27/10/11

EL ESPACIO QUE LOS DIARIOS LE OTORGAN A SUS LECTORES

El Roto y su aporte sobre la claridad de la confusión.

Espacios reducidos para las cartas, no existen los “defensores” ni posibilidades de publicar las criticas sobre los contenidos.

Los diarios argentinos violan los derechos de sus lectores

Cuando un lector de matutinos decide criticar el contenido de una nota, artículo u opinión sólo le queda la esperanza de que en espacios reducidos del diario, alguna vez, salga publicada su misiva. Será seleccionada entre miles o cientos de cartas que diariamente ingresan a los periódicos. Pero no habrá nadie que le conteste. Y menos aún que lo haga en el mismo matutino. El “Defensor del Lector” no existe en la Argentina. El DsD brinda a sus lectores un informe - que abarca solo a los diarios nacionales que se editan en la Capital Federal - sobre esta asignatura pendiente. Su historia. La función que cumplen en otros periódicos del mundo. Algunos casos. 

Antes de realizarle observaciones a los diarios – papel sobre ésta problemática, el Diario sobre Diarios (DsD), reconoce públicamente que también está en deuda con sus propios lectores en este tema que hoy examina. El Grupo Consenso S.A. se compromete a construir la figura del Defensor del Lector en cuanto sus propios recursos lo permitan. El DsD es apenas una pyme que tiene seis meses de existencia como diario digital. Sus lectores se comunican mediante el correo electrónico o telefónicamente. En todos los casos, las criticas y observaciones originan una respuesta dentro de las primeras 72 horas. Pero no alcanza. Se merecen también un Defensor. A continuación analizaremos la situación en grandes empresas periodísticas y “holding”, algunas de ellas, centenarias. Pero creemos que vale la aclaración. El Defensor del Lector o también denominado ombudsman, es un profesional que se desempeña en el diario y tiene como misión representar al lector ante dicho medio. Leer y difundir sus reclamos, sus proposiciones, canalizar las explicaciones que exige, sean correcciones, rectificaciones o aclaraciones. 

Un poco de historia 

Algunos autores sostienen que la primera herramienta creada para asegurar la participación de los lectores, se remonta a 1916, cuando nacen en Suecia los consejos de prensa. En América Latina, el profesor colombiano Javier Darío Restrepo se ha convertido sin dudas en el Defensor más prestigioso del continente latinoamericano. Restrepo señala que "los primeros en adoptar la figura que hoy tenemos en Colombia, del Defensor del Lector para un periódico, fueron los grandes diarios de los Estados Unidos, movidos por dos razones complementarias entre sí: la necesidad empresarial de garantizar un control de calidad para tener o convencer a su clientela, y la crisis de credibilidad que afectó en los años 60 a la prensa de los Estados Unidos". 
Es decir que el Defensor o ombudsman, era un generador de credibilidad. Otro hito que reconocen diversos profesionales, lo constituyen la propia evolución del concepto de información. La publicación de noticias fue primero un "privilegio real", propio de monarquías. Luego se la consideró un derecho exclusivo de periodistas y editores. Finalmente - en tanto y en cuanto concepción del "derecho público" - comienza a extenderse en la década del 70. Por ejemplo, en 1978 el Informe Mc Bride de la UNESCO consagró como principio que los periodistas y las organizaciones de medios, "sirven directamente al público y éste tiene el derecho de llamar la atención por sus acciones". A través de los años - progresivamente - se impuso la concepción del lector como "cliente activo". Fue el derrumbe y desuso de "la comunicación de masas". Es decir, la del propietario dueño de un poderoso diario que se dirige a la muchedumbre, para informarla y para formarla. 

Garantías y Derechos 

La "prensa libre" se constituyó en una de las instituciones básicas del Estado de Derecho. En el mundo capitalista, para que exista una "prensa libre" deben regir dos principios esenciales: "la libertad de expresión" y el "derecho a la información". Por ejemplo, para el diario El País de España," (...) tanto es así que no se puede hablar de democracia en ausencia de una prensa que no tenga las garantías suficientes para desarrollar su labor. Los periodistas ejercemos estos dos derechos esenciales en nombre de la opinión pública, de nuestros lectores. Ello nos obliga ante la sociedad en una medida más amplia que el estricto respeto a las leyes, que debemos acatar como el resto de los ciudadanos. Cuando los periodistas exigimos información en nombre de la opinión pública o criticamos a personas o instituciones de la Administración (Gobierno) o de la sociedad civil, contraemos una responsabilidad moral y política, además de jurídica. Es decir, que se puede abusar del derecho a la libertad de expresión o del derecho a la información sin infringir la ley". (del "El País, libro de Estilo", Ediciones El País, 1977). 

Precisamente el mencionado diario español, ya había definido en 1977, que "son los lectores los propietarios últimos de la información" y que por ello, "entendemos que han de existir unas directrices que comprometan al periódico con sus lectores, una especie de control de calidad que defina quienes somos y cómo trabajamos". Por ello, las normas de conductas de los periodistas son definidas en algunos diarios, en una suerte de "código deontológico" o "principios". Tambien se han creado "Estatutos de Redacción" que definen las reglas que rigen en una redacción. Es decir, un conjunto de principios y reglas que se ofrecen como Garantias, que impidan que tanto los propietarios, editores como periodistas abusen del derecho a la libertad de expresión o del derecho de la información, infringiendo la ley. 

Los controles externos 

En cuanto a los Derechos de los lectores, existen básicamente en cientos de diarios del mundo, dos normas externas de control: el "Libro de Estilo" del periódico, y la figura del Defensor del Lector. 

El Libro de Estilo, además de describir los condicionamientos metodológicos de la escritura del diario, contiene normas y reglas para el uso honesto de la información. Por ejemplo, El País de España, editó su libro en 1977. En nuestro país, los dos grandes diarios argentinos, Clarín y La Nación, recién lo hicieron en 1998. Tambien por entonces, el ya desaparecido diario Perfil (Jorge Fontevecchia, de Editorial Perfil) editó su propio "manual". 

La creación del Defensor del Lector, por el contrario es más reciente. En El País de España, la figura existe desde el año 2000. Hay profesionales destacados que se desempeñan en dicha tarea en cientos de diarios del mundo. No hay registros al respecto. Pero se podrían mencionar a algunos profesionales que han trabajado o aún se desempeñan en matutinos muy prestigiosos. Entre otros el reconocido Javier Darío Restrepo (recientemente reemplazado en El Colombiano de Medellín por José Luis Mejía Arango, también El Espectador de Bogotá, Colombia); Michael Getler para “The New York Times”; Genova Overholser (The Washington Post); Joseph María Cassasús (La Vanguardia, España) o Camilo Valdecantos (El País de España). 

La situación del lector en la Argentina 

En la Argentina, el Defensor del Lector es una asignatura pendiente. El único antecedente lo constituye el diario Perfil, hasta su desaparición. Su propietario, Jorge Fontevecchia instaló la figura del Defensor del Lector, en un intento por innovar en la prensa gráfica argentina. Tras la corta vida del matutino, ningún otro propietario de medios intentó imitarlo en este aspecto.
Clarín y La Nación no han implementado dicha figura. El caso de Clarín es más grave aún: le dedica un pequeño espacio diario a las cartas de sus lectores, en la sección Opinión. El matutino más poderoso de la Argentina, no dialoga con su lectorado, no discute ni intercambia puntos de vista. Históricamente además el diario no publica las criticas o pedidos o exigencias que los lectores puedan realizarle con respecto a coberturas y contenidos. En el primer semestre de este año, los ejecutivos y editores de Clarín están dedicados a elaborar un nuevo diseño, que también modifica contenidos. Se ignora, por el momento, si incorporará la figura de El Defensor del Lector. O si ampliará su espacio dedicado a cartas de lectores. 

En cuanto a La Nación, es quien más esfuerzo hace por tratar de canalizar las inquietudes de sus lectores: el centenario matutino le dedica dos o tres veces el espacio que le da Clarín a los mensajes. Las "cartas" de La Nación ocupan un lugar importante al lado de los "editoriales" de la empresa. Publica muchas veces críticas de sus lectores a dichas posiciones editoriales. Incluso quejas de supuesto "maltrato" en alguna nota periodística. Además, los días lunes, en su sección “Notas”, el profesor Octavio Hornos Paz, escribe su columna “Diálogo semanal con los lectores”. En tono ameno, Hornos Paz hace referencias a los errores gramaticales en que incurren periodistas y editores del matutino, muchos de los cuales son señalados por su público. Tambien cuando el matutino; o mencionan incorrectamente personajes, o hechos históricos. El columnista identifica al lector – como corresponde – y le responde hasta cuando considera que dichas personas se equivocan en sus observaciones. La valiosa tarea de Hornos Paz, de todos modos, se queda a mitad de camino con respecto a la verdadera función del Defensor del Lector, titulo que por otra parte, correctamente, no se atribuye.
Algo parecido ocurre con los demás matutinos. Ninguno tiene Defensor. La Prensa es el segundo diario – después de La Nación – en otorgarle un espacio importante a las cartas de sus lectores. Tambien Diario Popular brinda un espacio similar. Luego sigue Clarín con media página diaria. El diario, supuestamente progresista, Página/12 edita en su contratapa una pequeña columna, para que un afortunado lector que ha sido seleccionado, exprese su interés. Al resto de los diarios ni siquiera les importa lo que opinen sus clientes: no tienen sección de cartas del lector Ambito Financiero, El Cronista ni Infobae. El diario Crónica, cuyo leit motiv es “junto al pueblo”, tampoco publica cartas de “su pueblo”. Eso sí, la mayoría de los diarios colocan un número de teléfono, para que llamen sus lectores, a quienes no les queda otra que discar y hablar con un operador de turno. Claro que muchas veces... "todos nuestros operadores están ocupados". 

¿Por qué los diarios argentinos no implementan dicha figura? 

Tal vez las respuestas las encontremos entre éstos ejemplos. Al referirse a las dificultades del oficio, Restrepo sostiene en forma genérica que: 

"(...) una de ellas es la lucha para hacer desaparecer un lugar común, que el Defensor, como cualquier Robin Hood, debe asumir, per se, la lucha de los lectores contra el periódico y los periodistas. Es una visión maniquea y simplista en la que el periódico y el periodista aparecen como la banda de los malos y los lectores, como la de los buenos. Como la realidad que el Defensor ve, no es tan simple, porque en cada carta de reclamo encuentra partes de verdad en el lector y otras en el periodista, corre el peligro de ser tildado como débil, temeroso o hábil para quedar bien con todos. Como en las peleas de gallos, de lucha libre o de boxeo, el público quiere ver sangre, contendores que ruedan por el suelo y vencedores que proclaman su victoria sobre la ignominia del enemigo. Sobre esa idea elemental tiene que trabajar el Defensor para construir un criterio que permita ver al lector y al periódico como partes hechas para complementarse y enriquecerse mutuamente. Me he negado a ser árbitro de peleas porque entiendo que debo ser promotor de acuerdos y acercamientos". 

Algunos de esos conflictos, son bien descriptivos: 

El portal Consulmedia destacó que el 29 de septiembre del año pasado, los diarios "The New York Times" y "The Washington Post "enterraron" en un rincón de sus respectivas ediciones las movilizaciones en Londres que convocaron entre 150 y 400 mil manifestantes para protestar por la ofensiva militar que se preparaba contra Irak y en reclamo de paz. En su lugar, los matutinos norteamericanos desplegaron un reclamo contra "la caza de la zorra". El organismo estadounidense de vigilancia de los medios, "Fairness and Accuracy in Reporting (Equidad y Precisión de Informes, FAIR), hizo una declaración pública señalando la intención de ocultar la marcha antibélica en Londres. Getler, el Defensor del "Times" estuvo de acuerdo con FAIR y lo sostuvo públicamente. "Estoy de acuerdo con los lectores sobre éstas quejas. Sin importar lo que uno piense sobre la sabiduría de empezar una nueva guerra, una vez que empiece, será demasiado tarde para ventilar las discusiones que debieron ventilarse antes" puntualizó. 

Restrepo explica cómo se viven las quejas de los lectores en las redacciones: 

"(...) la crítica del lector se mira como una intromisión y el periodista, convencido de la habilidad de los especialistas, ignora o apenas si toma nota de las críticas. La relación periódico - lector es por tanto, de carácter vertical: arriba, directivos y periodistas y abajo, recibiendo en silencio, el lector". 

Añade el autor, que en el mundo de hoy - con el actual avance de las tecnologías de la información - esa realidad, se parece a un grotesco. 

Geneva Overholser, estuvo en 1998, en Buenos Aires para participar de un foro. La ombudsman de "The Washington Post" hizo entonces declaraciones para la revista "La Maga", que pueden leerse en el archivo del sitio web de dicha publicación. Overholser explicó como el "Post" elegía a sus Defensor. Señaló que lo proponían los editores del matutino, por un período de dos años, y que en caso de acuerdo, podía extenderse un año más solamente. "El ombudsman tiene que venir de afuera del diario y debe tener la intención de irse. Eso evita que uno amolde su actitud ante los editores para procurarse un trabajo una vez que termine la gestión" explicó. Añadió que el Defensor puede tener experiencia como periodista y como editor, pero que las normas también permiten que se incorpore alguien que fue funcionario de algún gobierno. Explicó que su función es representar a los lectores del "Post", pero que también escribe informes internos basada en sus propias ideas sobre el diario. En cuanto a los controles internos del diario, enumera las figuras de consejos de lectores, las cartas de lectores y la figura del Defensor, que le permiten al lectorado "darle la seguridad de que el medio escucha a quienes lo leen". Agrega "si no, es muy fácil para todos nosotros creer que estamos más allá de la crítica, que somos los perros guardianes. ¿Y si no hay nadie controlando a los perros guardianes?. Entonces la gente comienza a perder confianza en la prensa". 

Una vez más, la credibilidad de los lectores en sus diarios favoritos está en el eje del problema. 

Si miles o millones de lectores dejaran de comprar un diario, porque consideran que miente o bien su contenido solo apunta a incrementar los negocios de sus accionistas. Si los matutinos violan su propio Manual o Libro de Estilo confundiendo información con opinión para beneficiar al gobierno de turno. Si minimizan hechos o directamente se ignoran. Si un periodista escribe en el matutino información favorable para empresas privadas, porque a su vez, son sus auspiciantes en programas de radio y TV que el mismo periodista conduce o produce. Si un periodista gráfico cobra de espaldas a la redacción y a sus colegas, transformándose en un "operador de prensa". En todos los casos, será el diario el medio que perderá prestigio. Y a la larga la tarea del periodista caerá en la ponderación social. 

Pero no siempre los lectores tienen la capacidad para detectar dichas irregularidades. Tendrían que recurrir a una lectura "cruzada" de dos o tres diarios, comparar los criterios, verificar los datos y aún así, al no existir secciones como las "cartas de lectores" o el "Defensor" no tendrían lugar donde aportar sus observaciones críticas. Se encuentran inermes. 

En julio de 2003, Restrepo estuvo en Buenos Aires, Argentina. Fue invitado por FOPEA, una institución de periodistas argentinos que bregan por la práctica honesta de la profesión y la independencia de criterios. Al referirse a dicha problemática le dijo a la periodista Susana Reinoso del diario La Nación, que: 

"La pena es que el público no ha sido capacitado para hacer esa distinción. Se necesita un lector muy avezado, que haya hecho lectura crítica de los periódicos para advertirlo. Por consiguiente yo veo al lector inerme frente a esa clase de trucos porque se convierten en cómplices de un engaño. Pero, además, son prácticamente desconocidos los derechos del lector". (Publicado en La Nación de Argentina, el 4 de julio de 2003). 

Precisamente Restrepo ha difundido en nuestro continente un decálogo del lector del holandés Cees J. Hamelink. La idea es nutrir al lector de la actitud que tendría que tener, al menos, al enfrentarse a la información de algún medio de comunicación. 

Es el siguiente: 

1 - Ser crítico de los medios. 
2 - Rechazar toda censura. 
3 - Respetar la independencia editorial del periódico. 
4 - Condenar todo estereotipo sexista o racista. 
5 - Buscar fuentes alternativas. 
6 - Exigir suministro plural de información. 
7 - Proteger la propia intimidad. 
8 - Ser fuente fiable de información. 
9 - Ni comprar ni vender información. 
10 - Exigirles cuentas a los responsables de los medios. 

En la Argentina, la venta de periódicos se redujo en los últimos seis años entre un 25 a un 35 %. Los propietarios de medios y algunos editores explican - con mucha razón - que ello se debe a la gravísima crisis económica que atraviesa el país. Pero nadie parece observar que haya una crisis de credibilidad en los medios en general, y en los diarios en particular. Como si el regreso de la Argentina al crecimiento significará la recuperación automática de los lectores perdidos. En el mientras tanto, las empresas periodísticas recurren a los "anabólicos" para enfrentar la caída de las ventas. Así añaden a sus ediciones CD musicales, enciclopedias de las más variadas, colecciones, manuales. El diario Clarín, el mes pasado, llegó incluso a regalarle un paquete de yerba mate a sus lectores junto a una edición dominical. Los lectores son, definitiva, quienes todos los días deciden en que diario van a confiar. Si es que confían en alguno. 

Fuentes: 
  • El Colombiano (Colombia) www.elcolombiano.terra.com.co. En Defensor del Lector. Artículos de Javier Darío Restrepo.
  • Portal Consulmedia. www.consulmedia.com/información/ notas. "Periódicos estadounidenses ocultan cobertura de marcha antibélica".
  • Redacción I. Libros de Estilo. Textos complementarios. Escuela de Comunicación Social. Facultad de Ciencias Políticas y RRII. Universidad Nacional de Rosario. 
  • Fuentes propias del DsD. 
Extraído de http://www.diariosobrediarios.com.ar (30/07/ 2003)

20/9/11

CONTROL SOCIAL, MASS MEDIA Y CONSTRUCCION DE LA REALIDAD


Sergio Ciancaglini, de lavaca.org, y Raúl Zaffaroni


En el marco del Primer Congreso Internacional de Periodismo Autogestionado, realizado en el Bauen Hotel de la Ciudad de Buenos Aires, el Dr. Raúl Zaffaroni (ver CV) brindó una clase magistral bajo el título “Lo legal y lo legítimo”. Comparto con Uds. un resumen de su exposición:

“Estamos en un momento de poder planetario llamado globalización, como hubo otros denominados colonialismo o neocolonialismo, por suerte el poder planetario tuvo contradicciones y gracias a ellas estamos vivos. Pero también es un momento de revolución tecnológica en que el poder más que nunca, depende del saber, es decir del know-how ”, así arrancó el Doctor Zaffaroni su clase magistral en el Salón Bolivar del Hotel Bauen, recuperado por sus trabajadores. Según Zaffaroni hoy el mundo tiende a dividirse ya no entre explotadores y explotados sino entre incluidos y excluidos en donde no hay dialéctica porque el excluido está de más. Por lo tanto, para Zaffaroni el reestablecimiento de la dialéctica estaría dada por esa lucha por el saber. “Hoy tenemos las posibilidades que no teníamos hace 30 o 40 años porque la información está a nuestro alcance. Y los excluidos tienen algo que los incluidos no tienen que es tiempo. Y si ese tiempo se organiza, para apoderarse del saber, la sociedad se transforma”. Decreta con estilo premonitorio el Doctor al que algunos llaman Raúl y otros Eugenio. Zaffaroni hace un recorrido sobre la historia de los derechos humanos que tiene que ver con el título de la charla: lo legal y lo legítimo. En realidad lo que viene a contar Zaffaroni es lo que todos sabemos, o por lo menos intuimos, que lo legal tiene que ver con lo escrito. El comienzo de su charla se asemeja al inicio de un cuento: “Un día del año de 1948 se hace la Declaración Universal de Derechos Humanos que la aprueba todo el mundo. Como ustedes saben que una Declaración en el derecho internacional tiene el valor de una buena voluntad. Tardaron luego treinta años en hacer los tratados que eso sí ya es ley. Los realizaron cuando estaban dadas las condiciones políticas. Pero también se puede decir que en el 48′ se hizo una Convención Internacional de lucha contra el Genocidio. Sí, sólo que recortaron tanto el concepto de genocidio que quedó bastante mezquino. Porque había que definirlo en forma tal que no entraran todas las masacres que habían cometido los europeos en África ni la que había cometido Stalin ni la de Hiroshima y Nagasaki. Plantearon un concepto de genocidio que hasta el día de hoy nos preguntamos qué es un genocidio cuando hay mas de un millón de muertos, de repente”. “Todo esto forma parte de la historia formal, o historia legal, pero hay una historia real de los derechos humanos”. Ahí vamos entonces.“¿Hay otra historia?” pregunta Zaffaroni y se responde: “Sí, hay otra historia”. Señoras y señores esta historia que viene a hablar Zaffaroni es inversamente proporcional a la que estudian la legalidad de los Derechos Humanos que dicen que los derechos se clasifican de la siguiente manera:
  • los derechos de primera generación que son los individuales; 
  • los de segunda generación que son los sociales; 
  • los de tercera generación que tienen que ver con el desarrollo sustentable. 
Zaffaroni dirá que la historia real es inversa. Desarma, entonces, el esquema que organizaron los que supuestamente estudian la legalidad de los Derechos Humanos y lo vuelve a armar. Dirá Zaffaroni que para nosotros y desde el margen, el derecho de primera generación es el derecho al desarrollo y crecimiento gradual y racional. Los de segunda generación son los de derechos sociales como los consagrados por la Constitución mexicana de 1917 (primera en el mundo). Y los de tercera generación serían los individuales. Este Doctor que sobre en America Latina sabe mucho y fue autor de proyectos de reformas a los códigos penales argentino, ecuatoriano, boliviano y costarricense, señala: “El derecho al desarrollo es por lo que pelearon nuestros libertadores en contra del colonialismo. Después decimos que copiamos Constituciones liberales, como la de Estados Unidos porque era el único modelo republicano hasta ese momento, que cada uno, fue adaptando o arruinando con declaraciones de derecho pero que no se cumplieron nunca. Tuvimos en nuestra región latinoamericana Constituciones liberales de respecto autonomía, a la libertad de las personas con realidades semi-feudales, no digo feudales porque es un fenómeno europeo”.
Zaffaroni continua su disertación frente a un público atento, inmutable y admirador de este hombre que fue designado Doctor Honoris Causa en varias universidades del mundo, entre ellas de Perú, Italia, Brasil, Uruguay, Bolivia, entre otras, y que afirma que teníamos un deber ser (dado por las Constituciones liberales) inmerso en Repúblicas oligárquicas. ¿Cómo explicaron esta contradicción nuestras olirgaquías?, Zaffaroni entonces responde de manera clara y precisa: “Racistamente. Se creían los iluminados que debían ejercer el poder político sobre lo que ellos consideraban ‘la indiada o negrada’ y no podían permitir la autogobernación porque iba a ser el caos”.
Sin embargo e incluso con aquellas realidades, porque como explica Zaffaroni todo grupo que el avance civilizatorio quiso marginar vino a parar a nuestros suelos, America Latina dio lugar a movimientos de ampliación de la base de ciudadanía real muy diferentes: como el cardenismo en México o el peronismo o yrigoyenismo en Argentina, entre otros. Entonces Zaffaroni interroga: “¿Por qué estamos acá?; ¿Por qué algunos sabemos leer o escribir y pudimos llegar a la Universidad? Y dispara: “Por los populismos, con todos sus defectos y todas sus críticas que se le puedan formular, pero que empalidicen cuando vemos las masacres y las brutalidades cometidas por los contrapopulismos que quisieron frenar la realización de los derechos humanos economicos, sociales y culturales”.
Señala entonces que estos adalides de los contrapopulismos se hacen llamar liberales. “Yo pregunto si es liberal bombardear la Plaza de Mayo. Yo pregunto si es liberal fusilar sin juicio previo. Yo pregunto si es liberal derogar una Constitución por bando militar. Yo pregunto si es liberal desaparecer 30.000 personas”. Se interroga Zaffaroni que es profesor titular y director del Departamento de Derecho Penal y Criminología de la Universidad de Buenos Aires, que en el año 2007 la Universidad de Buenos Aires, distinguió al Doctor como Profesor Emérito y que en el año 2009 el jurado mundial independiente lo galardonó con el Premio Estocolmo en Criminología.
Rendondeando la charla este Doctor que sabe mejor que nadie sobre lo legal y lo legítimo pero sobre todo conoce sus diferencia dilucida que en los últimos años aparece un fenómeno mundial muy particular, que ocupa el centro de toda compaña política y se trata del control del delito. Zaffaroni irá al grano: “Toda proclama golpista viene acompañada de un anuncio sobre el descontrol de la situación criminal. Si bien esto no es nuevo, nunca había sido publicidad de campaña”.
Inserta el tema: “¿Qué hay detrás de este fenómeno?” Y lo explica: “Hay una construcción de un “ellos” de enemigos. Hay un grupo social marginado y excluido que no se lo puede sacar de ese lugar. ¿Cómo se genera? A través de una técnica de comunicación social en donde el ciudadano medio no es ya el trabajador sino una víctima. Los medios buscan una víctima capaz de crear cierta empatía, se lo convierte en víctima héroe, se le brinda un enorme escenario mediático y en plena elaboración del duelo de una pérdida se le hace decir todo lo que el enuniciador mediático no puede decir. Ojo, a la víctima héroe la destruyen, les importa un comino. Por supuesto el tema de ‘gatillo fácil’ no aparece”.
Zaffaroni cuenta que esta técnica se creó en Estados Unidos pero de manera viral se universalizó a través de la comunicación de entretenimiento. “Si ustedes hacen zapping en la televisión van a ver una serie de homicidios en un rato que en el país no se cometen en un año con protagonistas psicópatas que resultan ser los héroes. Hay que tener cuidado porque internalizamos estas historias desde muy temprano y porque usamos la televisión como baby sister. Entonces el modelo punitivo se extiende a toda la conflictividad social”.
Para Zaffaroni tenemos una televisión que controla al poder político. Y el poder político responde con “leyes locas y descalabradas”. El resultado de este control lo explica al finalizar la charla: “Dentro de la prisión tenemos un diez por ciento de ‘psicopatones’ medios peligrosos y el otro 90 por ciento son ladrones burdos, vendedores minoristas de tóxicos prohibidos y mulas. Si me preguntan qué poder político implica criminalizar y prisionizar a un grupo de personas sin poder de los sectores más carenciados, mi respuesta es que no hay poder político. Es poder represivo que se ejerce sobre los que estamos sueltos con el pretexto de los que están presos. Y cada día estamos más controlados”.

Fuente: http://www.periodismoautogestionado.org/

A continuación de la clase magistral el Dr. Zaffaroni realizó una entrevista con la periodista Graciela Pérez del periódico Miradas Al Sur. Esta es la nota publicada en la edición del domingo 18 de septiembre en la ciudad de Buenos Aires:

Raúl Eugenio Zaffaroni:
“Los medios construyen realidad”
El juez de la Corte Suprema propone que los medios cuestionen su propia ética periodística. Schoklender y el caso de Candela.
"Creo que hay algunas cosas que habría que reflexionar por parte de algunos propietarios de los medios de comunicación, como la autolimitación ética”, dice Raúl Eugenio Zaffaroni a Miradas al Sur. El magistrado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación dialogó ayer con este dominical, minutos después de terminar su exposición en el marco del “Primer Congreso Internacional de Periodismo Autogestionado”, que se desarrolló en el Hotel Bauen. La utilización política del caso Schoklender en un año electoral, la intromisión del poder legislativo en cuestiones judiciales, el accionar peligroso de los medios en el caso Candela Rodríguez, la ética periodística, el crimen organizado, la Ley de Quiebras y los vicios de la Justicia, fueron algunos de los temas que abordó.
–La oposición va a pedir que Sergio Schoklender hable en el Congreso para dar explicaciones de los fondos públicos destinados a viviendas sociales. También Schoklender acusó a las Madres e involucró a Hebe en este asunto. ¿Cómo ve del lado de los medios esta cobertura?
–Es claro que en el medio de una campaña electoral esto pesa y toma un color diferente en lo que sería fuera de la campaña. Se tiende a politizar todo para tratar de sacar una ventaja electoral de esto, lo cual distorsiona un poco las cosas. Entre las facultades del Congreso de la Nación, para citar a un ciudadano, primero se debe conformar una comisión investigadora, que tiene que ser aprobada, antes que nada. En segundo término, las facultades de estas comisiones investigadoras están muy discutidas. Yo no voy a adelantar cosas pero pregunten a los hombres sabios en cuestiones constitucionales, y verán que históricamente es un tema bastante discutible que se meta el Congreso en cuestiones judiciales. Lo otro es que son distintos movimientos en una campaña electoral. En política, cada uno trata de tirarle al otro con lo que puede y con lo que tiene. A Dios gracia, no tiran cadáveres.
–¿Se puede decir que hay como una especie de tiro por elevación hacia las Madres para intentar llegar al Gobierno?
–Hacia las Madres, los derechos humanos, para tener más votos en una campaña electoral. Hay picardías políticas, es parte de la democracia, es así.
–Yendo al caso Candela Rodríguez, ¿cómo analizaría la construcción del rol de la víctima en los medios de comunicación?
–Obviamente fue un secuestro con características particulares, un secuestro extorsivo. Por suerte, nuestra policía ha sido bastante eficaz en cuanto al desmantelamiento de bandas de secuestradores. Hay una tipología de secuestro extorsivo. Existe el secuestro extorsivo express, que lo puede hacer cualquiera y que por lo general es más cercano al robo que al secuestro. Aunque jurídicamente sea un secuestro, pero en el ámbito criminológico está más cercano al robo. Luego está el secuestro extorsivo que puede tener cobertura por parte de algún delincuente disfrazado de policía. Este tipo de secuestro normalmente es más detectable. Cuando un policía se pasa a la delincuencia, el entrenamiento que tiene hace que siempre actúe con cobertura. El delincuente común siempre actúa a la defensiva y tiene más posibilidades de dejar marcas. Luego está el secuestro organizado por una banda de secuestradores. Es más difícil, un delito muy complejo, se necesita lugares donde poner al secuestrado porque no se lo puede tener mucho tiempo en el mismo lugar, ya que llama la atención. También se necesita la participación de varias personas, lo cual dificulta el éxito de la operación. Insisto, este secuestro de bandas no lo tenemos en el país. Nuestra policía actúa bien. Si se debe tener mucho cuidado en la comunicación, para no transmitir que el secuestro es un delito fácil y un negocio rentable, porque si se transmite esta idea lo que cunde es el secuestro bobo. El idiota que cree eso, practica un secuestro, es reconocido por la víctima y es un secuestro más peligroso para la vida del secuestrado. Hay una regla principal, cuando la víctima tiene privada su libertad está amenaza su vida, y hay que ser muy prudente con la información. Lo que uno diga, no lo dice sólo al público, sino que también a los delincuentes.
–¿Cuál cree que fue el tratamiento en este caso?
–Fue atípico porque el secuestro lo fue. Comienza como un caso vinculado a trata y después se va derivando a otra cosa que no está muy clara hasta el día de hoy. Cualquier cosa que dijera sobre el hecho concreto sería un absurdo desde mi punto de vista, porque no tengo acceso a la investigación. El accionar fue peligroso para la vida de la víctima. Siendo un secuestro atípico, pudo haber sido un psicópata. Y acorralar a un psicópata no es lo más aconsejable porque se pone en juego la vida de una persona. Creo que hay algunas cosas que habría que reflexionar por parte de algunos propietarios de los medios de comunicación como la autolimitación ética. El riesgo que corre esto es poner en riesgo la libertad de expresión. Si se reiteran hechos de esta naturaleza, no faltan los censuristas y alguien va a salir con un proyecto de ley para hacerse nombre, diputado fulanito que nadie conoce y que sale con el proyecto fulanito sin contenido. Eso no me gusta de ninguna manera. Alguna regla frente a algunos hechos, creo que debería ser materia de autocrítica de algunos medios. Por ejemplo, publicitar lo menos posible, quizás también tiene que ser materia de investigación por científicos, técnicos, especialistas en ciencias sociales; cómo se puede informar sin publicitar. Todos sabemos cómo se puede exagerar con la publicidad. Si se habla de una ola de suicidios, se puede inducir a una epidemia de suicidios. Otra es que mientras la vida de una persona permanezca en peligro, hay que tener cautela.
–Varias críticas hubo en este caso. Una fue que en mucho de los allanamientos no se contaba con orden judicial y, a la vez también, el discurso de la propia madre, poco conciliador, como si no tuviera asesoramiento frente a los medios.
–No quiero meterme en el hecho concreto porque no sé ni qué sabían las autoridades, el fiscal, la policía. En una investigación hay filtraciones que son provocadas por los mismos medios que quieren la noticia. En realidad, son delitos por parte del que provoca la filtración porque está divulgando el secreto, está violando un deber público, pero sabemos que eso pasa y que luego queda encubierto por la reserva de la fuente de información. Es lamentable pero pasa. Participa mucha gente, no todos son autoridades, a veces es el que pasa una cosa en la computadora.
–¿Se podría decir que hay un aumento del crimen organizado en el país? 
–Indiscutiblemente si tomamos 30 o 40 años sí, porque irrumpe la revolución comunicacional, entran nuevos tráficos y técnicas. Hace 30 años no teníamos la misma incidencia en tráfico de personas, armas, trata de personas, tóxicos. De cualquier manera, estamos políticamente protegidos. No estamos en la misma posición que México, por ejemplo. No somos país productor, no estamos al lado del un país demandante consumidor. Pero sí, el crimen organizado ha aumentado en todo el mundo aunque es un concepto que yo pongo en duda porque incluye varias cosas y tratamos de meter en la misma bolsa cosas distintas. Si metemos en la misma bolsa a una banda de secuestradores y a un banco que hace dos o tres lavados de dinero por año, no sirve para nada. Cada uno de ellas necesita medidas concretas, se tiene que atender la particularidad de cada cosa.
–En materia de accionar judicial, ¿cómo evaluaría estos 25 años de democracia? Avances y retrocesos dentro de la Justicia, teniendo en cuenta que se modificó la Corte Suprema y que hay ciertos jueces que están fugitivos y se los está buscando por su accionar en los años de plomo.
–Creo que de alguna manera el perfil del Poder Judicial está cambiando. La reforma del ’94, la designación de jueces a través del Consejo de la Magistratura. Me gustaría que no se sea arbitrario en nada.
–¿Qué es lo más difícil de modificar?
–El perfil judicial. Lo estamos viendo con los años, se va modificando de manera generacional. En ningún momento nadie pensó que se podía modificar el perfil judicial cambiando radicalmente todo el Poder Judicial. No podemos encargar que nos manden jueces enlatados de Groenlandia. Vamos con esto y lo mismo ha pasado en Italia cuando parte del Poder Judicial falló y se puso en funcionamiento uno nuevo. Hay que estar atentos porque va a dar resultados muy positivos porque se puede pelear contra la corrupción política, contra la mafia, seguir adelante. Lo mismo ha pasado en España con un poder judicial franquista. Como todo lo que hay en el aparato penal, policías también. No podemos pensar que vamos a cambiar todo de golpe. Desgraciadamente es como un barco que hay que ir arreglando mientras sigue navegando.
–Hoy hablaba del poder de los medios para con la política, ¿se podría decir que hay cierta complicidad de políticos y jueces con los medios para figurar, para no ser excluidos, y por eso apoyan a medios hegemónicos con amparos judiciales contra la ley de medios o declaraciones en contra de la pluralidad de voces?
–Concretamente, de la ley de medios no puedo decir nada. Es algo que tenemos que resolver. Indiscutiblemente, los medios son un factor de poder, lo reconozco, y que construye realidad. Es el teorema de Thomas. No importa si algo es verdadero o falso, importa que se lo de por verdadero. Los medios construyen realidad por lo que si decimos que llegaron los marcianos y no es así, no importa, aunque estemos todos locos. Eso juega en cada tema y también en la ley de medios pero no puedo opinar sobre eso.
–Termina de dar una charla en el Bauen, empresa recuperada. ¿Cómo viene el tratamiento dentro de la Justicia de la Ley de Quiebras y sus recientes modificaciones?
–Yo espero que haya avance. Tengamos en cuenta que estas modificaciones son una innovación que avanza sobre todo lo que es un hecho concursal que está pensado para otra cosa. Los jueces tendrán que ir acostumbrando la cabeza a una nueva perspectiva. Es una ruptura importante a un derecho concursal que ha tenido siempre por objeto, y centro de los intereses, a los acreedores. Es un desafío para cualquiera que ha pensado siempre el derecho de una manera y de un momento a otro tiene que pensarlo de otra. Los juristas tenemos una tendencia a resistirnos a incorporar componentes. “Me está desarmando la estantería, ¿qué hace?, yo la tenía armadita.” Es un poco eso.
–¿También pasa por el pensamiento individual de cada juez?
–Independientemente de su posicionamiento ideológico, es el entrenamiento. Venimos con cierto entrenamiento, tenemos la casa en orden, viene uno, se altera todo el armario, se cae la base y hay que ver quién lo hace pero hay cierta resistencia. No es necesariamente una cuestión ideológica, se puede ser un reaccionario, un fascista. Me enseñaron toda la vida a pensar esto de una manera y pensar de otra cuesta. Es una especie de entrenamiento profesional.

5/9/11

1º CONGRESO INTERNACIONAL DE PERIODISMO AUTOGESTIONADO

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El viernes 9 y el sábado 10 de septiembre se realizará en el Bauen Hotel de la Ciudad de Buenos Aires el Primer Congreso Internacional de Periodismo Autogestionado.

La consigna “Las lecciones del hacer” servirá de disparadora para las exposiciones de Franco “Bifo” Berardi, militante ecologista proveniente de Italia, el filósofo argentino (UBA) Alejandro Piscitelli, especialista en nuevas tecnologías de la comunicación, Richard Stallman, promotor internacional del sofware libre, el Dr. Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de Justicia y María Galindo, referente del colectivo feminista anarquista boliviano “Mujeres creando”.

Este es un detalle de las clases magistrales:

  • El poder de la imaginación colectiva,  
  • Revolución Gagá: redes y cambios sociales,  
  • Software libre y derechos humanos,  
  • Lo legal y lo legítimo, 
  • Machismo y periodismo: la autogestión feminista.
A continuación un detalle de los talleres:

  • “Cómo se hace un diario” a cargo del grupo autogestionado La Posta, de Lincoln, que imprimirá un diario en vivo y en directo durante las 2 jornadas.
  • Cómo se hace un libro, a cargo de la cooperativa Elosia Cartonera.
  • “La calle es nuestra”. A cargo del Grupo de Arte Callejero.
La inscripción es libre y gratuita y se entregarán certificados de asistencia. El Congreso está organizado por el Programa Trabajo Autogestionado, del Ministerio de Trabajo de la Nación en conjunto con los medios del sector.
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En la jornada de cierre el periodista Victor Hugo Morales presentará el libro “Periodismo con valores” que narra las vivencias de nueve medios de todo el país en su etapa fundacional como cooperativas, luego del vaciamiento empresarial al que fueron sometidos bajo el pretexto de las crisis cíclicas de nuestro país.

El cierre estará a cargo del colectivo “El Culebrón Timbal”.

Para inscribirse, consultar el programa y leer más sobre los invitados y participantes pueden sivistar el sitio http://www.periodismoautogestionado.org/



Estos son los fundamentos del Congeso:

Los desafíos de la comunicación autogestiva

Por qué

Existe una enorme cantidad de organizaciones que proponen un cambio social a través de la comunicación como herramienta, ya no sólo de inclusión sino de transformación de conductas cotidianas, valores sociales y políticas locales y nacionales. Se trata de experiencias que en vez de trabajar y alentar meramente el concepto de la noticia como mercancía -que sitúa a la comunidad como simple receptor y a la comunicación como mera generadora de recursos económicos- se proponen convertir a la sociedad en productora de sentido.

Estos proyectos alientan una cultura del protagonismo, donde la participación se convierte en la esencia de la construcción social. Estas prácticas fortalecen las identidades y promueven el tejido de redes solidarias y la organización comunitaria. Además, le disputan la construcción de los imaginarios sociales a los monopolios que han transformado la producción de noticias en medios de control de la opinión pública.

La autogestión ha sido una clave para poner en marcha, sostener y hacer crecer esta red social de comunicación. Dentro de este panorama, las cooperativas de trabajo son un ejemplo concreto que desafía cotidianamente las hegemonías informativas, organizando la producción en formas colectivas, democráticas y con claro sentido de responsabilidad social.

Abren, con su experiencia, otros interrogantes y desafíos. El debate social es clave para que se respondan en sintonía con la realidad de la que son hijas y deudoras. Estas jornadas pretenden no solo hacer visibles estas experiencias, en su conjunto, sino también y sobre todo actualizar la agenda de debate sobre qué representa la comunicación social hoy, cuáles son los compromisos que con su época tiene, qué nuevas subjetividades sociales construye en su interior y de qué manera está escribiendo nuevos paradigmas de hacer, pensar y crear la democratización de la producción de noticias.

Para qué

- Compartir tanto experiencias exitosas como tropiezos permite replicar y mejorar prácticas.

- Generar un espacio de encuentro fortalece redes y ayuda a afrontar en conjunto problemáticas comunes, muchas veces difíciles de enfrentar en soledad.

- Encontrarse con otros puede servir para optimizar recursos y potenciar capacidades.

- Transmitir saberes y conocimientos adquiridos en la práctica, de manera que no haya que comenzar de cero cada vez que se emprende un proyecto.

- Visibilizar un sector que es ignorado por los medios masivos de comunicación y los ámbitos académicos permite resaltar el valor de su trabajo cotidiano.

- Visibilizar los nuevos actores de la comunicación social.

- Promover la herramienta de la autogestión, cuyos desafíos abren nuevas problemáticas que requieren la mayor participación social en la formulación de respuestas.

- Fortalecer el vínculo entre la sociedad y los medios sociales, interceptados por los mecanismos de generación de valor social: académicos, corporativos y políticos.
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15/8/11

LA CRIMINOLOGIA MEDIATICA (CUATRO)


En las útimas entradas de Códigos Binarios venimos desarrollando los conceptos desarrollado por Raúl Zaffaroni alrededor de la figura de la Criminología Mediatica. 
Víctima de una campaña que responde a esa figura, a partir de una denuncia de la ONG La Alameda, comparto con Uds. una clase magistral brindada en la Facultad de Derecho de la UBA por el ministro de la Corte Suprema de Justicia en el marco de un acto de desagravio realizado el jueves 11 de agosto.
La presencia del rector de la UBA, Ruben Hallu, y el discurso de la decana de Derecho, Mónica Pinto, dieron cuenta de un explícito respaldo hacia Zaffaroni. Entre las mil personas presentes estaban Hebe de Bonafini, representando a la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas y Marta Vázquez, de Madres Línea Fundadora, además de las Abuelas de Plaza de Mayo, el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, distintos representante de diveros espacios políticos como Aníbal Ibarra, Vilma Ibarra, María Elena Naddeo, María José Libertino y Héctor Recalde, el ministro de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada, colegas como David Baigún, Arístides Corti y Eduardo Barcesat, junto a jueces federales, secretarios, académicos y estudiantes.
Este es el texto complete de la exposición:

Pedagogía del lapidado

Por Raúl Zaffaroni

Han llegado a mi conocimiento interpretaciones del hecho que me afecta vinculándolo con conflictos a los que soy por completo ajeno. En principio, a mi juicio no tiene esto nada que ver con cruces que puedan tener otros poderes del Estado con diferentes grupos empresariales o de medios ni con otros intereses. Las interpretaciones en ese sentido las respeto, pero corren por cuenta de quien las hace y no son la mía. Tampoco tienen nada que ver con este hecho personas a las que se pretendió vincular, como candidatos, dirigentes políticos y altas personalidades de la Iglesia. Todos ellos me merecen el mayor de los respetos que, por otra parte, es el mismo que he puesto de manifiesto en toda ocasión. Nos hallamos en una etapa electoral que, codazo más o menos, quienes recordamos tiempos oscuros, la vivenciamos como una fiesta de la democracia. En modo alguno debe permitirse que se mezcle con esto.
Aunque no sea sencillo, debemos calmarnos y observar con alguna distancia los hechos. Las difamaciones pasan, unos pocos las creen, otros pocos simulan que las creen, los más las repudian; las elecciones también pasan, unos las ganan y están felices, otros las pierden y quedan tristes, pero debemos todos juntos mantener las condiciones para que siempre vengan nuevas elecciones.
Para no confundir los hechos con el marco, prefiero elegir como tema para esta clase inaugural un análisis detallado del hecho en el marco de lo que en varias publicaciones vengo denominando criminología mediática.
- Observador participante. Las circunstancias han querido que me halle en la curiosa situación de un observador participante, cuyo rol es el de objeto de una tentativa fallida de construcción mediática de la realidad (en el sentido de Berger y Luckmann). No es posible asumir la función de observador participante sin estar involucrado en el hecho investigado, pero el éxito del método depende de la distancia que logre poner el observador a la hora de extraer las consecuencias.
- Caracterización del hecho. Estimo que el hecho puede caracterizarse como lapidación mediática. Sé que no faltan quienes prefieren linchamiento mediático, pero existe una diferencia sustancial, señalada por René Girard: en el linchamiento se toca materialmente a la víctima; en la lapidación se la persigue arrojando piedras hasta que ésta sucumbe o se precipita al vacío; los ejecutores son anónimos, nadie se atribuye el resultado y nadie se contamina físicamente con la víctima. En lo mediático, evitar la contaminación física es una coartada importante (¡Se mató solo! ¡Nadie lo tocó!). La lapidación responde al llamado de un empresario moral en el sentido de Bronislaw Malinowski, es decir, de alguien que llama la atención sobre un hecho e invita a arrojar piedras. Pero las motivaciones del empresario moral no necesariamente son las mismas de quienes se van sumando a la tarea lapidaria.
- Motivaciones. En este caso los lapidadores actúan con muy diferentes motivaciones. Veamos:
1. Una ONG en busca de promoción para desplazar a posibles competidoras.
2. Sectores minoritarios de seguridad afectados ávidos de venganza (y de advertir a otros) porque el lapidado promovió el secuestro de 4.000.000 de dosis de paco y el procesamiento de más de 100 personas.
3. Sectores de burócratas internacionales o de sus subordinados o lacayos locales, preocupados por lo que el lapidado discurre acerca del crimen organizado y en especial respecto del lavado de dinero. Tienen alcance internacional y se han ocupado de difundir el hecho.
4. Sectores vinculados a intereses locales a los que resulta molesta la actual composición del máximo tribunal y su prestigio nacional e internacional.
5. Sectores de los medios que difunden el discurso vindicativo y empujan hacia el Estado gendarme, molestos porque se les analizan y ponen de manifiesto sus técnicas y sus artimañas generadoras de pánico moral.
6. Personas con escaso éxito político –algunas sólo viven de la política y de la denuncia gratuita– a las que el hecho puede brindar un escenario que sus dotes no les ofrecen (Somos los únicos limpios, todos los demás son sucios).
7. Profesionales que ven afectados sus intereses por las sentencias del tribunal, sobre el cual no pueden ejercer poder.
8. Profesionales que ambicionan ocupar un día el lugar del lapidado y envidian su prestigio y conocimiento (¿Por qué él, si yo soy más?).
9. Empleados de empresas amarillistas que procuran obtener la noticia del año y ser premiados con algún emolumento complementario.
10. Personas vinculadas a la dictadura militar o a sus simpatizantes.
11. Quienes suponen que a través del lapidado pueden erosionar a otras instituciones o personas.
12. Personas ideológicamente enfrentadas (aunque este subgrupo por lo general es reducido, porque siempre quien tiene una ideología tiene también una cosmovisión y esto impone algunos límites éticos).
La lista de lapidadores puede extenderse, pues el enunciado anterior no es exhaustivo, aunque es suficientemente demostrativo de la pluralidad de motivaciones. Lo importante es destacar que sin un empresario moral no hay lapidación, pero que tampoco la hay si no existe una cantidad de personas dispuestas a escuchar su llamado y a lapidar, aunque sus motivaciones sean por completo diferentes.
- Perfil del agredido. El segundo elemento a tener en cuenta es el perfil del agredido. Ante todo debe elegirse a alguien al que se considera capaz de quebrarse o incapaz de resistir las pedradas. Cabe presumir que el perfil de quien por lo general tiende a resolver o minimizar conflictos lo hace porque es vulnerable. El lapidado piensa que la víctima tiene puntos débiles en su vida por los que puede entrar su ponzoña y, como no los conoce, proyecta sobre la víctima su propia inmoralidad como deducción. El apedreador arroja las piedras sin estar seguro de dar en el blanco y, con la esperanza de hallar alguna falla en la víctima, presume que ésta –al igual que él– sufre la misma carencia de escrúpulos y valores, por lo que puede equivocarse fácilmente.
Cuanto más inmoral es el apedreador, mayor es la inmoralidad que proyecta sobre la víctima, al imaginarla parecida a él. El lapidador imagina una combinación de morbosidad y ambición desmedida de poder y dinero. Aunque el lapidador no dé en el blanco sigue insistiendo sobre la víctima con la esperanza de golpear mejor, pero tampoco sabe muy bien si lo conseguirá, en especial cuando a la víctima no se le encuentran fallas reales escandalosas. El perfil respetable, conservador y solemne del agredido favorece los golpes del lapidador, pues puede más fácilmente tildar a la víctima de hipócrita, pero es mucho más difícil golpear a una víctima cuando ésta tiene perfil transgresor, como en este caso.
- Instrumento. El principal instrumento de lapidación es la prensa amarilla, que es una patología de la comunicación que por regla general tiene un público cautivo cercano al de la clientela de la pornografía. Esta empresa no conoce ningún límite ético. Si bien en la ética periodística existen muchas zonas grises, la empresa amarilla no reconoce ni siquiera los principios más elementalísimos de la ética, los viola todos. Si no hiciese esto carecería de capacidad de lesión al proyectar su propia inmoralidad sobre el lapidado.
Es interesante observar que la prensa amarilla se vale de un proletariado de jóvenes que cumplen las tareas menores y más desagradables, necesitados de su salario –que debe ser miserable– y que mientras arrojan piedras sobre el lapidado le piden disculpas porque están trabajando y hasta le envían mensajes más o menos anónimos de adhesión disculpándose por no aparecer públicamente en su defensa. Algo análogo suele suceder con algunos de quienes practican personalmente la tortura.
La inmoralidad de la prensa amarilla causa a estos jóvenes serios problemas de conciencia. Las consecuencias últimas de esta degradación del proletariado del amarillismo en la personalidad de los explotados no son menores, considerando que se trata de personas muy jóvenes y que conservan restos de dignidad y valores.
- Mecánica de la agresión. La mecánica de la lapidación mediática asumió en el caso una forma bastante compleja. Se abrió con la difusión de mails hackeados, adulterados e inventados, publicados en un sitio cuya dirección electrónica fue difundida por la prensa no amarilla. Primera tentativa de lesión a la autoestima de la víctima.
Previamente, la víctima fue sometida a un estudio completo a efectos de obtener información que pudiera ser material de extorsión. El resultado de esta investigación fue alertar al banco extranjero del que la víctima era cliente desde hacía veinticinco años y éste decidió cerrarle su cuenta en razón de ser una persona políticamente expuesta. (Cabe observar que si la víctima hubiese operado con un testaferro la cuenta no hubiese sido cerrada, lo que indica que algo anda mal en el mundo y no sólo en lo local.) El banco adoptó una actitud francamente discriminatoria con un cliente antiguo y con una cuenta cuyo movimiento era ínfimo y transparente. Se comunicó con el cliente y le informó poco menos que no quería problemas con un sudaca con un depósito despreciable. Segunda lesión a la autoestima de la víctima.
Sucesivos recados telefónicos eran dejados todos los días avisando lo que se publicaría en la prensa amarilla al día siguiente. Los llamados eran insistentes, reiterados varias veces al día, dejados en el contestador, remitidos a la cuenta de mail. El objetivo era mantener al hostigado en permanente estado de zozobra y alteración del sueño, induciendo una fijación persecutoria. Esto hubiese sido muy grave en caso de personalidad paranoide. También se buscaba que éste se preguntase permanentemente si había hecho algo errado. Frente a una personalidad culpógena esto podría acarrear una grave depresión e inducir errores de conducta. No fue el caso de la víctima de este hecho, que no tiene personalidad paranoide ni mucho menos culpógena, como máximo quizás un poco esquizoide.
Esos estados se potencian a través de los mismos métodos aplicados a todo el equipo de colaboradores, hostigados a distintas horas del día y de la noche. El objetivo fue desestabilizar a éstos, cada uno de los cuales tiene sus propias características conforme a las cuales reacciona y, en su afán por contener el avance del hostigamiento, desconciertan al hostigado, que se ve obligada a contenerlos. A ese efecto la prensa amarilla se agenció los teléfonos celulares de todo el equipo mediante procedimientos que no se conocen, pero no cabe descartar su carácter corrupto.
Paralelamente se procedió a instalar una guardia de fotógrafos en la puerta del domicilio particular del hostigado y a fotografiarlo cuando entraba y salía de la casa y a seguirlo cuando caminaba por la calle, como también a todas las personas que entraban y salían, a interrogarlas, a mostrar las fotos a los vecinos para que identificasen a cada uno, a fotografiarlo en el acto electoral, a interrogar al personal de servicio. Esto buscaba producir en la vida hogareña del hostigado el mismo efecto reproductor que con sus colaboradores, en forma tal de impedirle eludir la tensión y la zozobra en ningún momento del día ni de la noche.
Entre los hechos extraños que tuvieron lugar en forma contemporánea al hostigamiento se produjo la visita de una mujer, que intentaba entrar al domicilio del hostigado, con el pretexto de ejercer la prostitución y ofrecerse para armar una coartada. Si bien puede ser una coincidencia provocada por una persona desequilibrada, no cabe descartar otras hipótesis.
Con todo esto se busca que el hostigado esté fijado en el hecho en forma permanente, lograr que no piense en otra cosa, impedirle la distancia del hecho y la consiguiente reflexión y hasta el descanso. Si esto no doblega psicológicamente al hostigado, éste debe cargar con la pesada tarea de alertar constantemente a los colaboradores, convivientes, personal de servicio, vecinos, etcétera.
Uno de los objetivos del hostigamiento era individualizar al apoderado de la víctima, proyectando sobre ésta la propia inmoralidad en la idea de que esa persona era un testaferro encargado de sus negocios sucios. En realidad la desilusión debe haber sido absoluta. No dudo de que hayan acudido al Registro de la Propiedad y verificado que éste es un monotributista que sólo posee una casa prefabricada de fin de semana en una provincia y un automóvil. Otra pedrada sin eficacia.
Alertada la víctima por el llamado del banco extranjero y en pleno trámite de transferir el dinero de la cuenta al país en forma perfectamente legal, se mantenía atenta acerca de la posibilidad de manipulación deformadora de esta información, lo que llegó el día viernes, con el adelanto por recado de la noticia de que el sábado explotaría sobre ese hecho un segundo escándalo. Con seguridad que el banco no suministró información y la prensa amarilla volvió a proyectar su propia inmoralidad y presumió que había una cuenta oculta o una suma enorme e inexplicable de dinero. Por tal motivo el hostigado le abortó la maniobra con una conferencia de prensa en Santa Fe y expuso públicamente lo referente a la cuenta y a la actitud discriminatoria del banco. La prensa amarilla de inmediato desmontó el operativo del segundo escándalo.
Un periodista publicó la falsa noticia de que la víctima había mantenido en la Casa de Gobierno una reunión de alto nivel con ministros del Poder Ejecutivo. Esto tenía toda la intención de provocar una justificada indignación de la dirigencia política opositora contra el hostigado. Afortunadamente éste la pudo desmentir públicamente de inmediato y en general la actitud de los políticos fue sumamente mesurada y prudente.
Como parte del hostigamiento, un sujeto usó el nombre del hostigado en Twitter y después de enviar varios mensajes divulgó la noticia de que había renunciado, lo que desconcertó incluso a algún dirigente político y provocó una catarata de llamadas al tribunal y al interesado, creando mayor zozobra y tensión entre las personas que lo rodeaban en su trabajo y en su domicilio.
Provocada una reacción masiva de repudio contra la prensa amarilla, un diario publicó la noticia de que las muestras de apoyo y solidaridad del exterior son obtenidas por medio de una gestión oficial. El supuesto gestor oficial es absolutamente desconocido en todos los medios académicos y universitarios del exterior.
Un comunicador excedió el marco del poder mediático emplazando al hostigado a que comparezca ante alguno de los medios para los que trabaja a dar explicaciones, porque de lo contrario debería darlas en el Congreso de la Nación, exigencia curiosa y extraña por cierto, considerando que quien la formula carece de toda función pública o de representación popular.
La prensa amarilla, frente al desprestigio que le provocó una solicitada de numerosos periodistas de diferentes medios y colores, trató de descalificarla afirmando que una de las firmas correspondía a un periodista que no había autorizado su inclusión en la solicitada. Resultó ser la de un periodista homónimo.
Ante el fracaso de la lapidación frente a la reacción masiva de repudio, la prensa amarilla trató de poner distancia del hecho, afirmando que sólo se limitó a tomar una noticia de otro medio; lo cierto es que el otro medio es un diario que alcanza el punto máximo de impudicia e ictericia y que pertenece a la misma empresa. Esto puede obedecer a la tentativa de evitar una demanda civil, aunque no parece que le preocupe demasiado; cabe pensar que su preocupación finca en el repudio general y profesional y, en definitiva, en el ridículo, del que –como alguien dijo– no se vuelve.
Como ya no quedaba nada que aclarar ni agregar, un diario difunde supuestos enfrentamientos o malestares en el seno del tribunal, información que parece proceder de un personaje de triste figura y facies inexpresiva, que por lo general comunica trascendidos insólitos (usualmente llamados chismes) y que deambula escondiéndose detrás de las columnas del Palacio de Justicia.
- Objetivos de la agresión. Como las motivaciones que mueven a los lapidadotes no son las mismas, tampoco los objetivos coinciden: unos buscan destruir psíquicamente al hostigado, dese-quilibrarlo para que reaccione de modo erróneo, sorprenderlo en esa reacción y mostrarla como confirmación de su inadecuación a los reclamos del rol. Pero otros pueden buscar objetivos menos personales y más concretos: 1) obtener su alejamiento de la función y el desprestigio institucional; 2) inferirle el mayor daño posible; 3) generar una confusión política en medio de una campaña electoral; 4) provocar un enfrentamiento con los colegas del tribunal y desarmar la armonía y respecto que debe primar entre ellos; 5) desarmar el prestigio internacional de la víctima y anular su palabra en los foros extranjeros; 6) o simplemente causar confusión y afectar la vida democrática del país hasta donde les fuese posible.
- Razones por las que no fueron alcanzados los objetivos. Las razones por las que la lapidación no obtuvo el efecto deseado son varias, poniendo de manifiesto que la construcción mediática tiene límites.
En efecto: Si bien existió un problema de consorcio, la vinculación del hostigado con este problema nunca pasó de la firma de las escrituras traslativas de dominio de los inmuebles en que se practicaba, dado que no los administraba y tampoco firmaba los contratos de locación, todos a precios de plaza, nunca conoció a los inquilinos y en muchos casos ni siquiera los inmuebles. Como todo esto está perfectamente documentado, el hostigado no fue golpeado en su estabilidad emocional.
Por otra parte, las denuncias de trata de personas y de lenocinio no parecen tener fundamento en los hechos, pues hasta el momento lo que parecería haberse producido es la desnaturalización de los contratos de locación por violación de la prohibición de subalquilar y por la violación del reglamento de copropiedad en caso de eventuales molestias producidas por los subinquilinos.
Las afirmaciones de una diputada no han resultado fundadas y, además, ha admitido que conocía los hechos desde hace dos años, sin que lo notificara al hostigado, lo que indica su clara intención de reservarse la información y provocar el escándalo por la prensa amarilla durante la campaña electoral. La versión lapidaria no resulta convincente porque no puede mostrar cuál es la supuesta ventaja que alguien puede obtener de alquilar inmuebles al precio de plaza para que se ejerza la prostitución, cuando los puede alquilar al mismo precio para otro objetivo que no le acarrease problemas.
Menos aún lo hay para creer que un profesional que puede retirarse a la actividad privada y ejercer la profesión con buenos honorarios, incluso pagados por algunos de los que lo imputan (que lo quisieran a veces como abogado), emprenda una actividad absurda con su nombre y apellido y sin que le aporte ninguna renta mayor de la corriente.
Pero si bien la construcción de la realidad intentada excedía los límites de las posibilidades de ésta por inverosimilitud, en cuanto al hostigamiento lo que impidió que se alcanzase alguno de los posibles objetivos en el caso fue que el hostigado no carecía de experiencia política y mediática. Si el hecho se hubiese concretado contra una persona sin esa mínima experiencia, hubiese sido imposible evitar alguno de los objetivos dañinos propuestos. En síntesis: Por un lado se verifica que la construcción de realidad tiene el límite de la alucinación: una ilusión puede llegar a tener éxito, pero una alucinación nunca puede tenerlo. Por otro lado, se prueba que el hostigamiento tiene el límite que le pone la personalidad y la experiencia de la víctima.
- Consecuencias sociales del hecho. Evaluando el hecho en cuanto a sus consecuencias sociales negativas, podemos señalar tres diferentes niveles de efectos.
En el plano comunicacional, la generalización de esta metodología de hostigamiento crearía el grave riesgo de estimular a los que en toda sociedad tienen vocación de inquisidores para que un buen día impulsen una ley mordaza. Esto debe evitarse a cualquier precio; la única ley de prensa tiene ciento cincuenta y ocho años y es muy buena: es la Constitución nacional. No sólo no se necesita sino que es menester rechazar terminantemente cualquier intento de otra ley de prensa acerca de contenidos. El amarillismo no se combate con censura, sino con definiciones. Se lo combate evitando que los medios serios se mezclen con el amarillismo, aunque eso pueda arrojar algún rédito pasajero e inmediato. Esa mezcla venenosa debilita la credibilidad de los medios y fortalece a los partidarios de la censura.
Una vez aislado de los medios serios, el amarillismo no molesta, pues al igual que la pornografía tiene un público cautivo y hace su negocio, sucio pero tolerable, porque su público sabe lo que lee (este es el otro aspecto que lo asemeja a la pornografía).
En lo político, la generalización de estos hechos puede llevar a la opinión la impresión de que en la política y en la función pública nadie está limpio, que todos los candidatos son sucios, que todos se mueven por intereses bastardos, que no hay ideales ni vocación de servicio. Eso es la antipolítica y ésta es el campo de cualquier aventurero extrasistema y siempre fue el preludio de todas las dictaduras, con costos invariablemente muy altos para los pueblos.
En lo antropológico no puedo dejar de observar que para intentar destruir psíquicamente a una persona se requiere una pulsión de odio tan brutal que en otras condiciones se materializaría en forma directamente destructiva en el plano físico. Me pregunto qué mueve semejante pulsión destructiva. ¿Qué genera o motiva semejando grado de odio? Y llego a la conclusión de que en el fondo es el afán crematístico y de poder. Poder y dinero es la clave. ¡Son locos! ¡Están alienados! Han alcanzado un grado tal de alienación que olvidan el viejo adagio popular: no hay mortaja con bolsillo. Si es que ya no lo tienen, reunirán el dinero que les alcance para vivir muchas vidas, pero no los vivirán, porque hay una sola y única vida, con límite infranqueable. Quizás esta afirmación sea demasiado existencialista y, por ende, resulte un poco pasada de moda, pero no puedo dejar de llamar a la reflexión desde esta perspectiva frente a semejante grado de alienación.
Un día todos podemos estar en la cama de un hospital mirando al techo sin saber si mañana o dentro de un rato lo podremos ver. ¿Qué consolará a estas personas en ese momento? Se han olvidado que todo ser humano que nace es ya suficientemente viejo como para morir y mañana mismo podemos no estar. El afán crematístico les borra la conciencia hasta ese límite; Tánatos los domina por completo. Por suerte son los menos, porque de lo contrario la especie humana no tendría futuro y yo creo que lo tiene. La humanidad no está representada por ellos: prueba es la presencia de todos ustedes.

8/8/11

LA CRIMINOLOGIA MEDIATICA (TRES)


Desde el jueves 26 de mayo de 2011 el Diario Página 12 de Buenos Aires publicó semanalmente una serie de 25 entregas donde Raúl Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina, junto las ilustraciones de Miguel Rep, despliega una mirada alternativa sobre los temas más polémicos relacionados con la delincuencia, la seguridad, el derecho, el poder punitivo, la figura del Estado gendarme y el rol de los medios. 
En el fascículo 18 se sigue desarrollando el tema de la criminología mediática con especial interes en el rol de los políticos. 

Los movimientos políticos de restauración del Estado de bienestar actuales no son inmunes a la criminología mediática y suelen caer en sus juegos. Esto se traduce en una permanente ambivalencia frente al fenómeno: da la sensación de que no saben manejarse frente a la agresión que llevan adelante los partidarios del Estado spenceriano.
Los políticos no conocen otra criminología que la mediática. Por eso, frente a los embates de ésta, responden conforme a su discurso de causalidad mágica y, para demostrar que están preocupados por la seguridad, caen en la trampa de plegarse a sus exigencias. De ahí la adopción de medidas paradojales: autonomizan las policías, las dotan del poder de practicar golpes de Estado más o menos encubiertos cuando se las priva de fuentes de recaudación, sancionan leyes descabelladas, piden castigos para los jueces, etc.
Si bien algunos políticos hacen esto por oportunismo o por ideología autoritaria, no estamos ante una mayoría. Sostener lo contrario es caer en la antipolítica, y esto es lo mismo que anhelar una dictadura.
Los políticos desconcertados suelen creer que con concesiones contendrán el embate de la criminología mediática, pero en realidad corren serios riesgos de desdibujar su propia identidad ideológica. Y cuando en la política-espectáculo los personajes terminan pareciéndose demasiado, se abre el espacio para que la criminología mediática enarbole su bandera de la antipolítica.
La criminología mediática no tiene límites, va en un crescendo infinito y acaba reclamando lo inadmisible: pena de muerte, expulsión de todos los inmigrantes, demolición de los barrios precarios, desplazamientos de población, castración de los violadores, legalización de la tortura, reducción de la obra pública a la construcción de cárceles, supresión de todas las garantías penales y procesales, destitución de los jueces, etc.
El público reclama cada vez mayor represión por efecto de una criminología mediática que no es fácil detener, porque responde a demasiados intereses generados por ella misma, como todas las industrias de seguridad. Sin contar con que es muy difícil desviar hacia otras actividades la inmensa mano de obra ocupada en estos servicios, que son casi tres millones de personas.
La criminología mediática ha logrado que los Estados Unidos tengan más de dos millones de presos. ¿Alguien cree seriamente que un país puede albergar más de dos millones de personas dispuestas a asesinar? Nadie con cierta experiencia judicial puede leer muchos expedientes sin reprimir la sensación de que, fuera del círculo de autores violentos –y aun entre éstos– cada condenado parece más tonto y torpe que otro.
En definitiva –y, por supuesto, sin subestimar el daño que causan–, creo que en la enorme mayoría de los casos estamos prisionizando a torpes desconcertados y no a quienes eligieron en plenitud. Por el peso de la criminología mediática se llenan las cárceles con un tercio de personas sin condena, o sea, con torpes cuyo delito no ha sido probado.
Es una verdad de Perogrullo que para bajar los niveles de violencia en una sociedad es necesario motivar conductas menos violentas y desmotivar las más violentas. Fijado este objetivo estratégico, es necesaria una táctica basada en las técnicas de motivación de comportamientos. Lo curioso es que en otras áreas nadie pretende hacerlo con pensamiento mágico, sino con las mejores y más depuradas técnicas.
En cambio, sí se apela a una causalidad mágica cuando la sociedad quiere motivar conductas menos violentas y desmotivar las más violentas. En ese caso la ciencia social no tiene espacio y cada uno opina según el pensamiento mágico. Los simplismos más groseros y las hipótesis más descabelladas se retroalimentan entre la televisión, la mesa del café y las decisiones políticas.
La criminología mediática no puede eludir la necesidad de vestirse de científica y, para eso, convoca a sus expertos. En esto hay considerable diferencia entre norte y sur de nuestro planeta.
En el sur, la gran mayoría de los expertos de nuestra criminología mediática hablan de lo que saben (organización policial, dificultades de investigación, mejora del proceso, diagnóstico de algún caso particular) hasta que en un momento el conductor de tal o cual programa los interroga sobre el aumento del delito, de la criminalidad, las causas del delito, los factores sociales, si la droga tiene mucho que ver, si la liberación sexual tiene incidencia, si la desintegración de la familia pesa, si “esto” se arregla con planes sociales, con mayores penas… En otras palabras, les formula preguntas que sólo un criminólogo podría responder recién después de analizar investigaciones de campo que no se realizan en el país, porque no se les destina un mísero peso.
Ante la pregunta del conductor, el experto no puede dejar de responder. Allí es donde se produce el llamado “rizo de retroalimentación”: el experto reproduce el discurso de la criminología mediática; habla de lo que sabe y luego de lo que cree obvio (que, de hecho, es la realidad construida mediáticamente). Esto dota de autoridad científica a la criminología mediática.
En el norte las cosas son un poco diferentes… El enorme desarrollo alcanzado por el sistema penal norteamericano produjo expertos que integran el think-tank de la derecha made in USA, que venden bastante bien y que generan la industria de conferencias pagas, los suculentos derechos de autor, las entrevistas televisivas.
Los best seller criminológicos norteamericanos se comentan en generosos espacios de diarios que se suponen serios, dando lugar a una verdadera industria de fabricación de embustes criminológicos que se venden en los aeropuertos, junto a las novelas policiales y a las revistas pornográficas en sobre sellado. Todos ellos proyectan la imagen del crimen como un fenómeno individual. Para eso publicitan muchísimo las novedades de los biólogos y genetistas, pero terminan incurriendo en una confusión que no hace más que ocultar un renacimiento del peor reduccionismo biológico.
En líneas generales concurren cuatro actitudes diferentes: a) por un lado, la estafa científica de algunos escribidores; b) por otro, la ingenuidad de algunos científicos serios, que no son capaces de reconocer los límites de sus propios conocimientos, o sea, que saltan de la biología a la filosofía sin escalas; c) a todo eso se suma la ideología burdamente racista de algunos científicos y d) por último, el horrible guiso que cocinan los comunicadores o formadores de opinión mezclando todo lo anterior para reforzar la imagen puramente individual del crimen que proyectan como único riesgo social.
El reduccionismo biológico nunca desapareció del todo y el riesgo de su renacimiento –con amplia cobertura mediática– no puede subestimarse. Hasta no hace muchos años la ciencia apresurada tuvo gravísimas consecuencias letales, aunque también en su tiempo muy publicitadas.

Fuente: http://espectadores.wordpress.com

Estos son los links para bajar la colección en formato .pdf:
La cuestión criminal. Fascículos 1 al 8
La cuestión criminal. Fascículos 9 al 16
La cuestión criminal. Fascículo 18
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