14/9/08

SIMPLEMENTE MAESTRO

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Hace un par de años cursé en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo la carrera de Educación Popular, coordinada en aquel momento por varias militantes que hoy forman parte del colectivo "pañuelos por la rebeldía".
El 11 de septiembre se celebra en Argentina el día del maestro, en conmemoración del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, un figura polémica de nuestra historia, roconocido como el máximo impulsor de la escuela pública durante el siglo XIX.
Aprovechando la fecha, y como homenaje a los educadores populares, comparto con ustedes parte del material del curso, en este caso sobre Paulo Freire, sin dudas el referente más importante en la materia y uno de los pensadores más influyentes en las teorías latinoamericanas que sobre la comunicación popular tomaron forma a partir de los años sesenta.

Algunos aportes acerca de Paulo Freire y su pedagogía del oprimido
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Miguel Darcy de Oliveira realiza una presentación de Paulo Freire destacando su trayectoria tanto en el período anterior a 1964, momento del golpe de Estado; la posterior vivencia del exilio y luego su regreso a Brasil, desde 1980 en adelante.
En los años 60, Freire se interesó y fue al encuentro de los excluidos, de los que no tenían oportunidad, y trabajó con ellos. Esto despertó el interés y la imaginación de mucha gente de esa época. Otra cosa que destaca Darcy de Oliveira es que el trabajo de Paulo se dio afuera del contexto institucional, una idea totalmente innovadora en su contexto. “Imaginar la educación en un ‘círculo de cultura’ y no entre los cuatro muros de una escuela, era dar prueba de un pensamiento innovador, al imaginar algo que no existía y hacerlo posible.”
Otro aspecto que destaca en la obra de Freire es “… la confluencia entre educación y proyecto político, proyecto de sociedad, su visión político-pedagógica”.
Darcy se pregunta quién era Paulo, y aproxima una respuesta:
“Un pequeño burgués de origen que había conocido el hambre. Un hombre de una familia de clase media del nordeste, que por vicisitudes de la crisis de los años 30 había conocido dificultades materiales muy grandes.
La segunda cosa sorprendente e interesante en relación a él es que era creyente. Paulo era un católico como se decía en aquella época, un hombre de fe. (…) La Iglesia que teníamos en Brasil estaba preocupada con la masonería, con el espiritismo, con la escuela pública (…) Que hubiera un cristiano que se enraizaba en su fe para dar el paso de su compromiso social, esto sí era algo innovador. En este punto también fue precursor de un viraje que se concretaría años después.
Un tercer punto a destacar es el que Paulo era un educador, un intelectual; y teniendo en cuenta que la mayoría de nuestros intelectuales eran personas desinteresadas de su pueblo (…) nos damos cuenta de que un intelectual cristiano que se vuelca para las camadas populares, ya era algo nuevo…
Paulo dedicó su trabajo a la cuestión del analfabetismo, dirigiéndose por elección hacia los más excluidos (…)
No lo consideraba (al analfabetismo) como una carencia personal, o como la prueba de la incapacidad de determinadas personas o de una determinada categoría social que no logra aprender, ni tampoco encaraba el hecho como atraso histórico que sería superado a medida que la industrialización avanzase (…) Para Paulo la raíz del problema estaba (…) en una precisa situación histórica de explotación y de marginalización.
De esta idea surgen dos puntos que van a ser inspiradores de todo su trabajo posterior: por un lado la noción de conciencia dominada, de conciencia oprimida, dando la debida importancia a los elementos subjetivos presentes en todo proceso de cambio. Por otro lado, la idea de que, impregnando esos comportamientos individuales, esos comportamientos subjetivos, la percepción, la conciencia que cada uno de nosotros, que cada grupo social tiene de los fenómenos sociales, hay siempre determinadas estructuras que conforman el modo de pensar y de actuar de las personas.
Para Paulo quebrar el problema del analfabetismo significaba atacar esa conciencia dominada que hacía que el analfabeto se creyese, se convenciese de su propia ignorancia, de su propia imposibilidad para aprender, y al mismo tiempo romper esa estructura de dominación que formaba esta conciencia oprimida y al mismo tiempo legitimaba el analfabetismo como algo normal, como parte del orden natural de las cosas. (…)”
En su período de exilio (1964 en adelante), Freire se refugió en el consulado de Bolivia, y como enseguida se produjo en dicho país un golpe de estado, se refugió en Chile, de allí pasó a EEUU y luego a Europa, residiendo durante nueve años en Suiza. En este exilio profundiza la reflexión teórica, escribiendo en 1969 la que para Darcy es su obra fundamental, la Pedagogía del Oprimido. Anterior a este texto, se halla La educación como práctica de la libertad (1964/65), que fue una primera teorización sobre la experiencia brasileña de alfabetización.
Pedagogía del oprimido fue escrito en EEUU y demoró varios años en ser publicado en Brasil.
Según Darcy, “… por un lado Pedagogía del oprimido se constituyó en una denuncia de este sistema (educativo/social) y de su modo de funcionamiento y por otro, retomando la experiencia brasileña y la experiencia chilena, Paulo reelabora sus ideas acerca de una alternativa, de lo que sería una pedagogía del oprimido que sea al mismo tiempo un modo de transformar la educación y un instrumento de transformación de la realidad”.(1)

(1) Las citas e información están extraídas de: "El proceso educativo según Paulo Freire y Enrique Pichon Riviere". Ana P. de Quiroga (Coord.) (seminario realizado en 1985) Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1985.

Paulo Freire: apuntes de un biografía

En 1960 se produjo en Brasil el triunfo electoral de Janio Cuadros. Sus propuestas tenían elementos de dos tendencias políticas: liberal con orientación cada vez más conservadoras; y populistas. Del populismo toma principalmente el derecho de Brasil a una política exterior independiente. Si bien en el aspecto económico se manifestaba el aspecto conservador, esto no “tranquilizó” lo suficiente a EEUU (presidencia de Kennedy) interesado en ese momento en recuperar su influencia en América Latina (altamente influenciada por el triunfo de la Revolución Cubana en 1957).
En 1961 Quadros decidió condecorar al Che Guevara en su paso por Brasil, desatando una crisis que llevó al presidente a renunciar. Su vicepresidente, Joao Goulart, debió asumir como sucesor en el marco de un intento del ejército de evitar dicha asunción; se impuso una reforma que reducía los poderes presidenciales. Goulart debió aceptarla, aunque en un plebiscito de 1963 recuperó todas sus facultades.
Goulart intentó, en medio de tensiones y una inflación creciente, ampliar su base de apoyo incorporando a sectores no movilizados políticamente hasta entonces, para ello propuso conceder el derecho al sufragio a la tropa, la organización sindical de suboficiales, el voto a los analfabetos, la elaboración de un estatuto del trabajador rural; es decir, medidas en muchos sentidos contradictorias entre sí, tendientes a frenar una posible situación pre revolucionaria; sin embargo, la oposición conservadora se sintió de todos modos amenazadas. En el ámbito urbano, creció el temor de las capas medias al fantasma del izquierdismo supuestamente representado por el presidente.
El 31 de marzo de 1964 se produjo el golpe militar, que contó con el apoyo de la embajada de los EEUU, pero también de sectores medios, de muchos políticos y también de los favelados. Esta intervención no se vivió como una abolición del sistema constitucional sino como una continuación de la tradición política brasileña que admitía intervenciones de las FFAA, que luego aparecían como integrándose a un proceso similar al constitucional.
El jefe del levantamiento militar, mariscal Castelo Branco, fue posteriormente elegido presidente por el Congreso – antes depurado de los parlamentarios más cercanos al ex presidente Goulart-.
El régimen intentó el control de los salarios y la recesión económica provocó gran aumento de la desocupación urbana. Rápidamente fue perdiendo apoyo, lo que lo llevó a rupturas aún mayores de la tradición constitucional, entre ellas la autorización de funcionamiento a solamente dos partidos políticos y la eliminación de las elecciones de gobernadores y alcaldes en las capitales de los estados (los estados brasileños son similares a nuestras provincias)
En una apretada síntesis, puede caracterizarse al régimen como burocrático-autoritarios con predominio del ejército como institución –no de un caudillo salido de sus filas- y la construcción de un aparato estatal, con fuerte control militar, organizado con criterios de eficacia tecnológica y administrativa, que representaba alianzas entre elites militares, empresarios nacionales y firmas multinacionales, control del gobierno sobre los sindicatos y persecución sistemática de toda forma de organización y fomento artificial de elementos como el fútbol y el carnaval para canalizar las energías de los grupos.
El largo período de régimen militar en Brasil no sólo se basó en la represión sino también, desde aproximadamente 1969, al inicio del llamado “milagro brasileño”, apoyado en una estructura industrial compleja. Este crecimiento económico acentuaba las desigualdades sociales pero colocó a Brasil entre los “gigantes económicos” del llamado Tercer Mundo. Dicha posición favoreció precisamente la duración en el tiempo.

Extractos de entrevista realizada a Paulo Freire y Frei Betto en 1985

En su ubicación histórica, el prólogo nos recuerda que Freire comenzó sus primeras experiencias como director del Departamento de Educación y Cultura del SESI (Servicio Social da Industria) en Pernambuco, durante el gobierno de Getulio Vargas; a su vez la experiencia realizada en el Movimiento de Cultura Popular de Recife, por Freire, correspondió a la presidencia de Joao Goulart. (recordando en ambos casos el rechazo general de Freire a las políticas tanto de Getulio Vargas como de Goulart).
Ante la pregunta acerca de cómo surgió la EP en la vida de Freire y en el Brasil, Paulo responde que “aunque todavía no había advertido que me estaba preparando para algo que empezaría a hacer más adelante en el campo de la educación popular, fueron muy importantes las experiencias en que participé en mi adolescencia, con chicos campesinos, con chicos urbanos, con hijos de obreros, con chicos que vivían entre riachos y morros, en una época en que residíamos un poco lejos de Recife. Las experiencias con ellos me fueron habituando a una manera diferente de pensamiento y de expresión, a cuya comprensión más rigurosa me dedico ahora como educador popular.
Aquellas experiencias me estaban preparando en muchos aspectos (…) para que más adelante me reencontrara con los trabajadores, exactamente cuando en Recife comencé a trabajar en el Servicio Social de la Industria, SESI.”
“Yo nací en 1921 (…) y en 1946 comencé a trabajar en el SESI. (…) Es interesante observar cómo sucedió eso dentro de una institución de objetivos asistenciales, creada en uno de esos momentos lúcidos de la clase dominante brasileña, y no para agudizar la conciencia crítica de los obreros, sino para opacar la realidad y así obstaculizar el asumirse de la clase trabajadora. (…) En el fondo, esos primeros momentos de radicalización –nunca de sectorización- que experimenté, gracias a una práctica que día a día se hacía más consciente, se dieron en el SESI.
Yo coordinaba el trabajo de los profesores con los niños. También trabajaba con los niños en el campo de la comunicación entre la escuela y la familia. Aquello que se llamaba, y se llama todavía, el Círculo de padres y profesores (…) El primer camino (que tomé) fue la charla, la exposición oral, fue el discurso sobre temas que yo admitía que eran importantes para los padres. Está claro que eso revelaba mi propia formación, y revelaba el peso de un pasado profundamente autoritario, como es el pasado brasileño (…) Eso revelaba una postura elitista también, según la cual el que sabe más, el que tiene un cierto saber considerado exacto, riguroso, piensa que sólo él sabe (…) Y si es así, entonces cabe a quien sabe determinar lo que debe ser dicho para que el otro también sepa. (…) En lugar de discutir con los padres su práctica en la relación con los hijos, yo hacía un discurso sobre los conceptos autoridad y libertad. Ahí estaba el gran equívoco.
(…) Mi equívoco no estaba en pretender discutir esa temática que yo discutía. Sino en que previamente yo debía escuchar más a las familias sobre lo que a ellas les interesaba discutir directamente (…) La cuestión que se ponía en evidencia no era la de hacer un discurso sobre los temas, sino de aprehenderlos, de desnudarlos en su razón de ser, en la práctica en que se daban”.
Ante la pregunta de cómo reaccionaba la sociedad de Pernambuco por esos años, décadas del 30 y el 40, si ya era considerado subversivo, Paulo responde:
“…en esos primeros tiempos yo era visto como un joven idealista. Idealista no en el sentido filosófico (…) Idealista en el sentido común de la palabra. Un tipo que se entrega con cierto amor a un trabajo que se llamaba ‘humanitario’. Entonces, durante ese primer período, me miraban con cierta simpatía, también me aplaudían. S9n embargo, a medida que la práctica misma se puso delante de mí como una tarea que ya no era pedagógica solo sino que tenía que ver con algo político, a pesar de que todavía no era capaz de advertir eso que yo llamo ‘política de la educación’, las cosas empezaron a cambiar. Cuando, por medio de la práctica, comencé a tener prácticas que reforzaban en los otros una opción por los intereses de los trabajadores, empezaron a verme como un subversivo potencial (…) Eso se dio poco antes del golpe de 1964. Sobre el final de los años ’50 ya empiezan a verme como un tipo peligroso. (…)
“…Las raíces están ahí, en esa experiencia (…), en el trabajo de campo, en todo el aprendizaje que fui haciendo en los círculos de los padres y de los maestros dentro del SESI. Más tarde, cuando ya había dejado el SESI me comprometo con un movimiento de intelectuales y artistas (…) grupo que crea el Movimiento de Cultura Popular (MCP): dentro del MCP profundicé y sistematicé, en parte, algunas de las preguntas que me venía haciendo hacía quince años (…)”
“…Uno de los trabajos del intelectual, del educador comprometido (es) ver cómo se puede llegar a la comprensión más crítica de la temática propuesta por la gente. Eso era (lo que se hacía) en un círculo de cultura.
Los resultados positivos que obtenía con ese trabajo eran de tal magnitud, en cuanto deseo de profundización por parte de los grupos populares, en cuanto compromiso, en cuanto comprensión, en cuanto lectura crítica, que yo me pregunté: si es posible hacer eso, alcanzar ese nivel de discusión con grupos populares, independientemente de que sean o no alfabetizados, ¿por qué no hacer lo mismo en una experiencia de alfabetización? ¿Por qué no comprometer críticamente a los que se están alfabetizando en el montaje de su sistema de signos gráficos en tanto son sujetos de ese montaje y no en tanto son objetos de él. En el fondo, por esa época yo ya estaba haciendo algo que hoy teóricamente formulo (…) cuando digo: Toda lectura de la palabra presupone una lectura anterior del mundo, y toda lectura de la palabra implica volver sobre la lectura del mundo, de manera tal que leer mundo y leer palabra se constituyen en un movimiento en donde no hay ruptura, en donde uno va y viene. Y leer mundo junto con leer palabra en el fondo, para mí significan reescribir el mundo. Rescribir con comillas, quiere decir, transformarlo. La lectura de la palabra debe estar inserta en la comprensión de la transformación del mundo, que provoca la lectura de él y debe remitirnos siempre de nuevo a la lectura del mundo.”
Fuente: Esa escuela llamada vida. Paulo Freire-Frei Betto. Nueva Información, Editorial Legasa, Buenos Aires, 1988.