1/3/08

FILOSOFIA PARA LAS MASAS

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En el post anterior mencionaba a Michel Onfray (1959) por uno de sus libros. Amplio en esta entrada un poco la data de este filósofo francés enfrentado con los voceros de la academia en pos de una difusión popular de la filosofía, no solo a partir de sus libros sino también de la labor llevada a cabo desde la Universidad Popular de Filosofía
Su particular programa se basa en tres pilares:
La filosofía no solo se enseña, se vive. Hay que ir más allá de las aulas y comprometer el cuerpo y la experiencia con aquello que se trasmite desde el claustro.
Llevar la filosofía a un público masivo, rompiendo el cerco académico.
Rescatar figuras y temas silenciados por el discurso oficial.
Si tendríamos que buscar una figura de nuestro medio para entender el peso de este prolífico autor seguramente José Pablo Feinmann (1943) es su contraparte local.
Así como hace poco Feinmann publicaba la trascripción de una serie de conferencias sobre el derrotero de la filosofía occidental en un libro titulado “¿Que es la Filosofía?” se publicó hace poco en Argentina la última producción de Onfray. Dos obras que coinciden en la búsqueda de un lector que no necesariamente tiene que tener conocimientos previos sobre la filosofía o manejar un vocabulario técnico.
Se trata de “La potencia de existir. Manifiesto hedonista.”, una obra potente, donde a partir de un prólogo basado en un relato autobiográfico (“Autorretrato del niño”) se hace evidente la intención de asociar el cuerpo a las ideas, unir la carne y los huesos a la biografía de los filósofos.
Entregado a los diez años a un orfanato por sus propios padres, es allí donde encuentra en las ideas libertarias el espacio de resistencia contra los abusos del poder, las arbitrariedades y los abusos que sufría en carne propia. Luego se desarrollan distintos temas, con un estilo ameno, acorde a la intención de llegar al gran público:

· Un método alternativo (sobre la metodología filosófica)

· Una ética electiva

· Una erótica solar

· Una estética cínica

· Una bioética prometeica

. Una política libertaria
En resumen, un libro que funciona como un manifiesto hedonista, textos que reivindican los placeres mundanos pero no olvidad los sufrimientos del cuerpo, a las frustraciones políticas y que promueve la reivindicación de la utopía a partir de la asociación de egoísmos para conformar microrresistencias (rescatando la idea de Foucault) y enfrentar a los microfascismos dominantes.
Les dejo como cierre unas líneas, ya que como muestra basta un botón, espero que este botón sirva para reflexionar:

“¿Dónde está la izquierda? Asunto de actualidad, por cierto, pero también asunto fundamental. ¿Cuándo apareció? ¿Dónde está? ¿Qué la define? ¿Cuáles son sus luchas? ¿A qué se parece su historia? ¿Y los grandes nombres? ¿Sus luchas más célebres? ¿Sus fracasos, sus límites, sus zonas oscuras? El socialismo, el comunismo, el estalinismo, el trotskismo, el maoísmo, el marxismo-leninismo, el social-liberalismo, el bolchevismo forman parte de ella, desde luego. ¿Pero qué tienen en común Jaurès y Lenin? ¿Stalin y Trotsky? ¿Mao y Mitterrand? ¿Saint-Juste y François Hollande? En teoría: el deseo de no tolerar la pobreza, la miseria, la injusticia, la explotación de la mayoría por un puñado de poderosos. En la práctica: la Revolución Francesa, 1848, la Comuna, 1917, el Frente Popular, Mayo del ’68, París de 1981 a 1983... Pero también, en su nombre: el Terror del ’93, el Gulag, Kolyma, Pol Pot. Esa es la Historia: pulsión de vida y pulsión de muerte entremezcladas.
¿Y el espíritu de la izquierda? Si la juzgamos por sus logros en la historia de Francia, igualdad jurídica de los ciudadanos en 1789: judíos y no judíos, hombres y mujeres, blancos y negros, ricos y pobres, parisienses y provincianos, nobles y plebeyos, hombres de letras y artesanos; fraternidad social de los trabajadores: obras comunitarias y trabajo para todos en 1848, semana de cuarenta horas y vacaciones pagas en 1936; libertades ampliadas de la mayoría después de las barricadas de Mayo del ’68. Esas conquistas se derivan del uso de la fuerza y de la potencia del genio colérico de la revolución. Esa energía que recorre aquellos tres siglos constituye lo que yo llamo la mística de izquierda. Una fuerza arquitectónica que sentimos dentro de nosotros mismos o no, y a la que adherimos o no. Surge menos de una deducción racional que de una situación epidérmica con relación a nosotros mismos: también allí el psicoanálisis existencial podría dar cuenta de la presencia del hálito en nosotros mismos... o de su ausencia... (...)
Desde Mayo del ’68 no ha salido a la luz ningún valor nuevo. Además, parece que el crepúsculo ha caído sobre la moral en su totalidad. Hemos rechazado la de papá, la instrucción cívica del bisabuelo, nos hemos burlado de una buena cantidad de referencias éticas, hemos criticado los tiempos pasados –la obediencia, el aprendizaje, la memoria, la ley–, nos hemos reído en presencia de las viejas reliquias –la Nación, el Estado, la República, el Derecho, Francia–, hasta que un día descubrimos, delante del televisor, a qué se parece nuestra época: a la mala cara del día después de la fiesta.
Terminemos con esta realidad miserable. Intentemos más bien la reconquista gramsciana de la izquierda, muerta por su renuncia a las ideas a fin de venderse ventajosamente al mejor postor dispuesto a permitirle disfrutar una vez más de los palacios presidenciales o de las prebendas del poder en la república. Hay ideas que permitirán resolver los problemas contemporáneos que enfrenta la izquierda en los campos ético, político y económico.”