12/9/08

CLASE DOCE: LA ESCUELA DE BIRMINGHAM


Hoggart, Williams y Hall.

A fines de la década del 50 un grupo de intelectuales británicos de origen marxista comienza a indagar sobre las relaciones entre comunicación, cultura y sociedad.

A diferencia del esquema estímulo / respuesta sobre los que el funcionalismo y la teoría critica basan sus análisis desde esta escuela van a poner en duda la omnipotencia de los mass media y su capacidad para manipular a las audiencias.

Interesados en el fenómeno de las culturas populares, especialmente las expresiones obreras, combinan los estudios literarios con las ciencias sociales, la antropología y las indagaciones etnográficas.

Movidos por objetivos político similares a los de la Escuela de Frankfurt se preguntan por las relaciones de poder o comunicación, prestando atención a zonas de la cultura desvalorizadas, como las expresiones proletarias y su relación con la cultura masiva.[1]

Sus principales referentes son:

· Richard Hoggart (1918)

· Raymond Williams (1921-1988)

· Stuart Hall (1932)

Las preguntas que articulan el trabajo de la Escuela de Birmingham pueden resumirse en:

¿Por qué tienen éxito los medios de comunicación si transmiten visiones del mundo que no favorecen a los sectores que la consumen? ¿Existe alguna resistencia hacia los discursos generados por las clases dominantes? ¿Acepta la cultura popular los valores transmitidos desde el poder?[2]

La búsqueda de las respuestas para estos interrogantes abre una nueva puerta para el trabajo de estos investigadores: ¿se puede pensar a la cultura y a la comunicación por fuera de las relaciones de poder?

El punto de partida, tal vez, lo podamos encontrar en una frase de Marx extraída de "La ideología alemana: "las ideas de la clase dominante son en todas las épocas, las ideas dominantes".

Como Horkheimer y Adorno, consideran la cultura de masas como un producto mecánico y artificial, vinculado con los intereses expansivos del capitalismo, pero, a diferencia de estos, advierten que la industria cultural no ha logrado cosificar todavía por completo la conciencia de los trabajadores. Aún es tiempo de reivindicar los elementos orgánicos y emancipatorios de la cultura popular, y esta es, precisamente, la tarea política de los estudios culturales. Tal vez por ese perfil político este emprendimiento académico iba a tener una limitada adhesión institucional. En 1964 se funda, en la Universidad de Birmingham, el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos (CECC), este es el origen del nombre de esta corriente y a continuación se detallan sus principales características:

1. Los Estudios culturales actúan utilizando un concepto extenso de cultura [...] Se adhieren al punto de vista antropológico de la cultura entendida como «el modo de vida completo de un pueblo», a pesar de que no concuerden con el punto de vista que define la cultura en cuanto totalidad.

2. Los Estudios culturales legitiman, justifican, celebran y politizan todos los aspectos de la cultura popular. Consideran la cultura popular como algo dotado de valor de por sí y no en cuanto «fenómeno sombra» o puro vehículo de mistificación ideológica.

3. Quien actúa en el seno de los Estudios culturales reconoce la existencia de una socialización de su propia identidad, que se produce a través de los procesos de los medios de comunicación de masas y de la comunicación que se intenta comprender.

4. La cultura no se considera de modo estático, como se haría con cualquier otra cosa de tipo fijo o con un sistema cerrado. Los Estudios culturales miran a la cultura como a algo que emerge, que es dinámico, que se renueva constantemente. La cultura no es una serie de artefactos o de símbolos congelados, sino un proceso.

5. Los Estudios culturales se afirman apoyándose más en el conflicto que en el orden. Investigan y anticipan el conflicto, tanto a nivel de la interacción cara a cara como, y de modo más significativo, a nivel del sentido. La cultura no se puede considerar como un principio unificador, ni como una fuente de comprensión compartida, ni tampoco como un mecanismo para legitimar los vínculos sociales.

6. Los Estudios culturales son «democráticamente» imperialistas. Si bien todos los aspectos de la vida social están ahora ¨culturalizados¨, ninguna parte de la vida social va más allá de sus intereses -la ópera, la moda, la violencia de las bandas, las conversaciones de bar, las películas de horror y así sucesivamente [...] ya no están colonizados, canonizados ni delimitados alrededor de un sistema central de significación.

7. Los Estudios culturales consideran las representaciones culturales a todos los niveles: el comienzo, la mediación y la recepción o la producción, la distribución o el consumo.

8. Los Estudios culturales son interdisciplinarios y no reconocen ningún tipo de origen disciplinar. [3]

Richard Hoggart fue el primer director del CECC, hasta que en 1973 deja el cargo para comenzar a trabajar en la UNESCO. En 1957 publica “The Uses of Literacy: Aspects of Working Class Life”, trabajo en el que combina el análisis literario con el método etnográfico para dar cuenta de cómo es vivida la cultura de masas en los barrios industriales, en especial la prensa y la literatura popular.

La cultura obrera da sentido a los mensajes que circular en los mass media a partir de su estilo de vida, sus valores y tradiciones. En esta obra pone en discusión la tendencia extendida de los estudios de comunicación de sobrevalorar la influencia de los medios. A partir de una descripción intimista de la vida cotidiana indaga la compleja trama de la cultura popular, construida en la relación con estos mensajes.

La idea de Richard Hoggart es utilizar herramientas y técnicas de la crítica literaria para desplazarlas a temas que la comunidad universitaria nunca pensó: las prácticas de las culturas populares que se oponen a las de la cultura de élite.

La experiencia de vida del mundo obrero no se diluye con la llegada de los mass media, sino que se entrecruza con ésta produciendo nuevas configuraciones culturales.

Valores como la tolerancia y la solidaridad, que antes expresaban la voluntad de las clases populares por transformar sus condiciones de vida, ahora, por influencia de los mass media, aparecen vacíos del sentido de rebeldía.

Apoyada en los valores tradicionales, la cultura obrera, que no se deja seducir tan fácilmente, se salva de los peores efectos de los mass media, pero su simplicidad la convierte en presa fácil de estos embates, librándose una batalla diaria donde el ganador nunca está bien definido ni es categórico.

Así, para la escuela culturológica el entorno social, la conjunción de valores e instituciones sociales de cada comunidad, opera como una instancia de resignificación de los mensajes mediáticos.[4]




Referencias:

[1] En este punto nos parece interesante recordar una definición que Raymond Williams elaboró respecto al término cultura: “una de las dos o tres palabras más complicadas de la lengua inglesa”. En el libro Keywords, publicado en 1976, no brinda tres definiciones concretas: “un proceso general de desarrollo intelectual, espiritual y estético; un modo de vida particular, referido a un pueblo, un período o un grupo; los trabajos y las actividadesintelectuales y artísticas». En esta última definición se hace referencia a las actividades y a los textos cuya principal función es construir significados. Dicha definición ha sufrido un proceso de democratización, por así decirlo, dentro de los Estudios Culturales, que ha llevado a incluir junto a los textos de la “cultura alta” también los de la “cultura baja”, como por ejemplo los comics, las películas de serie B, la música pop, las telenovelas, los videos musicales, considerándolas textos culturales que participan en la construcción de significados compartidos por una cultura. En la segunda definición, el concepto de cultura, influenciado por las teorías antropológicas y por las investigaciones etnográficas, incluye en su seno actividades sociales que coinciden con muchas de las actividades, más o menos ritualizadas, de nuestra propia vida cotidiana y con modos de vida bien definidos como, por ejemplo, los de los grupos sub-culturales.

[2] Para comprender la finalidad de esta escuela debemos tener presenta la diferencia entre el concepto cultura popular(conjunto de costumbres, actividades, hechos culturales y reflexiones que son generados por los propios habitantes de una comunidad con fines no comerciales) y la cultura masiva (una practica cultural basada en el consumo de bienes y actividades artísticas diseñadas y producidas en serie por los sectores hegemónicos con el objetivo de comercializarlas en el mercado cultural).

[3] Texto y contexto en los medios de comunicación. Grandi, Roberto. Editorial Bosch. Barcelona. 1995.

[4] A la luz de los efectos de la globalización estos conceptos, acuñados durante la década del 60, parecen desactualizados, pero analizando la conflictividad de varias sociedades sin duda todavía encontramos focos de resistencia a lo largo y ancho del planeta.