A lo largo de nuestra corta historia como país han sido muchos los artistas o intelectuales que intentaron definir qué somos como sociedad y como individualidad. En canciones, obras de teatro o ensayos se buscó retratar al “ser argentino”. Todos los intentos despertaron polémica. La grieta siempre estuvo presente.
Ya en tiempos de Alberdi, un prócer nacional muy de moda en estos días, el tema era de mucho interés. En el prólogo de Fragmento preliminar al estudio del derecho, resalta una cita en latín: Nosce te ipsum (conócete a ti mismo). Sin dudas, Alberdi hablaba en nombre de toda la Generación del 37.
Un siglo después, Ezequiel Martínez Estrada publicó Radiografía de la Pampa, un libro que pretendía ser definitivo al describir el "ser nacional". Alejado de los sueños de grandeza que en la década del 30 se hacían fuertes en el país, el autor nos habla de una nación fundada sobre el error, donde la llanura de la pampa puede interpretarse como un laberinto sin salida, un territorio donde conviven, en equilibrio trágico, la civilización y la barbarie.
En esta línea pesimista de Martínez Estrada, centrada en el individualismo, la falta de cohesión social y la ausencia de un proyecto común, podemos inscribir a la última película de Mariano Cohn y Gastón Duprat: Homo Argentum. Volvemos al latín, que en este caso podríamos traducir como Hombre "Argentino" o "de Plata".
Es tan grande el éxito de la película, amigo lector, que me imagino lo innecesaria que resulta la información que le comparto: batió los récords de espectadores, sorprendió con un actor interpretando 16 personajes y con un formato de 16 capítulos breves, sin relación aparente entre sí.
Pero sí me parece necesario enmarcar la película del versátil Guillermo Francella en el universo creativo de la dupla Cohn y Duprat. Su presentación en sociedad fue con Televisión Abierta (1998), un programa que se anticipó a YouTube: una cámara, y una pantalla para la difusión, para que cualquiera mostrara sus talentos o simplemente contara algo.
De ese experimento (¿democratizador?) saltaron al cine con El hombre de al lado, con un protagónico consagratorio para Daniel Aráoz y un tono narrativo que oscilaba entre el suspenso y el humor negro. Siguieron El ciudadano ilustre y Competencia oficial, además de la serie Bellas Artes, todas protagonizadas por Oscar Martínez, donde van al choque de lo políticamente correcto en general y del snobismo cultural en particular.
También merece mención la serie Nada, que los reunió con Robert De Niro, y El encargado, donde trabajaron con Francella, consolidando una nueva sociedad artística.
Medios de comunicación, arquitectura, redes sociales, sindicatos, literatura, la política, el arte moderno y la propia industria del cine aparecen dentro del abanico temático que recorren a lo largo de su obra. Y aunque muchas producciones se rodaron en el exterior, siempre lo argentino está presente. Pero no necesariamente en su costado más luminoso: sus personajes suelen ser oscuros, calculadores, cínicos, cascarrabias, poco progresistas (lo digo así, en términos amables).
En ese sentido, Homo Argentum parece una continuidad coherente dentro de un universo creativo de dos artistas que parecen cómodos en el rol de enfants terribles.
Queda, como dato llamativo, la distancia entre la crítica y el público. La primera, en general, fue muy dura al evaluar la película; mientras tanto, familias enteras o grupos de amigos peregrinaban en masa a las salas de cine de todo el país, retomando una práctica de consumo mediático impropia en la era de las plataformas de streaming.
En lo personal, creo que al abuso del estereotipo del "argentino medio" (el que se hace el "boludo", el canchero, el ventajero, el snob) le falta el balance del arquetipo que también nos define y con el que nos reconocen en el mundo: los que fundan unicornios, los que brillan en disciplinas deportivas o como referentes religiosos, los que ganan premios Nobel o se convierten en abanderados de los desposeídos, los que dejan huella en la ciencia y en las artes… como Cohn y Duprat.
Barbarie y civilización. Ni más ni menos.

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