Hay muchas televisiones. Y no me refiero a los aparatos receptores, hablo de los distintos tipos de televisión que podemos consumir desde una pantalla.
Y cuando hablamos de pantallas tampoco nos limitamos al televisor del living: hoy la TV está en todos lados, en todos los formatos y dispositivos.
La vieja televisión, con casi cien años de historia, se construyó sobre la lógica de grilla: una programación que acompañaba la rutina familiar durante todo el día. Noticias por la mañana y la noche. Dibujitos animados al mediodía. Telenovelas a la hora de la siesta. Programas estelares o películas en el prime time.
Los productores pensaban el contenido en función de “llenar” la grilla. La audiencia, con el tiempo, se acostumbró a tener el aparato encendido todo el tiempo. No importaba si había alguien frente a la pantalla. En detrimento de la imagen, la transmisión se volvió un “ruido de fondo”.
Esa TV se medía en tiempo “aire”, la nueva TV se mide en tiempo “clip”.
En la actualidad, la programación, los estudios y los invitados pasaron a un segundo plano. Lo más importante es generar “momentos” aptos para el clípeo: fragmentos cortos, aptos para ser viralizados en TikTok o Instagram bajo el formato predominante por estos días: el video vertical.
La nueva TV está más cerca de la pantalla del teléfono que de la del living.
La nueva TV nace con el streaming. Netflix, con su oferta de películas y series para consumo a la carta, fue pionera y se consolidó rápidamente como referente en el negocio.
El desarrollo tecnológico que permite streamear impactó también en la audiencia. Pasamos de “matar” el tiempo con la TV abierta a “invertir” el tiempo con el consumo on demand.
En Argentina, el año 2012 fue un punto de inflexión para la historia de la nueva TV: Mario Pergolini comenzó a transmitir en vivo la programación de Vorterix desde su propia web y, en paralelo, Coscu abrió su canal “Shacoscu” en Twitch.
Desde entonces, la evolución del stream en nuestro país no dejó de crecer. Hoy tenemos un ecosistema consolidado y diverso, con señales nativas como Luzu TV, Olga, Blender o Gelatina, que compiten por la atención de audiencias jóvenes (generación Z y millennials).
Mientras tanto, la TV tradicional parece estar en caída libre. Es víctima de una crisis generada por dos factores concurrentes: menos audiencia y menos ingresos por publicidad. El resultado: pantallas con contenido de baja calidad, con predominio de un panelismo polémico, en el peor sentido con el que se pueda interpretar dicho adjetivo.
En este nuevo escenario, aparecen estrategias mixtas. Por un lado, TELEFE incorpora figuras del streaming, como Nico Occhiato y comparte sus contenidos desde la pantalla de Luzu. Como contraparte, vemos la intención de grandes plataformas de parecerse cada vez más a la TV tradicional: desde hace un par de años, Netflix apunta a las transmisiones en vivo de eventos de distinta naturaleza, además de ofrecer planes más baratos pero que abren la puerta a la publicidad.
Más parecido a la TV no se consigue. La pueden imitar ¿la podrán superar?
Aunque muchos firmaron su acta de defunción, la TV no pierde centralidad. Casi nadie la ve, pero todos hablamos de sus contenidos: realities, coberturas periodísticas, eventos deportivos. Su capacidad de generar conversación aún la mantiene vigente.
Hay algo de la supremacía de la imagen que tal vez le garantice la supervivencia. Spotify, la plataforma de audio por excelencia, apuesta cada vez más al video. Quiere ser más YouTube que Spotify.
Por último, queda abierta la puerta al impacto de la IA en el ecosistema audiovisual. Ya se están haciendo películas donde imagen y sonido son generados íntegramente por IA. También, ya se han hecho doblajes donde cambia el idioma pero se mantiene la voz del actor original.
¿Llegaremos a ver una ultra nueva televisión? La respuesta, la semana que viene, en este horario, por este mismo canal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario