10/8/08

LA COMUNICACIÓN ALTERNATIVA EN EL SIGLO XXI

.

Trabajo que presenté en las VIII Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación, realizadas del 16 al 18 septiembre de 2004, en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina.

Para citar este texto: Monzón, Francisco L. (2004) "La comunicación alternativa en el siglo XXI", obtenido de http://codigosbinarios.blogspot.com/2008/08/la-comunicacin-alternativa-en-el-siglo.html.

"Hoy, después de tantas victorias capitalistas, después de tantas esperanzas socialistas marchitadas en la desilusión y después de que la violencia capitalista contra los trabajadores se consolidó con el nombre de ultraliberalismo, ¿por qué surgen todavía estos casos de militancia? ¿Por qué se han profundizado las resistencias? ¿Por qué renace continuamente la lucha con renovado vigor? Deberíamos aclarar inmediatamente que esta nueva militancia no repite meramente las fórmulas de organización de la antigua clase obrera revolucionaria. Hoy, el militante no puede pretender ser un representante, ni siquiera de las necesidades humanas fundamentales de los explotados. Por el contrario, hoy la militancia política revolucionaria debe redescubrir la forma que siempre le fue propia: no la actividad representativa, sino la actividad constituyente. La militancia de hoy es una actividad positiva, constructiva e innovadora".

Imperio (Michael Hard y Antonio Negri)

Si bien la utilización de distintos medios de comunicación puede caratularse como alternativa ya desde mediados del siglo XIX, es sin dudas a partir de la década de 1960 cuando comienza a denominarse, primero desde la academia, luego en el llano, como comunicación alternativa (CA) a determinadas experiencias que coinciden en su intención de alterar la lógica dominante en los medios de comunicación tradicionales (tanto públicos como privados), que obviamente responde a los intereses de la clase dominante.
Esta alteración se puede dar en distintos niveles, y el impedimento semántico que nos plantea esta etiqueta es el escaso número de experiencias en las que encontramos la coincidencia de la alteración en estos tres ejes:
- emisor
- canal
- receptor
Muchos teóricos sostienen que revolucionar los estamentos de uno solo de los niveles del esquema clásico de la comunicación no justifica hablar de CA. De todas maneras este no es un escollo para los protagonistas de numerosas experiencias a lo largo del mundo, no por desinteresarce de la mirada academicista que cae sobre ellos, sino por los problemas que encuentran en la consolidación de sus proyectos y a la hora de pensar el futuro.
Más allá de las discrepancias sobre el método, las herramientas o la politización de estas experiencias, en la mayoría de los casos, e independientemente del contexto geográfico, todos nacen a la luz de una movilización social ascendente, que en su propia lógica expansiva anota como un déficit la ausencia de canales para la circulación de esa “otra voz” que enfrenta al discurso hegemónico.
Otro dato, no menor, también aplicable a la mayoría de experiencias de CA es el escenario que deben enfrentar a la hora en que la movilización popular entra en reflujo, es decir, cuando su razón de ser parece desaparecer: explotar la opción de la comercialización, bajo el paraguas de un discurso progresista, o buscar la institucionalización, la mayoría de las veces de la mano de los partidos políticos o de algún ente gubernamental (no necesariamente partidario) que puede ir del plano nacional al municipal.
En los últimos cuarenta años este telón de fondo acompañó el nacimiento, desarrollo y, la mayoría de las veces, el ocaso de muchas experiencias que se pueden catalogar como alternativas.
En el presente trabajo se da cuenta de:
- los principales abordajes teóricos sobre la CA;
- las corrientes de pensamiento que influyeron en su desarrollo;
- algunos casos puntuales de la historia reciente de nuestro país;
- el escenario mediático que sucede a la crisis institucional de diciembre de 2001 y como influye en una nueva lectura de la CA.

EN BUSCA DE UNA DEFINICIÓN DE LO ALTERNATIVO

A la hora de la revisión bibliográfica sobre la CA encontramos varias vertientes que, arbitrariamente, podemos agrupar en:
La producción europea: nacida a la luz del mayo parisino de 1968, y donde se destacan la polémica entre Hans Enzensberger y Jean Baudrillar, durante los primeros años de la década del 70, y los aportes de Althusser, que se desarrollan más adelante.[1]
En su clásica obra “Elementos para una teoría de los medios de comunicación” Enzensberger reivindica que la limitación para un uso democrático y pluralista de los medios, donde los participantes del proceso puedan actuar de manera recíproca, no es técnica sino política. Afirma que “la técnica electrónica no conoce ninguna contradicción de principio entre el transmisor y el receptor. Cualquier radiorreceptor a transistores también es, por la naturaleza, una emisora en potencia, pues por acoplamiento a reacción puede actuar sobre otros receptores”.
Para el autor, los medios electrónicos son precursores del desarrollo socioeconómico de las sociedades avanzadas, pero paradójicamente y a pesar de que el poder movilizador de los medios electrónicos es enorme, estos reducen al mínimo el feedback.
La organización actual de los medios induce un tipo de relación social que es asimilable al modo de producción capitalista:
emisor/receptor - productores/consumidores - clases dominadoras/clases dominadas; Pero el autor sostiene que a partir de su estructura y funcionamiento existe un modelo, subyacente, con rasgos socialistas y democráticos de comunicación. Solo basta ponerlo en práctica.
Asimismo a la hora de definir la manipulación sostiene que es la “intervención consciente, de un marcado rasgo técnico, sobre un material determinado”. Enzensberger sostiene que el problema no es la tecnología, esta sería “neutral”, sino los fines con los que se usa. La manipulación es parte integrante de la lógica de los medios masivos, por lo cual todo proceso de manipulación es político. El énfasis debería estar puesto en la propiedad de los medios y no en su constitución tecnológica.
Por último presenta una serie de propuestas para una orientación socialista de los medios:
- eliminar el aislamiento en el proceso social de aprendizaje y producción;
- auto-organización de los individuos: la producción que tiene por objeto los intereses de los productores tiene que contar con su participación;
- perder el temor a la idea del “consumo”: existen muchas más demandas que las básicas, que son completamente reales y legítimas (el socialismo debería hacerlas políticamente productivas).
Baudrillar sostiene que los postulados de Enzensberger nacen de la necesidad de ampliar el análisis marxista clásico, que tiene por objeto a las fuerzas productivas, al “campo ciego de la significación y de la comunicación”.
Uno a uno va contradiciendo sus argumentos.
Es irresponsable asimilar, dice, la relación capitalista / asalariado con la de productor / receptor de los discursos mediáticos, ya que no son a partir de su condición de vehículos para un contenido determinado como los medios inducen una relación social, sino en su forma y su operación misma, y esta relación no es de explotación sino de abstracción, de abolición del intercambio. Esta categórica afirmación diluye la idea de neutralidad ideológica, les quita a los medios el aura de revolucionarios por se que Enzensberger les atribuye. Los medios son fabricadores de la no-comunicación, nos dice Baudrillar, entendiendo la comunicación como intercambio, como el espacio recíproco de una palabra y una respuesta. El poder radica, entonces, en la posibilidad de dar: tiene poder “aquel que puede dar y a quien no puede serle devuelto”. La revolución, no solo referida a los medios, “la revolución a secas” nos dice el autor, está en la construcción de esa posibilidad de respuesta, para la cual hay que destruir los medios tradicionales.
Hasta no romper el monopolio de la palabra, más allá de la calidad de los contenidos, no será posible superar la categoría de “consumo”, tan aplicable a los productos como a los discursos.
No alcanza, para contrarrestar la manipulación, la solución de transformar a cada cual en un manipulador, es decir trasladarnos de la categoría de receptor a la de productor / emisor.
No alcanza, en síntesis, con instaurar la reversibilidad la clave esta en la reciprocidad.
La producción latinoamericana: que recorre las décadas del 70 y el 80, y se enmarca en los estudios y el debate generado por la posibilidad de establecer políticas nacionales de comunicación en el marco de principios democráticos que asegurasen el acceso y la participación[2] de toda la ciudadanía en el sistema de medios.
En este caso tomaremos tres textos, también clásicos, con el fin perfilar una definición de la CA.
En primer lugar abordaremos “Comunicación alternativa: tendencias de la investigación en América latina” de Máximo Simpson Grinberg, que sostiene que la característica en común de todas las experiencias de CA en el continente es que constituyen una opción frente al discurso del poder:
- como oposición a los medios tradicionales;
- como opción frente al discurso dominante;
- como resistencia cultural de las culturas originarias.
A partir del raconto de distintas experiencias podemos detectar algunos vínculos, situaciones que se repiten:
- la CA como herramienta de la educación concientizadora o educación popular;
- autogeneración de mensajes como signo distintivo;
- decodificación grupal crítica;
- replanteo del papel del estado en la promoción de opciones;
- la CA como sinónimo de contrainformación.
El autor agrupa en dos grandes líneas las experiencias que abordaron las distintas corrientes de estudio:
1. La CA como respuesta a la estructura transnacional y atomizada de los medios que conlleva una dependencia tecnológica y económica y un dominio político-ideológico. Desde esta perspectiva se afirma que la modalidad imperante es unidireccional y autoritaria, en parte porque la propia estructura tecnológica lo determina así, mientras que la posesión monopólica unida a la racionalidad mercantil, que considera, por ejemplo, la información como mercancía, asociada a la inestabilidad política propia de la región convierte a los medios en socios políticos y comerciales de los estamentos que manejan los resortes de poder, llegando incluso a formar parte de ellos.
2. La hegemonía de las vanguardias político-intelectuales, que otorga el papel dirigente a las elites como depositarias del saber teórico e histórico, que deben transmitir a las masas para que éstas puedan cumplir con su misión revolucionaria. Para esta corriente solo son alternativas los casos no inscriptos en la estructura del poder transnacional y que forman parte de una experiencia totalizadora, ya sea un proyecto revolucionario o de cambio social.
Para Simpson Grinberg es alternativo todo medio que, en un contexto caracterizado por la existencia de sectores privilegiados que detentan el poder político, económico y cultural (ya sea en un sistema de partido único, capitalismo de democracia parlamentaria o dictadura militar) implica una opción ante el discurso dominante / hegemónico.
Las experiencias de comunicación alternativa van más allá de su inserción en movimientos políticos con intenciones de cambio social, ya que de por sí constituyen avanzadas de nuevas relaciones sociales (y sus prácticas constitutivas). Como vemos esta definición es superadora de los recortes antes propuestos, ya que los integra en cierta medida, pero también hace difuso el límite que cada una le impone a las experiencias de CA.
En segundo lugar tomaremos como referencia el artículo de Margarita Graciano “Para una definición alternativa de la comunicación”[3], donde se propone el uso de la expresión comunicación alternativa para aquellas relaciones dialógicas de transmisión de imágenes y signos que estén insertas en una praxis transformadora de la estructura social en tanto totalizadora.
A partir de esta definición quedan descartadas algunas prácticas, promovidas como alternativas, ligadas a proyectos básicamente educativos por un lado y a experiencias contestarias que desde distintos formatos (cine, teatro, gráfica y radio) se desarrollaron sin constituirse en opciones a la verticalidad de las emisiones tradicionales y partiendo de un carácter voluntarista vinculado a la militancia revolucionaria que no integraba realmente la participación de masas.
En síntesis, se debe buscar un cambio en la relación emisor / receptor, a partir de la posibilidad de una comunicación de retorno mediante la participación en la producción de mensajes distintos de los del sistema institucional de medios, en el sentido de responder a necesidades que se supone tiene y debe cumplir el viejo y tradicional receptor de aquel, convertido ahora en emisor. Como dato importante, resalta la autora, no debemos confundir participación con acceso a los soportes tecnológicos.
Por último, Marcelino Bisbal, miembro del Equipo Comunicación de Venezuela, nos dice: “La comunicación alternativa:
1- Es un movimiento, no un sistema.
2- Trata de ir rompiendo el consenso manipulado, que hace posible de hecho la vigencia de una opresión comunicacional generalizada.
3- Trata de fomentar la iniciativa emisora de quienes hoy no tienen voz.
4- Trata de poner en marcha un proceso de comunicación horizontal y participativo, en el que emisores y receptores puedan intercambiar permanentemente sus papeles.
5- Trata, más allá de le estrictamente comunicacional, de inaugurar nuevas formas de relación social.
6- Trata de convertir a la sociedad en una escuela de receptores críticos.
7- Trata de que se vaya imponiendo una nueva concepción de ¨objetividad¨ informativa, desde la óptica de los grupos sociales dominados.
8- Trata de subvertir el lenguaje dominante. Así mismo, trata de desatar una ¨contracultura¨ emergente.
9- Trata de diversificar o descentralizar los medios o canales de comunicación, adecuando la propiedad y la gestión de los mismos a una comunicación verdaderamente democrática.
10- Trata de articular orgánicamente el proceso de una nueva comunicación al proceso de cambio hacia una nueva sociedad”.[4]

PRINCIPALES CORRIENTES DE PENSAMIENTO

El orden en la exposición de las siguientes teorías no implica una valoración en sí, ya que estas ideas confluyen de manera congruente, siendo muy difícil demarcar el límite entre una y otra, o determinar preponderancias.[5]
- Teología de la liberación: que tiene su génesis formal en la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano desarrollada en Medellín, Colombia, en 1968, aunque es consecuencia de los profundos cambios introducidos por el Segundo Concilio Vaticano que finalizó en 1965. Las principales modificaciones son de forma (se abandona el latín a la hora de la misa y el sacerdote celebra la misma de cara a los creyentes y no de espaldas, como antes) y de fondo (aparece la figura de la “opción por los pobres”). Tensiones entre la interpretación de la base orgánica y la jerarquía de la Iglesia respectos a estos cambios originaron movimientos revolucionarios que optaron por la vía armada para revertir las condiciones estructurales de la dominación a la que eran sometidos los sectores populares.
- Pedagogía de Paulo Freire: conocida universalmente como educación popular, da sus primeros pasos en la década del 60 en el norte de Brasil. A la tarea alfabetizadora que la Iglesia Católica venía desarrollando en todo el continente latinoamericano le suma la toma de conciencia política, generando el movimiento de las radios populares. El método se basa en la posibilidad de redescubrir el mundo a partir de incorporar la lecto-escritura, tomando conciencia de la dignidad personal, revirtiendo el sentimiento de inferioridad que caracteriza a los sectores populares y comprometiendo el desarrollo individual, en todos los planos, con la liberación del conjunto, de los pares. Como sostiene Ernani María Fiori en la introducción de una de los libros de Freire: “En un régimen de dominación de conciencias, en los que más trabajan menos pueden decir su palabra, y en que inmensas multitudes ni siquiera tienen condiciones para trabajar, los dominadores mantienen el monopolio de la palabra, con que mistifican, masifican y dominan. En esta situación, los dominados, para decir su palabra, tienen que luchar para tomarla. Aprender a tomarla de los que la retienen y niegan a los demás, es un difícil pero imprescindible aprendizaje: es la "pedagogía del oprimido"”.[6]
- Teoría de la dependencia: desarrollada principalmente por Fernando Henrique Cardoso, se enfrenta al pensamiento desarrollista, ya que sostiene que la dominación de los países centrales impide el desarrollo autónomo de los países latinoamericanos. Al trasladar esta premisa al campo cultural se desarrolla el concepto de imperialismo cultural para señalar como las sociedades de nuestros países, la periferia, eran influenciadas por el american way life que difundía la industria cultural transnacional.
- Teoría de Althusser: el andamiaje teórico aportado en Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado a partir de su publicación en Santiago, Chile, en 1971, abre una nueva etapa en la forma de abordar la problemática de los medios. Básicamente el autor sostiene que la reproducción de las condiciones de producción es indispensable para el funcionamiento del sistema capitalista tanto como la reproducción de su ideología, para lo cual despliega una serie de aparatos (instituciones distintas y diferenciadas, de una estructura homogénea, que no puede ser penetrada): religioso, escolar, familiar, jurídico, político, sindical, cultural y de información.
- Teoría de la vanguardia: desarrollada por Lenin, sostiene la capacidad de un grupo con conciencia de las relaciones de dominación y explotación para colaborar con la autoconciencia de las masas. En general se trata de grupos pequeños con capacidad de movilización y propaganda, que se desarrollan a partir de la profesionalización política y donde la prensa tiene un papel fundamental, no solo como canal para la difusión de información o contrainformación sino como eje estructurante de la organización política que está abocada a la distribución de los ejemplares y a la producción del material a publicar mediante un sistema de corresponsalías lo más extendido posible.
- Teoría Marxista: en general es la base de la mayoría de las prácticas de CA en América Latina, ya que comparten los postulados constitutivos, como, por ejemplo, el combate contra la desigualdad, la búsqueda de un mundo mejor y una sociedad más justa. Revertir las condiciones estructurales de desigualdad es un objetivo afín a todas las teorías que hasta aquí abordamos.
- Teoría de los movimientos sociales: tiene su eje en el accionar de colectivos que, al margen de los partidos políticos tradicionales, comienzan a reivindicar derechos, sectoriales o generales, de la mano de movilizaciones y campañas de difusión. Estos nuevos actores (jóvenes, mujeres, desocupados, inmigrantes, etc.) no desafían la lógica del poder, no hay una actitud revolucionaria en sus planteos, buscan en cambio respuestas puntuales, generalmente en las estructuras estatales. No hay lucha por el poder, sino por modificar algo puntual de la esfera social de pertenencia. Estos movimientos se pueden englobar en las siguientes categoría:
Industrialización y condición obrera; Calidad de vida y consumo colectivo; Tierra, mercado y etnicidad; Guerra y política; Libertad, género, religión y democracia.[7]

SUCESOS ARGENTINOS

A partir del desarrollo de este escueto marco conceptual cabría preguntarnos: ¿qué experiencias de la historia argentina pueden ser conceptualizadas como fenómenos de comunicación alternativa? Los estudios en este sentido son numerosos, pero a título ilustrativo desarrollaremos parte del itinerario periodístico de Rodolfo Walsh, sin dudas una figura paradigmática en este sentido.
Los antecedentes de su labor periodística, comprometida y de sesgo revolucionario, tienen su origen en la colaboración que Walsh realiza en la agencia de noticias de cubana Prensa Latina, fundada el 16 de junio de 1959 por iniciativa de los argentinos Ernesto Guevara y Jorge Masetti, médico uno, periodista el otro, ambos guerrilleros que desde las alturas de la Sierra Maestra, colaboraron con el triunfo revolucionario. Masetti, su primer director, solicita la colaboración de varios escritores y periodistas latinoamericanos que viajan hasta La Habana para colaborar en este gran esfuerzo de comunicación de nuevo tipo, pionera en lo que años después se comenzaría a catalogar como CA.
El objetivo principal de Prensa Latina era contrastar las mentiras y las falacias de las agencias “imperialistas y reaccionarias”, que eran las que a su vez alimentaban las redacciones de todos los medios del mundo. Con el tiempo, y gracias a corresponsales en todos los continentes, la agencia comienza a dar cuenta de las luchas populares, en particular de América Latina, El Caribe, Africa y Asia. Una parte de la historia silenciada, o tergiversada en el mejor de los casos, por el sistema tradicional de medios comienza a ver la luz, y Rodolfo Walsh estuvo allí para contarla.
Luego de esta experiencia, y a instancias de un encuentro con Juan Domingo Perón en Madrid, Walsh se pone a la cabeza de un proyecto editorial en la Argentina: el Semanario CGT, del que se editaron 55 números entre mayo de 1968 y febrero de 1969. Luego del golpe de estado protagonizado por el general Juan Carlos Onganía en 1966, que diera lugar a la autodenominada Revolución Argentina, la Confederación General del Trabajo realiza, en marzo de 1968, un congreso normalizador del cual surge la CGT de los Argentinos como expresión de la corriente combativa, encabezada por Raimundo Ongaro (del gremio de los gráficos). La otra corriente, de perfil conciliador, era conocida como el ala participacionista y se destacaba por defender los intereses corporativos, aceptando el diálogo y pactando con el Estado. Su referente era Vandor.
El 1º de mayo de 1968 se publica en el primer número del Semanario el Mensaje a los Trabajadores y al Pueblo Argentino donde se realiza una declaración de principios en la que se llama a enfrentar a la dictadura, desde el accionar gremial y la lucha política, y que se trasformaría en un punto de referencia para toda la línea editorial. “Pero nada nos habrá de detener, ni la cárcel ni la muerte. Porque no se puede encarcelar ni matar a todo el pueblo, y porque la inmensa mayoría de los argentinos, sin pactos electorales, sin aventuras colaboracionistas ni golpistas sabe que sólo el pueblo salvará al pueblo”.[8]
Los editores responsables de la publicación eran Raimundo Ongaro y Ricardo De Luca, mientras que Rodolfo Walsh estuvo a cargo de la dirección.
Ante un contexto represivo, que se caracterizaba por las denuncias judiciales y la persecución policial de la distribución, buscaron alternativas para convertir el semanario en la publicación política de mayor circulación en el país. Semanalmente se despachaban 30.000 ejemplares que en su mayoría se distribuían a sindicatos y regionales, desde donde se repartían de mano en mano, mientras que el resto llegaba a los quioscos merced al servicio del distribuidor de la revista Marcha de Montevideo en el Buenos Aires.
Este sistema de distribución no fue el único aporte novedoso de la publicación, ya que eran los mismos trabajadores los que acercaban las denuncias o el material a publicar a la redacción. Según palabras de Lilia Ferreyra “aprendieron a ser cronistas de sus propios conflictos sindicales”.[9] La consigna del semanario era “un corresponsal en cada fábrica”, lo que sumado al sistema de distribución nos deja ver claramente el fundamento leninista en la génesis y el desarrollo de este proyecto editorial.
A partir de su perfil combativo, podemos ubicar al Semanario CGT como un elemento más de una política global de carácter revolucionario[10]. Sin dudas introduce en el circuito formal de medios un discurso hasta ese momento silenciado. Ese silencio encuentra su fundamento por acciones directas ligadas a la censura por un lado y por la falta de voluntad o interés del resto de los medios de hacer público lo que desde las páginas del semanario se denunciaba: las componendas del poder militar con el económico, la represión impune que estudiantes y obreros sindicalizados sufrían a diario, el ajuste permanente al que eran sometidos los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores, la censura de distintas expresiones artísticas, etc. Ante un contexto político tan hostil la publicación sirvió de vehículo para la intercomunicación, agitó y libró un feroz combate a favor de la información y del esclarecimiento del significado de las cosas, leídas en un contexto amplio y claro, contra el accionar de los medios que jugaban a favor del régimen desinformando deliberadamente, ya que eran meras correas de transmisión de la información que el gobierno difundía como cierta, desde estadísticas sobre la marcha de la economía a crónicas sobre acontecimientos policiales o políticos, siempre narrados desde la óptica del que reprime.
Más allá del objetivo declarado, “representar a los humildes y postergados”, que impone cierta distancia, marcando claramente las instancias de producción y recepción, es cierto que la experiencia de convertir a los miembros del movimiento obrero de todo el país en corresponsales de hecho, si bien los informes eran corregidos en la redacción por profesionales del periodismo bajo la premisa de no quitarles la autenticidad del testimonio militante, puede ser entendido como un intento de romper la lógica verticalista que la mayoría de los medios gráficos consagran. El feedback no esta relegado a la sección correo de lectores, es el contenido editorial el que está en manos de los receptores, aunque, por una cuestión operativa, la selección y la combinación (el ordenamiento jerárquico del material) quedaba bajo la tutela del responsable editorial.
¿Pero al ser Walsh un militante más, no es este dato también relativo? Profundizar en este análisis excede el marco del presente trabajo, por lo que dejaremos el interrogante planteado, abierto a debate.
En segundo término abordaremos la experiencia de la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA), que opera entre junio de 1976 y agosto de 1977, logrando emitir más de 200 cables informativos que llegaban por correo a todas las redacciones, a los corresponsales de medios internacionales e, inclusive, a personalidades públicas de distintos ámbitos, incluyendo a funcionarios del gobierno militar.
Dependiente del departamento de Informaciones e Inteligencia la organización armada Montoneros, del que Walsh participaba, tiene como objetivo ser una fuente de información y contrainformación, en el marco de una política integral de hostigamiento al Proceso de Reorganización Nacional que se encaraba desde distintos frentes. La agencia tenía autonomía operativa y una de las premisas era no hacer explícito el vinculo con Montoneros.
El sistema de trabajo era artesanal, con herramientas muy precarias, y un contexto político-social signado por la represión parapolicial que obligaba a una estrategia itinerante y desarticulada respecto a los modos y horarios de producción.
Como responsables de la agencia, en un organigrama informal, aparecía Lila Pastoriza, secundada por Lucia Pagliai, Carlos Aznáres y Eduardo Suarez.
A continuación pasamos a detallar de manera resumida los objetivos del proyecto:
- Permitir la participación popular en el proceso comunicacional, transformando a los militantes en fuente y en retransmisores de la información, con la intención de informar a los que informan (periodistas) como manera de romper el bloqueo informativo;
- Transformarse en un instrumento de acción psicológica contra el poder político y económico, denunciando las violaciones a los derechos humanos y la reestructuración del sistema productivo.
- Llamar a la resistencia contra la dictadura y agudizar las contradicciones del poder, haciendo públicas las internas que en su seno se jugaban.


Variadas fueron las herramientas que se utilizaron para concretar estos objetivos: desde el análisis de la prensa legal, pasando por las interferencias a las redes de comunicación de las organizaciones de seguridad y las FFAA (como fuente de información) hasta la publicación de todo lo visto y oído por cualquier informante confiable para la agencia, entre los que se encontraban muchos periodistas imposibilitados de publicar esa información en sus respectivos medios.
Desde el análisis teórico son muchas las implicancias que esta experiencia suma al campo de la CA, siendo la más importante, tal vez, el desafío implícito al sistema unidireccional que los medios tradicionales imponen, ya que instigaba a que cada receptor se transformara en un nuevo emisor, haciéndolo participe de una virtual cadena de información que desafiaba la censura impuesta en los medios tradicionales.
Es en esta misma línea que Rodolfo Walsh, y como una instancia paralela a la Agencia, pero a la vez diferenciada a partir de su protagonismo, desarrolló Cadena Informativa. Al pie de las cartas, la mayoría de ellas sin firma se podía leer: “Cadena Informativa es uno de los instrumentos que está creando el pueblo argentino para romper el bloqueo de la información. Cadena Informativa puede ser USTED MISMO, un instrumento para que usted se libere del terror y libere a otros del terror. Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo. Mande copias a sus amigos: nueve de casa diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. DERROTE AL TERROR. HAGA CIRCULAR ESTA INFORMACION”.[11]
Este proyecto superaba el ámbito periodístico, ya que las cartas se enviaban a personalidades destacadas de distintos ámbitos, instando a cada receptor a transformarse en un nuevo emisor, rescatando creativamente una práctica tradicional como la “cadena”. Aquí también la producción era totalmente artesanal: las cartas se tipeaban en una máquina de escribir, con papel carbónico para realizar 5 o seis copias por vez. Las cartas se enviaban por correo y en solo dos oportunidades Rodolfo Walsh firmó al pie de las mismas: en “Carta a mis amigos” y en “Carta de un escritor a la Junta Militar”. Al cumplirse un año del golpe, el 25 de marzo de 1977 Walsh resiste hasta morir frente a un grupo de tareas de la ESMA que quería detenerlo. Acababa de despachar en un buzón una cuantas copias de “Carta de un escritor...”.



RUPTURAS Y CONTINUIDADES: LOS PIQUETES A LA INFORMACIÓN

Luego de 30 años nuestro país vive nuevamente un contexto comunicacional plagado de medios alternativos que bajo el modelo de red o cadena desafían la lógica comercial de los medios tradicionales, entregados, en su gran mayoría, a la explotación de un nuevo género, el infoentretenimiento, que reniega del valor social que la información acarrea intrínsecamente.[12]
Mencionábamos al comienzo de este trabajo que una característica común a la mayoría de las experiencias de CA alrededor del mundo esta dada por un contexto de movilización popular que en su propia expansión se encuentran con la imagen desvirtuada que el manejo informativo que los medios tradicionales hacen del conflicto que protagonizan.
Desde los primeros piquetes en 1997, donde la imagen de los activistas o movimientos sociales fueron demonizadas por los medios tradicionales que pregonaban la criminalización de la protesta, hasta las movilizaciones de diciembre de 2001 un ejército de cronistas, fotógrafos, diseñadores, camarógrafos, editorialistas o simples colaboradores en la tarea de difusión han construido una telaraña contrainformativa de alcance nacional y regional sobre la base de objetivos muy claros:
- Realizar una lectura crítica del mensaje de los medios masivos, con el objetivo de hacer explícitos sus intereses y alianzas de poder, contrarrestar sus argumentos editoriales y buscar las grietas discursivas por las cuales se pueda llegar al público masivo.
Encontramos en este punto algunas coincidencias con las experiencias desarrolladas durante la década del 70. Como sostenía Walsh, a pesar de la censura o la autocensura con la que los medios desarrollaron su actividad, era mucha la información publicada, ya que daba cuenta de las internas y enfrentamientos entre las distintas facciones del poder y el respectivo alineamiento de cada medio. Un relevamiento meticuloso de todo lo publicado era, entonces, una parte importante de la tarea militante.
En la actualidad, la CA busca desde su propia producción, periodística y formativa, una “lectura crítica, causal e histórica de la realidad”. “Los grandes medios, acordes con la lógica de la industria cultural, tienen como objetivo defender aquellos intereses que permitan mantener su rentabilidad; sus mensajes construidos (fragmentados y estereotipados) sobre los conflictos sociales, de forma opuesta a los intereses colectivos de los sujetos protagonistas del campo popular. Entre lo viejo y lo nuevo se van reciclando formas antagónicas de pensar las instancias de producción, circulación y recepción de los mensajes, enmarcadas en un nivel de horizontalidad. Es así, como los mensajes informativos empiezan a desplegar significaciones y visiones de mundo desde el punto de vista de los sectores del campo popular”.[13]
Ayer la lectura crítica era una tarea realizada por un grupo limitado de militantes con el fin de recabar información para los estamentos de espionaje o contraespionaje; hoy, merced a proliferación de talleres y espacios formativos, es una actividad cada vez más difundida entre los miembros de las organizaciones de base. Además, la gimnasia de preguntarse quién elabora los mensajes (desde el posicionamiento político que tiene, su historia e intereses), cómo lo dice, porqué dice tal cosa y calla otra, es una excelente gimnasia para reproducir la misma lógica a la hora de asumir el rol de productores: tener en claro desde dónde hablo, a quién me dirijo y los objetivos que persigo.
En otro sentido, volvemos a encontrar un punto de contacto con la experiencia sententista en la búsqueda de influir en la opinión pública moldeada por la agenda setting. Así como desde Prensa Latina y ANCLA se buscaba contrarrestar el discurso hegemónico llegando a las redacciones buscando alguna filtración al dispositivo de censura, en la actualidad se diseñan estrategias para enfrentar en el propio campo de la construcción de sentido la llegada al público masivo con la intensión de crear consenso respecto a los objetivos y las prácticas de los movimientos populares.[14]
- Realizar un trabajo conjunto con los movimientos sociales, sobre la base de romper el aislamiento político a partir del cerco informativo, con el fin de ligar la práctica de la CA no solo a tareas de difusión y contrainformación, sino también a la planificación de la seguridad y la integridad física y jurídica de los militantes sociales, así como a la articulación de todas las organizaciones de resistencia.
La cobertura conjunta de distintas movilizaciones o jornadas de protesta por parte de los medios alternativos y la circulación del material producido entre los distintos espacios es demostrativa de la coherencia del planteo articulador, que supera lo meramente declarativo, para convertirse en uno de los pilares de estas nuevas experiencias de CA[15].
A diferencia de lo acontecido en el Semanario CGT, donde se intentaba integrar a la mayor cantidad de personas a las tareas de distribución y se solicitaba la colaboración en tanto fuente de información de todos los militantes del movimiento peronista, pero la organización era centralizada y el producto final realizado por profesionales, las nuevas experiencias de CA tienden a la formación y capacitación con el fin de descentralizar la producción y, en lo posible, sostener desde la autonomía los espacios de cada organización, más allá de estar vinculadas en redes o cadenas.[16]
Asimismo la cobertura de los medios masivos de determinadas actividades por sí solas constituye una garantía adicional respecto al accionar de las fuerzas de seguridad. Es decir, la sola presencia de una cámara de TV o un fotógrafo pueden significar una barrera importante entre los dispositivos represivos y los militantes; y cuando esta mediación es vencida por la violencia pueden ser testigos privilegiados para condenar a los responsables de la represión e impedir la impunidad.[17] Por este motivo los talleres sobre medios que diversos colectivos realizan con las organizaciones de base se centran no solo en el eje periodístico, lectura crítica y producción propia como mencionamos anteriormente, sino que remarcan la importancia de las tareas de prensa relacionadas a la seguridad.
Los objetivos básicos son: prevenir con rapidez, denunciar con eficacia y acusar con precisión.[18] Para lograrlos se trabaja en dos planos con las organizaciones:
1. El primero, que es general ya que apunta a todos los miembros interesados, gira en torno a reflexionar sobre las condiciones existentes para la criminalización de la protesta social y el rol que juegan los medios en la construcción de la imagen de los movimientos en el seno de la opinión publica. También, se resalta la importancia del accionar solidario en los casos de militantes reprimidos o apresados, sin importar la agrupación a la pertenecen, para romper con el aislamiento que las fuerzas de seguridad buscan lograr.
2. En segundo orden, encontramos el trabajo personalizado con quienes quieren colaborar en las actividades concretas de prensa y seguridad que van a girar en torno al reconocimiento del área geográfica donde se desarrollarán las actividades de protesta, o inclusive el barrio donde el movimiento tiene su sede, para tener relevados la disposición de las calles, descampados, rutas, callejones, la ubicación de las comisarías, hospitales o centros de atención sanitaria, el número de vehículos que participan en el operativo de las fuerzas de seguridad (sus patentes, características generales, etc.). El trabajo se bifurca según las características de la actividad, ya que si todo se desarrolla según lo planificado solo habrá que informar, con la mayor claridad y concisión, los motivos del reclamo, hacia quien está dirigido y las características generales de la actividad. En el caso de existir episodios de represión la tarea se centrará en el relato de los testigos directos de los acontecimientos con el fin informar a los medios y agencias de noticias; pero, a su vez, se busca también consolidar una sola versión de los hechos para la denuncia judicial. Todos los datos que se puedan recolectar son importantes, por ello en la etapa del trabajo general (punto 1) se recomienda participar de todas las actividades con los sentidos atentos y no perder la calma. El relato de los hechos tiene que ser verídico para los medios y coherente para la justicia, y para este objetivo deben colaborar todos.

CONCLUSIONES

Sin duda intención de comparar experiencias que se insertan en contextos tan contrastantes, como la que aquí se ha planteado, debe convivir con una traba metodológica que puede viciar de nulidad el resultado de sus conclusiones.
Más allá de esta salvedad, intentaremos desgranar una serie de ideas para entender los rasgos comunes de la mayoría de las experiencias en CA de nuestro país en la actualidad.
Dos factores, que confluyen y se retroalimentan, emergen como recurrentes a la hora del análisis: la crisis de representatividad de la mayoría de las instituciones sociales (desde partidos políticos y sindicatos hasta los medios masivos) y el impacto producido por la aparición y generalización, aunque lenta, de las nuevas tecnologías aplicadas al campo de la comunicación.
Sin dudas, en la etapa actual de los medios alternativos estas dos vertientes explican mucho de su génesis y proyección:
- Crisis de mediación entre el acontecimiento y los receptores: los medios masivos son vistos como un socio más del poder fáctico, es decir las instituciones que, más allá de las formalidades, toman las decisiones de fondo.[19] El nuevo paradigma reza que la construcción de la verdad es colectiva, ya que cada sujeto es dueño de una verdad, una versión de lo acontecido, por lo cual se desecha el rol de objetos de la Historia que distintas teorías le quieren asignar. Se llega a esta situación no por devaneos intelectuales ni desarrollos académicos, sino por necesidad: los medios masivos articulan su programación y contenidos en función de la capacidad de consumo de los receptores, por lo cual la inmensa mayoría de los sectores populares sienten que no le hablan a ellos. Una nueva subjetividad se forja en este contexto.
- Impacto de las nuevas tecnologías: así como el acceso a los bienes simbólicos y la exclusión de los bienes económicos planteados en el punto anterior se hacen insostenibles en el marco de una sociedad democrática, el impacto de los nuevos soportes informáticos parecieran reforzar la consolidación de la democracia ya que permiten concretar experiencias basadas en sus postulados, pero difíciles de materializar en estadios anteriores del desarrollo tecnológico. Las posibilidades que abre el espacio web[20], donde la horizontalidad como concepto es el eje de casi todas las experiencias de CA, se pueden apuntar en este sentido, aunque el acceso a las tecnologías siga siendo el principal problema a enfrentar.[21]
No hay, como ayer, una matriz revolucionaria que cobije todas estas experiencias. Tal vez esta fragmentación sea su principal déficit, aunque es imposible negar el aura constituyente de estos días. Somos testigos... pero estamos llamados a ser protagonistas.
Quien quiera oír, que oiga.
Quisiera reservar las últimas líneas para una cita que resume la sensación de nacimiento, esa turbadora mezcla del parto, donde dolor y placer se mezclan para ser uno:
“Lo que sorprende de esta noticia es la noticia misma: Indymedia argentina ya va por su segundo diario papel y emite por radio desde diciembre. Uno de los miembros de este colectivo escribió esta semana su visión de esta guerra, de la siguiente manera: "Ahora que la guerra ha comenzado, y que nos ha puesto a nosotros en el medio, es tiempo de acción. (...) Y es una guerra que no podemos pelear solos. Una guerra de la comunicación, una guerra contra un enemigo que tiene infinitas veces los recursos que nosotros tenemos, es una guerra que necesita miles de manos dispuestas a ayudar. Queremos romper la lógica del informador-informado. Y quizás por eso sea también la hora de hacer realidad la consigna que repetimos todo el tiempo; "cada persona es un corresponsal" que no significa otra cosa más que lo que dice; necesitamos de todos y cada uno de ustedes para mantener en pie al ejército de la comunicación alternativa".
Podríamos detenernos a analizar, también, como estas nuevas formas han cambiado el lenguaje de la crónica periodística. A dónde fue a parar, en medio de los escombros, la pirámide que -según nos enseñaron- construía toda noticia. Qué es una fuente confiable, qué un trascendido, qué una primicia.
Me limito a reproducir una: el futuro llegó.
Comenzó aquí mismo, en la Argentina.
Me enteré leyendo lo que escriben unos nuevos periodistas. Esos que antes llamábamos lectores”.[22]

BIBLIOGRAFIA

§ Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires. 1988.
§ Baudrillard, Jean. “Réquiem por los media”, en Crítica de la economía política del signo. Siglo XXI. México. 1995.
§ Enzensberger, Hans. Elementos para una teoría de los medios de comunicación. Anagrama. Barcelona. 1971.
§ Prado Pico, Emili. “La comunicación alternativa: crisis y transformación. La experiencia europea”, en Sociología de la Comunicación de Masas, tomo IV. Editorial Gustavo Gili. México. 1993.
§ Peña, Milcíades. Introducción al pensamiento de Marx. Ediciones El cielo por asalto. Buenos Aires. 2004.
§ Siebert, Fred y Peterson, Theodore. Tres teorías sobre la prensa. Ediciones de la Flor. Buenos Aires.1967.
§ Simpson Grinberg, Máximo. “CA. Tendencias de la investigación en América Latina” en Comunicación alternativa y cambio social. Premia. Mexico. 1986.
§ Vinelli, Natalia. ANCLA. Una experiencia de comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh. La Rosa Blindada. Buenos Aires. 2002.


CITAS:


[1] Prado Pico, Emili (1993).
[2] Según la UNESCO “por definición, acceso implica la posibilidad de que el público se acerque a los sistemas de comunicación, y en términos concretos esto puede ser relacionado a dos niveles distintos: al de la elección y el de la comunicación de retorno”. Citado en Graciano, Margarita. Para una definición alternativa de la comunicación. Revista ININCO. Número 1. Caracas. 1980.
[3] Ibidem.
[4] Citado por Fuentes Navarro, Raúl. “Imperialismo cultural y comunicación alternativa” en Un campo cargado de futuro. CONEICC. 1992.
[5] Esta categorización es realizada por Rodriguez Esperón, Carlos. Breve introducción a la comunicación alternativa. Mimeo. Buenos Aires. 2000.
[6] Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI. Buenos Aires. 2002.
[7] Peppino Barele, Ana María. Radio educativa, popular y comunitaria en América Latina. Plaza y Valdés. México. 1999. Citado en Carlos Rodriguez Esperón. Op. cit.
[8] Semanario CGT de los Argentinos. Editorial La Página. Universidad Nacional de Quilmes. Buenos Aires. 1997.
[9] Ibídem.
[10] Bajo una concepción nacionalista, popular y antiimperialista la CGT de los Argentinos orientaba su política con el objetivo final de la “Revolución Nacional”, en un contexto histórico donde la democracia como sistema social no era, todavía, un bien en sí mismo. El 6 de marzo de 1969, en el nº 40 del semanario se publica un artículo titulado “Córdoba: el peronismo en la lucha”, donde se puede leer: “El plenario Nacional del Peronismo considera que es fundamental organizarse para la toma del poder, ya que es imposible la coexistencia pacífica entre las clases oprimidas y opresoras, conscientes de nuestra responsabilidad histórica y de que la toma del poder no significa de manera alguna sustituir un hombre por otro sino un sistema por otro sistema”.
[11] Informe número 1, diciembre de 1976, de Cadena Informativa. Compilado por Horacio Verbitsky en Rodolfo Walsh y la prensa clandestina. Ediciones De la Urraca. Buenos Aires. 1985. Citado en Natalia Vinelli (2002).
[12] Ramonet asocia el contexto de mundialización liberal con un cambio en la filosofia de los medios como contrapoder de las instuticiones. “Es en este marco geoeconómico donde se ha producido una metamorfosis decisiva en el campo de los medios de comunicación masiva, en el corazón mismo de su textura industrial.
Los medios masivos de comunicación (emisoras de radio, prensa escrita, canales de televisión, internet) tienden cada vez más a agruparse en el seno de inmensas estructuras para conformar grupos mediáticos con vocación mundial. (...)
Desde entonces, las empresas mediáticas se ven tentadas de conformar "grupos" para reunir en su seno a todos los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio, televisión), pero además a todas las actividades de lo que podríamos denominar los sectores de la cultura de masas, de la comunicación y la información. Estas tres esferas antes eran autónomas: por un lado, la cultura de masas con su lógica comercial, sus creaciones populares, sus objetivos esencialmente mercantiles; por el otro, la comunicación, en el sentido publicitario, el marketing, la propaganda, la retórica de la persuasión; y finalmente, la información con sus agencias de noticias, los boletines de radio o televisión, la prensa, los canales de información continua, en suma, el universo de todos los periodismos.
Estas tres esferas, antes tan diferentes, se imbricaron poco a poco para constituir una sola y única esfera ciclópea en cuyo seno resulta cada vez más difícil distinguir las actividades concernientes a la cultura de masas, la comunicación o la información”. Ignacio Ramonet. “El quinto poder”. Le Monde diplomatique, edición española. Octubre de 2003.
[13] Un desarrollo de estos conceptos en el artículo “Prensa para la lucha. Un aporte teórico para la discusión sobre comunicación alternativa”. www.anred.org. 22/01/2003.
[14] Es un lugar comun en el enecdotario de varias agencias alternativas que medios argentinos hayan publicado alguno de sus cables dando cuenta de la repercusión internacional que tuvieron al ser levantados por publiciones del exterior, como el El Pais, de España, o La Jornada, en México.
[15] Las primeras experiencias en este sentido fueron las coberturas conjuntas entre Indymedia y ANRed en el quinto mes aniversario de la masacre del puente Pueyrredón (noviembre de 2002) y en el primer aniversario de la rebelión-cacerolazo del 19 y 20 de diciembre de 2001.
En la actualidad el ejemplo más destacale es el denominado “Taller de Contrainformación”, que tiene por objetivo la cobertura de actividades puntuales, de duración definida y prósitos específicos: contar mediante crónicas o reportajes lo que acontece. No hay notas de opinión, ni firmas en las notas, ya que se trara de una instancia de producción colectiva. Otra distinción importante, para contraponer la lógica mercantilista de los medios masivos, es el carácter del trabajo: no es gratuito, sino solidario.
Los logros obtenidos en las distintas ediciones pasan por la posibilidad de difundir información el mismo día en que se producen los hechos utilizando una red alternativa, que en cada nueva edición del taller es más importante. Por otro lado se ha logrado que que varios medios comerciales se hagan eco de las actividades, aunque este no sea el objetivo principal, que según sus organizadores pasa por “el fortalecimiento de los medios sociales de comunicación”.
[16] El colectivo de CA lavaca.org logró luego de meses de colaboración en un taller que el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Solano realizaran su propia página web. Esta experiencia es un claro ejemplo en este sentido. ww.solano.mtd.org.ar.
[17] Las tomas obtenidas por el fotógrafo independiente Sergio Kowalewski y por Pepe Mateos, fotógrafo del diario Clarín, el 26 de Junio de 2002 en la Estación Avellaneda sirvieron para contrarrestar la versión oficial que hablaba de un enfrentamiento entre facciones de piqueteros y demostrar la responsabilidad policial en las muertes de Maximiliano Kostecki y Dario Santillan.
[18] Taller Prensa y Seguridad. Ficha nº 3. RedAcción (Agencia de Noticias ANRED). Mimeo. Agosto de 2003.
[19] Entre las teorías clásicas de la prensa encontramos a la teoría autoriataria que pretende explicar la verdad como un producto ajeno a las mayorías, “sino el de unos pocos hombres sabios que se encontraban en posición de guiar y conducir a sus semejantes. Así, se pensaba que la verdad estaba radicada cerca del centro de poder. La prensa, por lo tanto, funcionaba desde arriba hacia abajo. Los gobernantes de la época empleaban la prensa para informar a la gente acerca de lo que los gbernantes pensaban quela gente debía apoyar. (...) La edición era de ese modo una especie de acuerdo entre la fuente de poder y el editor, en el cual la primera concedía un derecho de monopolio y el segundo prestaba su apoyo. (...) Resulta obvio destacar que este concepto de la prensa eliminaba lo que en nuestra época ha llegado a ser una de las funciones más comunes de la prensa: controlar al gobierno”. Siebert, Fred y Peterson, Theodore (1967).
La descripción, que con salvedades encaja perfectamente a relación entre medios y poder político de nuestros días, corresponde al clima autoritario de fines del Renacimiento, es decir el siglo XVI, y hasta entrado el siglo XVIII.
[20] A la destrucción de los media que postulaba Braudillar como salida, el espacio web parece aportar una opción al sumar los formatos anteriores, audio, voz y texto, sobre una plataforma que permite el libre tránsito y la multiplicidad de puntos de entrada y salida.
[21] A igual que en otros formatos, el de la web también plantea el problema de romper con los códigos estandarizados de producción para transmitir, tambien desde los contenidos y la estética, la riqueza y los matices de las experiencias que las organizaciones han ido acumulando a lo largo de estos años. Quien conozca de cerca la experiencia de los movimientos piqueteros seguramente notará como un déficit el contenido de las páginas web que quieren reflejar su existencia: no hay un puente entre la cotidianeidad y le debate de estos movimientos, innovadores en distintos planos, y con la reproducción acrítica de modos de producción ajenos a la lógica de la propia organización.
[22] En El fin del peridismo. http://lavaca.org/