y, por ende, resulte un poco pasada de moda, pero no puedo dejar de llamar a la reflexión desde esta perspectiva frente a semejante grado de alienación.
Un día todos podemos estar en la cama de un hospital mirando al techo sin saber si mañana o dentro de un rato lo podremos ver. ¿Qué consolará a estas personas en ese momento? Se han olvidado que todo ser humano que nace es ya suficientemente viejo como para morir y mañana mismo podemos no estar. El afán crematístico les borra la conciencia hasta ese límite; Tánatos los domina por completo. Por suerte son los menos, porque de lo contrario la especie humana no tendría futuro y yo creo que lo tiene. La humanidad no está representada por ellos: prueba es la presencia de todos ustedes.

8/8/11

LA CRIMINOLOGIA MEDIATICA (TRES)


Desde el jueves 26 de mayo de 2011 el Diario Página 12 de Buenos Aires publicó semanalmente una serie de 25 entregas donde Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina, junto las ilustraciones de Miguel Rep, despliega una mirada alternativa sobre los temas más polémicos relacionados con la delincuencia, la seguridad, el derecho, el poder punitivo, la figura del Estado gendarme y el rol de los medios. 
En el fascículo 18 se sigue desarrollando el tema de la criminología mediática con especial interes en el rol de los políticos. 

Los movimientos políticos de restauración del Estado de bienestar actuales no son inmunes a la criminología mediática y suelen caer en sus juegos. Esto se traduce en una permanente ambivalencia frente al fenómeno: da la sensación de que no saben manejarse frente a la agresión que llevan adelante los partidarios del Estado spenceriano.
Los políticos no conocen otra criminología que la mediática. Por eso, frente a los embates de ésta, responden conforme a su discurso de causalidad mágica y, para demostrar que están preocupados por la seguridad, caen en la trampa de plegarse a sus exigencias. De ahí la adopción de medidas paradojales: autonomizan las policías, las dotan del poder de practicar golpes de Estado más o menos encubiertos cuando se las priva de fuentes de recaudación, sancionan leyes descabelladas, piden castigos para los jueces, etc.
Si bien algunos políticos hacen esto por oportunismo o por ideología autoritaria, no estamos ante una mayoría. Sostener lo contrario es caer en la antipolítica, y esto es lo mismo que anhelar una dictadura.
Los políticos desconcertados suelen creer que con concesiones contendrán el embate de la criminología mediática, pero en realidad corren serios riesgos de desdibujar su propia identidad ideológica. Y cuando en la política-espectáculo los personajes terminan pareciéndose demasiado, se abre el espacio para que la criminología mediática enarbole su bandera de la antipolítica.
La criminología mediática no tiene límites, va en un crescendo infinito y acaba reclamando lo inadmisible: pena de muerte, expulsión de todos los inmigrantes, demolición de los barrios precarios, desplazamientos de población, castración de los violadores, legalización de la tortura, reducción de la obra pública a la construcción de cárceles, supresión de todas las garantías penales y procesales, destitución de los jueces, etc.
El público reclama cada vez mayor represión por efecto de una criminología mediática que no es fácil detener, porque responde a demasiados intereses generados por ella misma, como todas las industrias de seguridad. Sin contar con que es muy difícil desviar hacia otras actividades la inmensa mano de obra ocupada en estos servicios, que son casi tres millones de personas.
La criminología mediática ha logrado que los Estados Unidos tengan más de dos millones de presos. ¿Alguien cree seriamente que un país puede albergar más de dos millones de personas dispuestas a asesinar? Nadie con cierta experiencia judicial puede leer muchos expedientes sin reprimir la sensación de que, fuera del círculo de autores violentos –y aun entre éstos– cada condenado parece más tonto y torpe que otro.
En definitiva –y, por supuesto, sin subestimar el daño que causan–, creo que en la enorme mayoría de los casos estamos prisionizando a torpes desconcertados y no a quienes eligieron en plenitud. Por el peso de la criminología mediática se llenan las cárceles con un tercio de personas sin condena, o sea, con torpes cuyo delito no ha sido probado.
Es una verdad de Perogrullo que para bajar los niveles de violencia en una sociedad es necesario motivar conductas menos violentas y desmotivar las más violentas. Fijado este objetivo estratégico, es necesaria una táctica basada en las técnicas de motivación de comportamientos. Lo curioso es que en otras áreas nadie pretende hacerlo con pensamiento mágico, sino con las mejores y más depuradas técnicas.
En cambio, sí se apela a una causalidad mágica cuando la sociedad quiere motivar conductas menos violentas y desmotivar las más violentas. En ese caso la ciencia social no tiene espacio y cada uno opina según el pensamiento mágico. Los simplismos más groseros y las hipótesis más descabelladas se retroalimentan entre la televisión, la mesa del café y las decisiones políticas.
La criminología mediática no puede eludir la necesidad de vestirse de científica y, para eso, convoca a sus expertos. En esto hay considerable diferencia entre norte y sur de nuestro planeta.
En el sur, la gran mayoría de los expertos de nuestra criminología mediática hablan de lo que saben (organización policial, dificultades de investigación, mejora del proceso, diagnóstico de algún caso particular) hasta que en un momento el conductor de tal o cual programa los interroga sobre el aumento del delito, de la criminalidad, las causas del delito, los factores sociales, si la droga tiene mucho que ver, si la liberación sexual tiene incidencia, si la desintegración de la familia pesa, si “esto” se arregla con planes sociales, con mayores penas… En otras palabras, les formula preguntas que sólo un criminólogo podría responder recién después de analizar investigaciones de campo que no se realizan en el país, porque no se les destina un mísero peso.
Ante la pregunta del conductor, el experto no puede dejar de responder. Allí es donde se produce el llamado “rizo de retroalimentación”: el experto reproduce el discurso de la criminología mediática; habla de lo que sabe y luego de lo que cree obvio (que, de hecho, es la realidad construida mediáticamente). Esto dota de autoridad científica a la criminología mediática.
En el norte las cosas son un poco diferentes… El enorme desarrollo alcanzado por el sistema penal norteamericano produjo expertos que integran el think-tank de la derecha made in USA, que venden bastante bien y que generan la industria de conferencias pagas, los suculentos derechos de autor, las entrevistas televisivas.
Los best seller criminológicos norteamericanos se comentan en generosos espacios de diarios que se suponen serios, dando lugar a una verdadera industria de fabricación de embustes criminológicos que se venden en los aeropuertos, junto a las novelas policiales y a las revistas pornográficas en sobre sellado. Todos ellos proyectan la imagen del crimen como un fenómeno individual. Para eso publicitan muchísimo las novedades de los biólogos y genetistas, pero terminan incurriendo en una confusión que no hace más que ocultar un renacimiento del peor reduccionismo biológico.
En líneas generales concurren cuatro actitudes diferentes: a) por un lado, la estafa científica de algunos escribidores; b) por otro, la ingenuidad de algunos científicos serios, que no son capaces de reconocer los límites de sus propios conocimientos, o sea, que saltan de la biología a la filosofía sin escalas; c) a todo eso se suma la ideología burdamente racista de algunos científicos y d) por último, el horrible guiso que cocinan los comunicadores o formadores de opinión mezclando todo lo anterior para reforzar la imagen puramente individual del crimen que proyectan como único riesgo social.
El reduccionismo biológico nunca desapareció del todo y el riesgo de su renacimiento –con amplia cobertura mediática– no puede subestimarse. Hasta no hace muchos años la ciencia apresurada tuvo gravísimas consecuencias letales, aunque también en su tiempo muy publicitadas.

Fuente: http://espectadores.wordpress.com

Estos son los links para bajar la colección en formato .pdf:
La cuestión criminal. Fascículos 1 al 8
La cuestión criminal. Fascículos 9 al 16
La cuestión criminal. Fascículo 18
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3/8/11

LA CRIMINOLOGIA MEDIATICA (DOS)


Desde el jueves 26 de mayo de 2011 el Diario Página 12 de Buenos Aires publicó semanalmente una serie de 25 entregas donde Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina, junto las ilustraciones de Miguel Rep, despliega una mirada alternativa sobre los temas más polémicos relacionados con la delincuencia, la seguridad, el derecho, el poder punitivo, la figura del Estado gendarme y el rol de los medios. 

En el resumen del capítulo 17 se respeta la división en tres secciones que Zaffaroni eligió para la versión impresa: 

1) La criminología mediática y la víctima-héroe

La criminología mediática actual se importa de Estados Unidos. Nuestra región, en cambio, carece de las condiciones necesarias para mantener a dos millones de personas presas y para bajar el desempleo mediante los servicios de vigilancia institucional. Por lo tanto, los efectos políticos difieren totalmente.
En el hemisferio norte la criminología mediática refuerza la política de prisionización de negros y latinos, y en Europa la expulsión de extracomunitarios. Pero en América Latina es imposible prisionizar a todas las minorías molestas –que tampoco son tan minorías–, con lo cual la venganza estimulada hasta el máximo se traduce en 1) mayor violencia del sistema penal; 2) peores leyes penales; 3) mayor autonomía policial con la consiguiente corrupción y riesgo político; 4) vulgaridad de políticos oportunistas o asustados; 5) reducción a la impotencia de los jueces.
A la criminología mediática no le interesan la frecuencia criminal ni el grado de violencia en una sociedad, porque en realidad no le importan los criminales ni sus víctimas. Por eso envía el mismo mensaje desde México (con más de cuarenta mil muertos en cinco años) hasta Uruguay (con un índice casi despreciable de homicidios dolosos), desde Centroamérica con las maras y los sicarios (como los que mataron a Facundo Cabral) hasta una esquina suburbana de Buenos Aires con los pibes tomando cerveza y fumando porro.
Entre otras cosas, la criminología mediática oculta al público la potenciación del control reductor de nuestra libertad. Al crear la necesidad de protegernos de Ellos, justifica todos los controles estatales –primitivos y sofisticados– para proveer seguridad. No lo olviden: lo que al poder punitivo le interesa no es controlarlos a ellos, sino a controlarnos a nosotros.
El miedo a un objeto temible es positivo: filogenéticamente condicionado, sirve para la supervivencia. En este sentido, el miedo a la victimización es normal cuando es proporcional a la magnitud del riesgo. Pero cuando se cree que un solo objeto es la única fuente de todos los riesgos y no hay otros, el miedo consiguiente deja de ser normal.
Este miedo anormal deja de cumplir su función de supervivencia cuando no les asigno importancia a los otros riesgos, y entonces me comporto temerariamente frente a ellos. Así, me cuido del robo y no me percato de que en mi propio hogar aumenta la violencia, o todos violamos la luz roja del semáforo de la esquina o, lo que es más grave, pido más vigilancia y cuando quiero darme cuenta los que me vigilan me secuestran.
La criminología mediática latinoamericana tiene una particular preferencia por los shows que enfrentan a algunas víctimas con los responsables de la seguridad (policías, políticos y si puede algún juez). Este espectáculo fija en el imaginario colectivo la peligrosa idea de que el Estado debe ser omnipotente, capaz de prevenir hasta los delitos y accidentes más patológicos e imprevisibles, que ningún país del mundo puede evitar.
Quien no ratifica lo que las víctimas o sus deudos expresan es estigmatizado como tibio, peligroso y encubridor, además de insensible al dolor ajeno.
En algunos casos, la criminología mediática da con la víctima ideal, capaz de provocar identificación en un amplio sector social. En tal caso la convierte en vocera de su política criminológica, y la consagra como víctima-héroe.
A la víctima-héroe se le hace reclamar represión por vía mágica y se prohíbe responderle, pues cualquier objeción se proyecta como irreverente frente a su dolor. Ante el peso de la presión mediática, son pocos los que se animan a desafiarla y a objetar sus reclamos. Los que más se amedrentan son los políticos que, desconcertados, tratan de ponerla de su lado redoblando apuestas represivas y descalificando a los jueces.
Cuando este proceso se agudiza, la víctima-héroe se vuelve inmostrable por disfuncional. En ese momento la criminología mediática la abandona e ignora hasta silenciarla por completo, sin importarle el daño psíquico que le ha provocado al interrumpirle la elaboración del duelo. La trata como a una cosa que usa y arroja cuando deja de resultarle útil.

2) La criminología mediática como reproductora

La criminología mediática se atrinchera en su causalidad mágica. Ni siquiera admite sospecha alguna sobre su propio efecto reproductor del delito estereotipado funcional, que le resulta imprescindible para sostener su mensaje e infundir el pánico moral.
Al mensaje contra la pretendida impunidad cuando las cárceles están superpobladas, el ciudadano común lo percibe como un mensaje de miedo. En cambio, las personalidades frágiles de los grupos de riesgo lo entienden como una incitación pública al delito: “delincan pues hay impunidad”.
Hace pocos años, un horrible homicidio múltiple de un matrimonio y su hijo menor en Italia dio lugar a un reforzamiento del estereotipo del albanés asesino, del cual la hija sobreviviente llegó incluso a hacer un identikit. La sorpresa fue grande cuando se descubrió que la autora era la hija ayudada por su novio… En estos casos la criminología mediática enmudece.
Es sabido que el criminal que desafía al poder causa fascinación. De hecho, siempre los grandes criminales han desatado pasiones, sobre todo si son jóvenes y más o menos hermosos.
Socialmente no es nada saludable fomentar esa fascinación, pero la criminología mediática lo hace y hasta último momento los muestra duros, masculinos, impávidos ante la muerte, parecidos a los héroes de la series. Si de prevenir el delito se trata, éste no parece el mejor método.

3) La criminología mediática y la política

En términos generales, la criminología mediática impulsa la tendencia a un estado autoritario cuyo modelo desemboca en un fortalecimiento policial que a su vez refuerza la autonomización de las corporaciones policiales, lo cual se traduce en arbitrariedad, y en la participación de la propia autoridad preventiva en la comisión de delitos. También en el aumento de la llamada “criminalidad organizada”, en la pérdida de control gubernamental, en la ineficacia creciente de la prevención de delitos graves, en la corrupción de autoridades políticas, en la tolerancia burocrática judicial o directa corrupción, en el debilitamiento o supresión de todos los controles democráticos, etc.
El pánico moral se produce cuando los medios que suministran la información supuestamente seria dedican muchos más minutos de televisión al homicidio del día, cuando los diarios de igual naturaleza dedican muchos más metros cuadrado de papel a lo mismo y trasladan la noticia roja a la primera plana, cuando más expertos son entrevistados y ante más gestos de resignada impotencia o reclamos de reforma a la ley con voz ahuecada de escuela de teatro muestran los comunicadores.
Nada de esto tiene que ver con la frecuencia real de la violencia criminal.
Las dictaduras juegan al máximo con la falsa idea de que sacrificando libertad se obtiene seguridad y orden. Así seducen a las personalidades más estructuradas e inseguras frente a cualquier cambio.
En las sociedades democráticas, la criminología mediática alterna entre colocar a la seguridad en el centro del debate político (y así incidir en la decisión electoral) y limitarse a mostrar un Ellos contenido (la guerra sigue, pero sin peligro inminente). Tampoco falta la ocasión de ataque generalizado a la política misma, mostrándola como mezquina y enfrascada en discusiones inútiles que además descuidan la vida de los ciudadanos.
Esto último es la antipolítica, eje central de los totalitarismos de entreguerras, que sostenían sus regímenes de partido único con la afirmación de que el pluralismo político era un fraccionamiento debilitante de la nación.
En alguna medida, la criminología mediática parece aspirar a que la interacción humana sea siempre mediada por la televisión. De allí el desconcierto y el desagrado frente a cualquier manifestación o celebración masiva no convocada por ella misma: cuanto menos se reúnan las personas, menos se comunicarán, menos oportunidades tendrán de reflexionar y por tanto de tomar conciencia de otra realidad.
Hoy la política asume en la región formas que muchas veces difieren de los populismos pasados. Sin embargo, cada vez que en alguno de nuestros países surgen movimientos o partidos que postulan seriamente la ampliación de la ciudadanía real mediante la incorporación de nuevas capas sociales, la criminología mediática aumenta su espacio y estridencia. La táctica völkisch y el consiguiente pánico moral forman parte del arsenal destinado a derrotarlos.
La criminología mediática actual forma parte del desbaratamiento del programa de Roosevelt, o sea, del Estado de bienestar. En la Argentina estalló con el retorno a la constitucionalidad, cuando el Estado de bienestar ya no podía ser demolido en base a dictaduras militares.
La criminología mediática no es producto espontáneo de las estrellas de la comunicación televisiva que muestran sus rostros de serios formadores de opinión y de custodios de la seguridad urbana, sino que éstos son el subproducto de intereses financieros mediatizados por las empresas comunicacionales. El fenómeno es mundial y la preocupación también: no perdamos la dimensión planetaria del problema.

Fuente: http://espectadores.wordpress.com

1/8/11

LA CRIMINOLOGIA MEDIATICA (UNO)


Desde el jueves 26 de mayo de 2011 el Diario Página 12 de Buenos Aires publicó semanalmente una serie de 25 entregas donde Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina, junto las ilustraciones de Miguel Rep, despliega una mirada alternativa sobre los temas más polémicos relacionados con la delincuencia, la seguridad, el derecho, el poder punitivo, la figura del Estado gendarme y el rol de los medios. 

Comparto con Uds. un resumen del capítulo 16 donde se comienza a analizar la variable mediática.

Las personas que a diario transitan las calles y toman el ómnibus y el subte junto a nosotros tienen la visión de la cuestión criminal que construyen los medios de comunicación (en otras palabras, se nutren –o padecen– de la llamada “criminología mediática”). Ahora bien, ¿por qué aceptan o están indefensas ante esta construcción de la realidad? Porque de ese modo bajan el nivel de angustia que genera la violencia difusa.
La criminología mediática siempre apela a una creación de la realidad a través de información, subinformación y desinformación en convergencia con prejuicios y creencias, y basada en una etiología criminal simplista asentada en la “causalidad mágica”. Aclaremos que lo mágico no es la venganza, sino la idea de una causalidad canalizada contra determinados grupos humanos, que en términos de la tesis de René Girard se convierten en chivos expiatorios.
Esta característica es inalterable. En cambio, varían mucho la tecnología comunicacional (desde el púlpito y la plaza hasta la televisión y la comunicación electrónica) y la personificación de los chivos expiatorios.
El aspecto central de la versión actual de la criminología mediática proviene del medio empleado: la televisión. Por eso, cuando decimos “discurso” es mejor entender “mensaje”, en consonancia con la imposición de imágenes.
Los críticos más radicales de la televisión son Giovanni Sartori y Pierre Bourdieu. Para el primero, una comunicación por imágenes siempre se refiere a cosas concretas, pues eso es lo único que pueden mostrar las imágenes. En consecuencia, el receptor es instado en forma permanente al pensamiento concreto, lo cual debilita su entrenamiento para el pensamiento abstracto.
El gancho de la comunicación por imágenes está en que impacta en la esfera emocional. A veces la imagen ni siquiera necesita sonido (la del 11 de septiembre era muda), sólo hablaba el intérprete. Por otra parte, tampoco informa mucho porque prescinde del contexto: es como si nos cortaran pedazos de películas y los mostraran aislados del resto del film.
Además, no siempre se percibe lo que se mira. En el libro El gorila invisible (sin ninguna alusión política) dos psicólogos norteamericanos demostraron que, puestos a ver la filmación de un partido para contar el número de pases, el 50% de los participantes en el experimento no registró que una persona disfrazada de gorila entraba al campo de juego y saludaba.
Además la interpretación recurre a un lenguaje empobrecido (se dice que la TV no usa más de mil palabras, cuando podemos llegar a usar unas treinta mil), y también a veces a contenidos implícitos (porque la corrección política impide que sean explícitos). En este último caso se insinúa mucho, dando la impresión estudiada de que se deja ver, lo cual halaga la inteligencia del destinatario que cree deducir el contenido implícito (¡qué vivo soy!) cuando en realidad es víctima de una alevosía comunicacional.
La criminología mediática crea la realidad de un mundo de personas decentes frente a una masa de criminales identificada a través de estereotipos. Así configura un ellos separado del resto de la sociedad, por ser un conjunto de diferentes y malos. Este ellos perturbador se construye por semejanzas, para lo cual la TV es el medio ideal pues juega con imágenes.
El mensaje es que el adolescente de un barrio precario que fuma marihuana o toma cerveza en una esquina mañana hará lo mismo que el parecido que mató a una anciana a la salida de un banco. Por ende, hay que separar de la sociedad a todos ellos y si es posible eliminarlos.
Este ellos se construye sobre bases simplistas, internalizadas a fuerza de reiteración y bombardeo de mensajes emocionales mediante imágenes: indignación frente a algunos hechos aberrantes (no a todos, sino sólo a los de los estereotipados); impulso vindicativo por identificación con la víctima (no con todas las víctimas, sino sólo con las de los estereotipados y si es posible ajenas a ese grupo, pues en tal caso se considera una violencia intragrupal propia de su condición inferior: se matan porque son brutos).
La criminología mediática no la emprende contra asesinos, violadores y psicópatas, pues éstos siempre fueron y serán condenados a penas largas en todo el mundo. Su objetivo es el ellos poroso de parecidos, que abarca a todo un grupo social joven, adolescente y, en el caso de New York, negros.
Identificados ellos, todo lo que se les hace es poco. Es más, según la criminología mediática, no se les hace casi ningún daño: todo es generosidad, buen trato e inútil gasto para el Estado, que se paga con nuestros impuestos.
Implícitamente este discurso reclama muerte. De vez en cuando la exigencia se hace explícita cuando algún desubicado viola los límites de la corrección política (aunque es rápidamente disculpado por el “exabrupto emocional”).
La criminología expresa su necrofilia en su vocabulario bélico, instigando a la aniquilación, que en ocasiones se concreta con fusilamientos policiales. Cuando se pretende encubrirlos, se esgrime en forma automática los supuestos datos del estereotipo: frondoso prontuario, cuantiosos antecedentes, drogado .
La efebofobia se manifiesta en todo su esplendor. En nuestra región, escuadrones de la muerte y vengadores justicieros completan el panorama de las penas de muerte sin proceso. Basta mirar las estadísticas para verificar que son muchos los países donde hay más adolescentes muertos por la policía que víctimas de homicidios cometidos por adolescentes.
La criminología mediática naturaliza estas muertes; incluso llega a disfrazar a los fusilamientos de enfrentamientos. Los presenta como episodios bélicos contra el crimen, donde el cadáver del fusilado es mostrado como signo de eficacia preventiva, como el soldado enemigo muerto en la guerra.
La criminología mediática asume el discurso de la higiene social: ellos son las heces del cuerpo social. Continuando el razonamiento –que aquí suele interrumpirse–, resultaría que este producto normal de descarte debe canalizarse mediante una cloaca: el sistema penal.
En cualquier cultura la causalidad mágica es producto de una urgencia de respuesta. Esto no obedece a desinterés por la causalidad, sino justamente a la urgencia por hallarla. En la criminología mediática sucede lo mismo: debe responderse ya; lo opuesto es prueba de inseguridad.
De esta manera, la criminología mediática reclama una respuesta imposible, porque nadie puede impedir lo ocurrido. Frente a la inevitabilidad del pasado la única respuesta es la venganza. Como es intolerante, la urgencia no admite la reflexión y ejerce una censura inquisitorial, pues cualquier tentativa de invitar a pensar es rechazada y estigmatizada como abstracta, idealista,teórica, especulativa, alejada de la realidad, ideológica, etc.
Esto se compadece a la perfección con la televisión, donde cualquier comentario más elaborado en torno de la imagen se considera una intelectualización que quita rating.
La urgencia de respuesta concreta y coyuntural lleva a dos grandes contradicciones etiológicas, pues por un lado atribuye la criminalidad a una decisión individual y por otro estigmatiza a un conjunto con caracteres sociales parecidos. Además, proclama una confianza absoluta en la función preventiva disuasoria de la pena, pero al mismo tiempo promueve la compra de todos los medios físicos de impedimento y defensa.
La criminalidad mediática nos convierte a todos en consumidores de la industria de la seguridad y en pacíficas ovejas que no sólo nos sometemos a las vejaciones del control sino que incluso las reclamamos.
Para el pensamiento mágico de la criminología mediática, la guerra contraellos choca con el obstáculo de los jueces, su blanco preferido. De hecho, se da un banquete cuando un excarcelado o liberado transitorio comete un delito grave, lo cual provoca una maligna alegría en los comunicadores.
Las garantías penales y procesales son para nosotros, y no para ellos, que no respetan los derechos de nadie. Ellos, los estereotipados, no tienen derechos porque matan. No son personas: hay que dejarlos adentro.
Los politicastros sin muchas ideas impulsan juicios políticos contra los jueces para obtener su espacio gratuito de publicidad reforzando la causalidad mágica. Ésta misma también impulsa las reformas legales más desopilantes, porque la imagen transformada en ley también es una cuestión mágica.
La criminología mediática se alimenta de noticias, pero principalmente de entretenimientos que banalizan los homicidios y de la idea de un mundo en guerra. En un día de televisión vemos más asesinatos ficcionales que los que tienen lugar en la realidad durante un año en todo el país. En la pantalla son cometidos con una crueldad y violencia que casi nunca se da en la realidad.
Además, siempre hay un héroe que termina haciendo justicia, por lo general dando muerte al criminal, y que cualquier psiquiatra lo calificaría de psicópata. No tiene miedo, es hiperactivo, ultrarresistente, hiposensible al dolor, aniquila al enemigo sin trauma por haber dado muerte a un ser humano, es hipersexual, impone su solución violenta a expensas del burócrata que obstaculiza con formalidades (un juez, un fiscal o un policía prudente).
Estas series trasmiten la certeza de que el mundo se divide entre buenos y malos y que la única solución a los conflictos es la punitiva y violenta. No hay espacio para reparación, tratamiento, conciliación; sólo el modelo punitivo violento es el que limpia la sociedad. Esto se introyecta tempranamente en el equipo psicológico, en particular cuando el televisor es la baby sitter.

Fuente: http://espectadores.wordpress.com

Estos son los links para bajar los primeros capítulos de la colección en formato .pdf:
La cuestión criminal. Fascículos 1 al 8
La cuestión criminal. Fascículos 9 al 16
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