24/5/11

QUILMES ROCK 2011: EL SONIDO DEL ENCUENTRO


Diego Frenkel: sensibilidad pop

Tal vez la visita de tantos artistas extranjeros a las principales ciudades de nuestro país se pueda explicar desde la lógica de un mundo globalizado con una seria crisis económica en varias de sus plazas más importantes o tal vez sea cierto que somos el mejor público del mundo…
En este contexto eran altas las expectativas por la grilla de esta nueva versión de uno de los festivales más importantes de la región. Sucede que a diferencia de los festivales emblemáticos de Latinoamérica, como el Rock al Parque de Bogotá o el Vive Latino del DF, Buenos Aires cada año nos trae tres eventos masivos y convocantes de artistas nacionales y extranjeros: el Quilmes Rock, el Pepsi Music y Personal Fest.
Pero en cierto sentido esta primera cita del año defraudo. A diferencia de las versiones anteriores, donde el festival se realizó en meses templados y cálidos como octubre, abril y enero este año la elección del calendario a finales de mayo complico con el frío y la lluvia del último día.
Pero las visitas internacionales tampoco permitían hablar de un line up de lujo, esto tal vez explica la opción de pasar de los grandes estadios a un predio como el de GEBA, enclavado en los bosques de Palermo y con una capacidad aproximada de 25.000 espectadores, aunque el número promedio del festival dio muy por debajo.
Pero no todas son pálidas, ya que como novedades de esta edición podemos resaltar el hecho de que por fin se pudo consumir cerveza en un festival auspiciado por una marca de cerveza. ¡Pasaron 8 años pero lo logramos!
El artilugio que se utilizó para saltear la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas en un evento APT fue la delimitación de un corralito, para la organización era un beer garden, donde mediante la presentación de una identificación que certificara la edad los mayores de 18 años podían acceder a una pulsera para comprar por $ 15 hasta dos porrones de las variedades ofrecidas por Quilmes en el mercado. En el sector VIP la logística era idéntica con la salvedad de que la bebida, a igual que todo lo comestible y bebible que por allí circulaba, era gratis.

Laura Marling: una muchacha y una guitarra

El “Día1”, como se promocionaba, tuvo en la grilla del jueves 19 de mayo a los siguientes artistas:
Escenario Quilmes: Jack Johnson >> Laura Marling >> Los Tipitos >> Rosal.
Escenario 2: Sr. Flavio >> Diego Frenkel >> Custodios >> Ser.

Del escenario secundario voy a rescatar la sensibilidad expuesta por Frenkel en la presentación de algunos temas de su último disco solista, El día después, y el pésimo sonido que le dieron a Flavio, alguien tan importante para nuestra cultura popular no se merecía ese castigo, y el público tampoco...
Que Los Tipitos siempre estén en estos festivales no solo obedece a que es una de las bandas con sonido mejor producido de nuestra escena sino, principalmente, a que pertenece a la familia Pop Art, productora que además de organizar el festival edita y maneja las fechas de la mayoría de los números de la grilla.
Faltando poco para las 20 ganó el escenario la figura frágil de Laura Marling, cantante inglesa que podríamos definir como la hija no reconocida de Bob Dylan y Joan Baez, por ese estilo folk tan arraigado en el indie anglosajón. Con tan solo 21 años se le animó a un público que no estaba allí por ella, que prácticamente en su gran mayoría ni siquiera la conocía y con el cual no compartía el idioma… no es poco, o mejor dicho, es mucho considerando el gran show que brindó, en la misma sintonía emotiva que Frenkel dejó suspendida en el aire desde el escenario alternativo pocos minutos antes, en base a canciones de tono existencialistas, donde el sentido de la vida, la muerte y los desplantes del corazón buscan sus repuestas.

Jack Johnson: el ritmo de las olas

El cierre de la noche estuvo a cargo del bueno de Jack Johnson, que respetando el lugar común del yerno que toda madre con hija en edad de merecer querría tener, desplegó sobre las tablas toda su seducción a base de actitud cool y relajada.
Lo bueno es que se nota que es un tipo así, tranquilo y relajado, sin pose ni divismo y ese mensaje también nos llega desde los acordes que nacen de su guitarra acústica y su fraseo para trasportarnos a la playa de nuestros sueños.
Canciones para tomar un daiquiri con los pies sobre la arena y la vista clavada en el horizonte mientras el sol dice hasta mañana, de eso se trata el repertorio del bueno de Jack.
Sitting Waiting Wishing, Upside Down, Good People fueron algunos de sus hits que más fervor despertaron entre las casi 20.000 personas dispuestas frente al escenario, todo sazonado con una banda solida e imágenes del mar, la playa y algunas animaciones desde la pantalla principal colocada como telón de fondo.
El cierre, después de 23 temas, llegó con un set acústico e individual, como para demostrar que un verdadero artista no necesita de tanto artilugio tecnológico ni un gran escenario para conmover. Una guitarra y buenas canciones, con eso alcanza.

Rock hall of fame
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