6/2/11

INTELECTUALES, POLITICA Y PODER


ILUSTRACION DE TULLIO PERICOLI

En la edición de hoy del diario Miradas al Sur se publican una serie muy interesantes de notas en la sección "Debate" sobre el rol de los intelectuales y de los medios en nuestra sociedad. A leer, pensar y a meterse en el debate...
El camaleón, mamá, el camaleón
(Por
Daniel Cecchini, periodista)

De cómo los periodistas e intelectuales al servicio del poder real se disfrazan de contestatarios gracias a una gran operación mediática.

En un riquísimo diálogo con Gilles Deleuze incluido en Microfísica del poder, Michel Foucault definía el papel de los intelectuales a partir de su relación con el poder: “Ahora bien, los intelectuales han descubierto que las masas no tienen necesidad de ellos para saber; saben claramente, perfectamente, mucho mejor que ellos; y lo afirman extremadamente bien. Pero existe un sistema de poder que obstaculiza, que prohíbe, que invalida ese discurso y ese saber. Poder que no está solamente en las instancias superiores de la censura, sino que se hunde más profundamente, más sutilmente en toda la malla de la sociedad. Ellos mismos, intelectuales, forman parte de ese sistema de poder; la idea de que son los agentes de laconciencia y del discurso pertenece a este sistema. El papel del intelectual no es el de situarse un poco en avance o un poco al margen para decir la muda verdad de todos; es ante todo luchar contra las formas de poder allí donde éste es a la vez el objeto y el instrumento: en el orden del saber, de la verdad, de la conciencia deldiscurso”.
En otras palabras, hay intelectuales que trabajan para mantener un estado de cosas, para cristalizar relaciones de poder ya establecidas, para naturalizarlas y evitar que éstas sean subvertidas; otros, en cambio, presentan batalla a ese orden establecido, muchas veces validando desde su lugar ese saber popular (podría decirse, también, ese sentir popular) sobre lo que ocurre en el campo de la política, haciendo visibles las relaciones de poder que subyacen en los discursos.
En la Argentina existe por estos días una potente operación multimediática que intenta –no sin cierta eficacia– poner a unos en el lugar de los otros y viceversa. Podría decirse que se trata de una operación de encubrimiento destinada a engañar a la opinión pública, cuyo objetivo último es mantener intocados e intocables los intereses de los grupos económicos más concentrados y las consecuencias políticas, económicas y sociales que estos intereses imprescindiblemente producen.
Los programas periodísticos de la pantalla nocturna de TN, las páginas de La Nación y, en menor medida -por las características del diario-, las de Clarín, son los escenarios privilegiados para su realización. Basta con leer o escuchar lo que escriben y dicen sus columnistas habituales, ya se trate de intelectuales o de periodistas, para comprobarlo. El primer paso es el ocultamiento de la existencia de un poder real que -en mayor o menor medida, pero de manera casi constante- ha manejado, a través de dictaduras o democracias sujetadas, según las circunstancias, la vida de millones de argentinos. A partir de allí, el discurso multimedia le otorga el poder real al Estado al mismo tiempo que lo identifica con el Gobierno. Consumada la operación, los grupos económicos más concentrados de la Argentina –el verdadero poder real, representado por la Sociedad Rural, la Asociación Empresaria Argentina, cierto sector de la UIA, el Grupo Clarín, etc.– entran en escena como simples actores, víctimas de los caprichos de un Estado-Gobierno autoritario y omnipotente. Y mediante esa auto-victimización –potenciada por la sensación de inseguridad, la falta de seguridad jurídica y otras yerbas falaces– buscan la solidaridad de buena parte de la mediocre clase media argentina, de peso decisivo en un año electoral.
A esa clase media apunta el discurso de los intelectuales y periodistas del poder real, devenidos gracias a esta operación de desplazamiento en pensadores y opinólogos independientes –casi revolucionarios, si por ellos fuera– que cuestionan el poder de ese Estado-Gobierno. Como contrapartida, aquellos que defienden el modelo o, siquiera, rescatan críticamente algunos de sus logros, quedan catalogados como agentes del Gobierno.
Es un verdadero milagro mediático: si se presta atención a los nombres que pontifican democracia verdadera desde lo alto de las marmóreas columnas de La Nación, es habitual encontrar a un consumado redactor de proclamas dictatoriales que habla de defender la República; a un viejo propagandista del Operativo Independencia que se siente amenazado por la crispación autoritaria del Gobierno; o a un escritor que la juega de valiente cuestionador cuando su mayor audacia intelectual fue, allá lejos y hace tiempo, poner una cruz invertida en el título de un libro olvidable. Y siguen las firmas.
Desde su impostura de tribunos democráticos todos ellos apelan a los lugares comunes más berretas para movilizar a buena parte de la población en contra de sus propios intereses. Y entonces el Gobierno avanza contra la libertad de prensa con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Y, claro, “todos somos el campo” y “el campo es la patria”, por citar sólo un par de eficaces boludeces.
Así de profundas son las sesudas formulaciones de nuestros periodistas e intelectuales independientes. Independientes de todo y de todos, menos de sus poderosos patrones.

ILUSTRACION DE TULLIO PERICOLI

Comparto con Uds. otras notas de esta producción especial de la sección "Debates".

La irrupción del kirchnerismo y la aparición de dos tendencias contrapuestas entre los intelectuales que se definen como de izquierda.

Un intelectual del siglo V antes de Cristo, Teognis, cuyos poemas eran de lectura obligatoria en las escuelas, decía que “ningún hombre es rico o pobre, noble o plebeyo, sin la intervención de los dioses”. Lo mismo, aunque, obviando el plural, con un dios en singular, repitieron los autores judíos del Libro de los Salmos y del de los Proverbios. Y así lo heredaron los intelectuales cristianos.

Junto con la revalorización de la política y el fragor de las batallas discursivas que comenzaron a tomar fuerza en los últimos años, la influencia de los intelectuales en la sociedad y en la política vuelve, después de muchos años, a ser discutida y repensada a partir de los procesos históricos que en la Argentina y en tantos países de la región comenzaron tras la caída, a comienzos del siglo XXI, de los gobiernos y las lógicas conservadoras y neoliberales.

El periodismo argentino se enfrenta en su aniversario a una nueva encrucijada. Si la última dictadura implicó para los periodistas desprenderse de la censura estatal del régimen autoritario, hoy el desafío pasa por independizarse de los grupos concentrados que restringen la pluralidad de voces y subordinan el trabajo periodístico a la lógica de sus intereses. Honrar la profesión de la libertad de expresión y el ejercicio de la crítica o reproducir como escribas los lineamientos del propietario del medio. Esa es la cuestión.

En el cruce entre la práctica política y la reflexión que se hace de ella se expresa la continuidad de un debate democrático en el que hay que sumergirse con espíritu de batalla y evitando todo tipo de preconceptos. Sólo así se podrá seguir pensando y aprendiendo.

Hay algunos que hablan y no saben, y están los que saben pero no hablan, hay de todo en este país, pero lo que abunda es la ignorancia. No digo que no vale la pena debatir, pero lo que sucede es que hay mucha gente que realmente no entiende nada y no me refiero a una ignorancia basada en la falta de estudios. En este debate hay superpoblación de ignorantes que poseen títulos y todo.

Estos son algunas artículos publicados con anterioridad pero relacionados con el tema.

Los motivos por los cuales los medios no dan lugar a la participación ciudadana a pesar de contar con las herramientas tecnológicas para hacerlo.

Como los medios atacan y criminalizan a quienes no pueden defenderse por no tener voz.

Se lo conoce como Camilo Blajaquis, es poeta, un peleador, que antes conoció los institutos de menores desde el lado de adentro. Y antes la pobreza y sus violencias. Aquí cuenta de su vida, de qué cosas o personas se la cambiaron. También habla de nosotros, de Kirchner, de la Plaza, de los medios, del futuro.