5/5/11

SOBRE LA CONDICIÓN POÉTICA

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Robert Allen Zimmerman.



Por distintos motivos, en estos día la figura de Bob Dylan parece omnipresente en mi vida. Un documental en HV1, su último disco en el auto y anécdotas varias compartidas con amigos.


Una saga tan Dylanesca (¡que gran disco el de Bryan Ferry!) me hizo recordar un texto breve que elabore en el marco del Curso de Postgrado "Introducción al Pensamiento Complejo" de la Cátedra Itinerante UNESCO "Edgar Morin" (CIUEM).


Comparto con Uds. estas líneas, seguramente verán al llegar al punto final que no dejan de ser un pequeño aporte a la confusión general.



Para citar este texto: Monzón Francisco L. (2004) "Sobre la condición poética", obtenido de http://codigosbinarios.blogspot.com/2011/05/sobre-la-condicion-poetica.html.
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Sobre la condición poética*


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“El poeta es un fingidor / finge tan completamente / que hasta finge que es dolor / el dolor que en verdad siente”. Fernando Pessoa


En el comienzo de los tiempos, con la aparición del lenguaje, y por ende de la cultura, el hombre comienza a diferenciar distintos usos de la palabra. [1]


Desde el origen de la cultura occidental se puede rastrear una preocupación por la crítica literaria. Las primeras aproximaciones al fenómeno de la poesía las encontramos en la “La república”, de Platón, donde se afirma que el poeta recibe su inspiración de los dioses y su obra no es otra cosa que la imitación de lo real. Aristóteles supera esta definición, un tanto acotada, y sostiene que la poesía es un arte creativo que a partir de la experiencia humana representa, recrea, lo universal. Más allá de los géneros que podemos ubicar en el contexto histórico en el que Aristóteles escribe su “Poética” (circa 344 a. C.) a los fines del presente trabajo nos interesa el desarrollo histórico y la proliferación de ramificaciones que en el mundo del arte en general, y no solo de la literatura, se fueron produciendo.


La tesis desde la cual partimos se apoya en este derrotero histórico: la poesía no puede ser reducida a un coto particular dentro del universo del arte, ya que su fuerza, el fantasma poético, recorre, con menor o mayor fortuna, todas las disciplinas artísticas. En síntesis la poesía no es una propiedad del verso, sino de la lengua, del hombre, y por ende de todo lo que este haga.


Con esta premisa como punto de partida, que coloca a la poesía desbordando los límites de un género literario, consideramos posible utilizar al calificativo poético como una herramienta para leer no solo distintas disciplinas artísticas sino también todas las variantes de la actividad del hombre, buscando en ellas un rasgo particular, un brillo distintivo, que denominaremos condición poética.


“Las palabras sinceras no son elegantes. Las elegantes, nunca serán sinceras”. Lao Seo


Como ya mencionamos, la introducción ineludible al tema es sin dudas la “Poética” de Aristóteles. En esta obra se establecen tres conceptos que funcionan hasta nuestros días como claves para comprender todo hecho artístico. Así, la poiesis, la mímesis y la katharsis marcan los momentos de la construcción de la obra de arte, más allá de su formato o soporte, es decir: la concepción, la elaboración y, finalmente, el producto propiamente dicho.


De esta secuencia lógica:


momento de concepción ® momento de elaboración ® momento de recepción


(poiesis)............................ (mímesis)....................... (catársis)


Nos detendremos en la primera, por entenderla como la más fiel a la tesis aquí propuesta. [2]


En el momento de la concepción el artista es asaltado por un arrebato, y es por ello que Aristóteles no describe ese instante como muy placentero: “el arte de la poesía es propio de los seres dotados naturalmente para ella, o bien de quienes están alcanzados por la locura”.


Otra característica que el pensamiento aristotélico le otorga a la obra poética es no restringirla solamente a lo que hoy reconocemos como poesía (como género) sino que carátula como poético todo producto artístico en tanto poiesis (cuya raíz proviene del verbo “hacer”).


En el capítulo XVII de su obra nos dice: “se persuaden mejor quienes están apasionados, y también, más verdaderamente conmueve el conmovido, y más se enfurece el airado”. A partir de esto deducimos que no es sencillo transmitir emociones desde la racionalidad pura, simulando tal o cual estado, es imprescindible sentir, experimentar, sufrir y reír para después plasmar, tratar de transmitir, estas sensaciones en una obra. ¿Cómo hablar del límite si nunca se estuvo en él? Esta es sin duda una diferencia importante entre el teórico, el historiador y el poeta.


Lo Dionisíaco estaría ligado a la poiesis, en tanto arrebato natural, divino o insano, mientras que la mimesis es propia de lo Apolíneo, ya que es en este estadio donde la inspiración amorfa se consuma en una forma, mediante la cual será reconocida por los otros.


A pesar de esta distinción, no es recomendable entender esta dicotomía como el enfrentamiento de la fuerza y la sensibilidad poética, alguna vez irracional, a la racionalidad intelectual, ligada a la necesaria instancia de la “forma” en el proceso de la elaboración poética.


“Poesía... el verdadero poder revolucionario capaz de cambiar el mundo”. Theodore Roszak


Sin dudas, y así lo entiende el sentido común, no es posible hablar de lo poético sin reconocer que su estado puro se encuentra en la poesía, aunque no todo lo que se denomina poesía este imbuido de la condición poética. Pero al partir de la tesis que afirma que lo poético no esta solo en la palabra abrimos el campo de análisis a un vasto panorama de actividades: la plástica, la música, etc.


Llevando al extremo este postulado podemos afirmar que lo poético es una manera de vivir, de relacionarse con el universo de las cosas y de las ideas, en síntesis, de enfrentarse a la humana condición.


Sin duda quien renuncia a la condición poética, que su propia condición humana le acarrea, niega una parte de su ser.


Lamentablemente a la luz de la historia de los últimos siglos podemos ver como distintos sistemas de organización social fueron asfixiando y negando esta faceta de la personalidad del hombre, hasta transformarla en una actividad aparentemente ociosa, limitada a un número ínfimo de cultores. [3]


Un gran plan, pacientemente ejecutado desde el inicio de la historia, que fue sumergiendo en el sopor y la rigidez, una cárcel espiritual, a la mayoría de la humanidad con herramientas que el tiempo fue perfeccionando: la familia, la escuela, la iglesia (en sus distintas vertientes), el estado (célula madre de la cual se desprende la capacidad de los ejecutores del plan para disciplinar y reprimir, y aquí ya no hablamos sólo de la cárcel espiritual, y de marcar cuales son los parámetros de lo bueno/malo, lo sano/enfermo, lo bello/feo, etc.) [4]


Grandes hombres, políticos algunos trasformados en poetas libertarios, poetas otros, que fueron llevados al campo de lucha política como emblemas de los valores más altruistas, desafiaron esta lógica pagando, la mayoría de las veces, un precio cotizado en sangre.


Etienne de La Boétie, Mijail Bakunin, el Dante, Rimbaud, Artuad, y tantos otros, se transforman así en iconos de un estilo de vida poético, por forzar los límites que sus congéneres imponían a la individualidad, la libertad y a la palabra.


Existen, asimismo, raras avis que condensan todo, pasión por la poesía y pasión por la libertad, en una síntesis de vida y obra: Cesar Vallejo es un cabal ejemplo en la literatura y Diego Rivera en la plástica. [5]


Este sentido subversivo de la poesía cobra forma en la lucha por alcanzar la humana condición, es decir, la posibilidad de ser hombre/mujer en consonancia con las aspiraciones totales del ser humano y en equilibrio con el mundo, el universo y sus pares. [6]


En un complejo proceso social, donde los poetas oficiales atentan contra la poesía, y los verdaderos poetas con llevados a la marginalidad, y a veces a la ilegalidad, nace la figura del poete maudit. En este sentido Andre Bretón apunta con agudeza: “la aprobación del público debe rehuirse por encima de todo”. [7]


Romper con las convenciones de la cotidianidad parece ser su fin último: mostrarnos un universo en constante cambio y transformación, contrario al universo rígido que las convenciones nos quieren obligar a ver. Nombrar lo innombrable, mostrar lo que se quiere ocultar, expandir los peores olores, porque ese hedor nauseabundo atenta contra la calma cotidiana que pudre, minuto a minuto, los cuerpos que nuestra rutina entierra un poco cada día.


“Toda metáfora es poesía”. Chesterton


Nacemos al mundo y nos tenemos que incorporar a una serie de dimensiones que tienen un denominador común: el lenguaje. Una vez que nos apropiamos de él podemos acceder a distintas esferas sociales, con mayor o menor suerte, dependiendo del capital cultural (simbólico) que tengamos acumulado.


Si bien el uso de la palabra presta en este sentido incalculables servicios hay en su alcance profundo un halo de misterio difícil de desentrañar.


Para descubrir que significa una palabra tenemos en el diccionario la fuente donde encontrar la respuesta, pero el diccionario nada nos dice sobre el origen, sobre las veces que con pasión o temor esa palabra fue escrita, o sobre los hombres que dejaron algo de sí cuando la pronunciaron.


Nada dice el diccionario de esa carga afectiva, de esos infinitos significados que tuvieron esas palabras al ser utilizadas en el marco de una metáfora.


“Language is a virus from outer space”. William S. Burroughs


Es como si la palabra estuviera muerta en las páginas del diccionario, como si leyéramos un obituario, pobre y amarrete.


Decir que la palabra esta al servicio del hombre puede ser temerario, ya que la cotidianidad nos muestra que somos nosotros los que estamos a su merced.


¿Acaso cuándo adscribimos una determinada ideología no estamos rindiendo culto a la palabra? Al fin y al cabo, ¿no son las ideas una serie de palabras que toman cuerpo y forman una estructura sólida, que se desliga incluso de sus supuestos procreadores, tomando una vida autónoma, más allá de los debates y las idas y vueltas que generan?


Así, nos convertimos en esclavos de nuestra invención, esclavos de la herramienta que tendría que ser libertaria.


Es deber del poeta intentar romper esas cadenas, de agrietar las paredes de opresión con las que palabras nos esclavizan.


¿Pero quien quiere escuchar que es un esclavo cuando vive convencido de que es libre y goza del libre albedrío? [8]


“Una obra de arte sólo tiene valor si en ella vibra el futuro”. André Breton


Amén de los distintos estilos que dentro de la poesía podamos detallar, y sobre los que no nos detendremos en este trabajo, nos interesa la particular fusión que en la segunda mitad del siglo XX se produce entre la poesía y el corpus literario general, a partir de su conjunción con el género musical denominado, comúnmente, como rock & roll.


En este momento es importante aclarar que cuando decimos “poesía en el rock” en verdad estamos hablando de letras de canciones inseparables de la melodía que la acompaña. El periodista Marcelo Gobello realiza esta distinción para diferenciar a la obra poética, propiamente dicha, que en las últimas décadas muchos publicaron, de la producción estrictamente musical. [9]


En este punto, y no casualmente, tenemos que volver a mencionar que la condición poética no se resume a la obra y tiene que ser leída en el contexto vital del individuo que la produce. Y ninguna figura fue tan fiel al espíritu revulsivo y provocador que le exigimos al arte como la del rock star que el sistema comercial que encorsetó al rock engendró, a veces, a su pesar.


Obviamente no todas las estrellas responden a esta lógica, aquí también nos encontramos con poetas oficiales, pero nos detendremos en aquellas que a la luz de la historia realizaron méritos para ser considerados poetas malditos. [10]


“El poeta es un verdadero ladrón del fuego. Está cargado de humanidad: incluso de animalidad”. Arthur Rimbaud


Si entendemos la poesía como un atajo para entender el enigma vital de la humana condición sin duda los ejes que atravesaron ese enigma, si bien similares en esencia, fueron variando con el correr de los siglos, desde los postulados aristotélicos hasta nuestros días.


Sin embargo, los años posteriores a la segunda guerra mundial introdujeron cambios tan profundos que podemos hablar de abismo con respecto a la sociedad de entre guerras.


Aún antes que en la música, y las nuevas categorías sociológicas que se introducen en esta década (como la de “adolescente” y la del “ocio” asociada al consumo juvenil), entre 1950 y 1960 surge en los EEUU un movimiento literario, aunque rebasó profusamente esta delimitación, que fue la base de todo un movimiento contracultural que se expandió por el mundo y que tuvo su punto culminante en el mayo francés de 1968.


Si bien nombres como los de William Burroughs y Allen Ginsberg son abanderados de la generación beat nos detendremos solamente en un autor, Jack Kerouac, y en una sola de sus obras, On the road, por entender que es una novela paradigmática donde se plasma la esencia del movimiento y es, tal vez, la más influyente para un gran número de adolescentes que años después llevarían esos postulados al campo de la música. [11]


Desechar la moral de una sociedad que se entendía perimida y reivindicar la búsqueda y la experimentación más que una serie de nuevos valores, explican porque la reivindicación del viaje, como experiencia en sí misma.


Las drogas y el alcohol, el sexo y el culto a la amistad de los entendidos de este nuevo universo, el regocijo con ritmos musicales marginales (como el jazz y el rithm ´n blues) y una postura militante contra el acartonamiento y el conservadurismo de la clase media americana son las principales características de esta obra.


La influencia de esta generación en la producción artística venidera es innegable, desde el vanguardista Andy Warhol pasando por autores de ciencia ficción como William Gibson y Phillip K. Dick, pero sin dudas es en el rock donde hace eclosión.


“I´ll tell you this, no eternal reward / Will forgive us now for wasting the dawn”. Jim Morrison


A partir de lo expuesto podemos afirmar que el arte es un entramado de producciones que se cruzan, se influyen recíprocamente, se contaminan y cada obra, a su vez, es un nuevo caldo de cultivo para las generaciones venideras.


Pero estas influencias se diluyen en cada contexto histórico, y así la herencia que el rock recibe de la poesía, de la condición poética mejor dicho, ligada principalmente al contenido (la rebeldía y la reivindicación de la libertad) más que a la forma, se canaliza en distintas variantes estilísticas y temáticas.


En los años 60, la del flower power, los iconos más representativos eran el sol, el campo, la psicodelia, la paz y el amor. Una década después, y de la mano del movimiento punk, aparece un retorno a las cosas cotidianas, más concretas y no tan abstractas, como la ciudad, sus objetos, la noche, el odio y la guerra. Si bien “sexo y drogas” están presentes en cualquier corte cronológico que se intente realizar del fenómeno rock las implicancias sociológicas de dicha segmentación difieren sustancialmente:


· En los sesenta se promulga la figura de la “comunidad”, personas que se alejan de las ciudades y buscan un ambiente para la vida comunitaria donde las responsabilidades se comparten hasta el punto de compartir colectivamente la crianza de los niños. [12]


· Con el cambio de época, y de la mano del “hazlo tu mismo”, el punk introduce una filosofía nihilista e individualista. Individualismo activo en una primera etapa, cuando surge el movimiento, y pasivo de la mano de la new wave.


En los años siguientes los distintos movimientos en los cuales se fragmentaba el rock encontraban el respaldo del público que también se segmentaba, en las denominadas “tribus”, que no solo se volvieron más variadas sino también antagónicas.


A pesar del derrotero que el fenómeno rock recorrió en estos cincuenta años, que aquí solo detallamos escuetamente y se muestra muchas veces como contradictorio, es importante resaltar que sus figuras, es decir los cantautores solistas, o los frontman en el caso de los grupos, ocuparon en este momento de la historia el rol que los poetas cumplieron en el pasado: ser portavoces de una generación, corporeizar en palabras esa zona oscura donde se pierden las ansias de una vida feliz y placentera, ansias que regresan transformadas en la decepción cotidiana ante la impotencia de enfrentar a un mundo monstruoso y deshumanizado.


Personajes como Jim Morrison, Lou Reed, John Lennon, Peter Gabriel, Tom Waits, Roger Waters o Kurt Cobain son algunos de los voceros de esta proclama.


“La poesía es indispensable, pero me gustaría saber para qué”. Jean Cocteau


Pero nadie, tal vez, como Robert Allen Zimmerman resume en su obra la síntesis entre la música rock y la poesía, colocando a la canción popular en el lugar de la obra de arte, hecho que influyó sobremanera en sus congéneres y en los nuevos músicos, y revolucionó toda la historia del rock. [13]


En homenaje al poeta galés Dylan Thomas adopta el nombre de Bob Dylan, y al escribir la letra del tema con el cual quería rendir tributo a su héroe, el cantante folk Woody Guthrie, que agonizaba en un hospital público de New Jersey justo cuando Dylan desembarcaba en New York, adelanta “un mundo muy raro se viene... un mundo que está enfermo y hambriento, cansado y marchito, y parece haber nacido antes de haber nacido” (“Song to Woody”, 1961), con una capacidad profética admirable.


Inscripto en la tradición del folk americano dio sus primeros pasos en esa corriente estilística, para horrorizar a sus seguidores en 1965 al electrificar su perfomance y ser considerado como un traidor a la causa acústica.


Pero este hecho, que pareciera una anécdota menor, es, sin embargo, una característica propia de toda la obra dylaniana.


Fue judío, cristiano, músico folk, rockero, abanderado de la lucha por los derechos civiles, el fin de la guerra en Vietnam, la carrera armamentista basada en armas atómicas y colaborador, en los años 80, de lo que se conoce como el rock solidario. Todos estos estadios influyeron en su obra, pero para el biógrafo Paul Williams saber si Dylan actualmente es judío o cristiano es totalmente secundario: “El es una persona que cree en la literalidad de la Palabra. Este es su fundamentalismo predominante. Va a ser fundamentalista, crea en lo que crea”. [14]


Su fama como una de las figuras más influyentes en la segunda mitad del siglo XX se funda en una producción de más de 40 discos oficiales, 3 libros (de poesía los 2 primeros y una recopilación de las letras de sus canciones entre 1962 y 1985), varias películas, una cultura propia fundada por sus seguidores, la Dynalogía, premios de la industria discográfica y cinematográfica, campañas periódicas para postularlo al premio Nobel de literatura, etc.


"El hambre produce poemas inmortales. La abundancia únicamente indigestiones y torpezas”. Taine


En los últimos años nos enfrentamos a un contexto donde lo comercial parece prevalecer sobre lo artístico, donde la lógica mercantilista basada en apostar solo al éxito seguro no permite la aparición de nuevas voces, y donde la propia razón de la industria cultural está en crisis por el impacto tecnológico. [15]


En esta etapa, nuevos fenómenos parecen ser los herederos de esa voz subterránea que expresa la fatalidad de la lógica del progreso social, que bajo la fachada de la productividad, la eficiencia y el confort nos dice acercarnos a la libertad cuando en realidad nos convierte en esclavos de esa lógica economicista y tecnocrática.


Ante la ausencia de una mirada totalizadora que de cuenta de las consecuencias, prácticas y potenciales, que el sistema de organización social implantado a nivel planetario trae aparejado para el destino de la humanidad, focos de resistencia, aparentemente aislados, aunque insertos en una incipiente red, se hacen visibles por las grietas que el sistema no puede sellar. [16]


Grupos antiglobalización, organizaciones de base, comunidades con estructuras políticas autónomas que desconocen la jurisdicción política tradicional parecen ser los nuevos canales de producción y circulación de los discursos que denuncian las atrocidades del nuevo orden tutelado por las organizaciones transnacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el foro de Davos y los gobiernos del G-7.


Que el Subcomandante Marcos, vocero y referente de este nuevo contexto [17], rescate la condición poética no sólo para la denuncia, sino también para la búsqueda y la construcción de una alternativa no hace más que confirmar lo insondable de este sentimiento, propio de la humana condición, y su capacidad para adaptarse a nuevos paradigmas, a tiempos que avanzan más rápido que nuestra posibilidad de reconocimiento.


Vendrán otros cambios, que serán cada vez más vertiginosos y desestabilizadores, pero siempre alguna voz se alzará para recordarnos lo que somos y lo que creemos ser, y que esa distancia es la mayor herida que la humanidad debe curar.


Esa es la voz del poeta.


“Y... si he escrito esta carta tan larga, ha sido porque no he tenido tiempo de hacerla más corta”. Pascal




Bibliografía:


· La recepción del género. Oscar Steimberg. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Lomas de Zamora. 1988.


· La República. Platón. Editorial Altaya. Madrid. 1993.


· Poética. Aristóteles. Editorial Gradifco. Buenos Aires. 2003.


· Para contribuir a la confusión general. Aldo Pellegrini. Editorial Leviatán. Buenos Aires. 1987.


· El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo. Christian Ferrer (compilador). Grupo Editorial Altamira. Buenos Aires. 1999.


· Una temporada en el infierno. Arthur Rimbaud. La biblioteca de cristal. Madrid. 1994.


· 100 Poemas. Charles Bukowski. Emptybeercan ediciones. Buenos Aires.


· Una vida de Diego Rivera. Patrick Marnham. Plaza Janés. Barcelona. 1999.


· Poesía completa. Cesar Vallejo. Editorial de arte y literatura. Casa de la Américas. La Habana. 1988.


· Lo mejor de Rolling Stone. Ediciones B. Barcelona. 1995.


· La poesía del rock. Marcelo Gobello. Editorial Planeta. Buenos Aires. 1996.


· Rockología. Eduardo Berti. Editora AC. Buenos Aires.1989.


· Bob Dylan. Alberto Manzano. Salvat Editores. Barcelona. 1991.


· Marcos, la genial impostura. Bertrand de la Grange y Maite Rico. Editorial Aguilar. México DF. 1998.


· La red. Juan Luis Cebrián. Editorial Taurus / The Club of Rome. Buenos Aires. 1998.


Referencias:


* Por Francisco L. Monzón. Licenciado en Periodismo de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.


[1] Con el paso del tiempo estos usos se van consolidando y dan paso a los géneros discursivos, que en palabras de Mijail Bajtín, son una institución relativamente estable, ligados a un contexto cultural que los transforma en “horizontes de expectativas” o “correas de transmisión” entre la historia de la sociedad y la historia de la lengua.


[2] Al desarrollar el concepto de mimesis y la clasificación de las “distintas especies de la poética” Aristóteles nos remite a estrictas reglas de producción, donde la estructura del relato es un requisito imprescindible para ser considera una obra de arte, por cuanto esta situación en si misma es contradictoria con el espíritu subversivo y libertario que reivindicamos para la condición poética, aun para las formas de su producción.


[3] En su trabajo “Poder, política y autonomía” Corrnelius Castoriadis distingue entre dos sociedades: una donde reina la heteronomía instituida, con roles pre-definidos, donde “las únicas vías de manifestación reparable de la psique singular son la transgresión y la patología. Sucede de manera distinta en aquellas sociedades donde la ruptura de la heteronomía completa permite una verdadera individualización del individuo, y donde la imaginación radical de la psique individual puede a la vez encontrar o crear los medios sociales de una expresión pública original y contribuir a la autoalteración del mundo social”. Demás esta apuntar que modelo es el que rige en occidente, aunque este dato no deja de ser, en el fondo, alentador: el impulso poético y libertario no esta ausente en la mayoría de los hombres, a lo sumo esta reprimido.


[4] La bibliografía es profusa en este sentido, pero mencionaremos como pertinentes las obras “Aparatos ideológicos del estado” de Louis Alrhusser, “Dialéctica del Iluminismo” de Marx Horkheimer y Theodor W. Adorno, “Vigilar y castigar” y “Microfísica del poder” de Michel Foucault, pero especialmente “El orden del discurso”, del mismo autor, donde se indaga sobre las variadas formas de acceso (es decir las prohibiciones y los tabúes) a la palabra y como se instaura la marginalidad de ciertos discursos (la locura y la delictivo).


[5] Desde la publicación de “Los heraldos negros” a los poemas que forman parte de “España, aparta de mí este Cáliz” se comprueba le evolución personal y artística de Vallejo que lo lleva de las ansias a la consagración literaria a la militancia en las filas del Partido Comunista, a igual que el mexicano Rivera. En nuestro medio, Rodolfo Walsh es una figura que se asemeja al recorrer un derrotero similar, aunque sin adscribir al comunismo.


[6] En la actualidad, nos apunta Aldo Pellegrini, el poder intenta domesticar a los poetas hasta volverlos inofensivos, “para que ofrezcan un producto falsificado o desnaturalizado que con el título de poesía reciba los honores oficiales, las prebendas. Así se logra un alimento sustituto de la pasión poética, que puede designarse con el nombre de poesía oficial y que es la negación total de la poesía”.


[7] Por una cuestión instrumental no abundaremos en este trabajo sobre la influencia del surrealismo en la poesía en particular, ni en el arte en general, pero sin dudas es un eslabón imprescindible para entender la tesis que aquí se propone. En palabras de Octavio Paz: “Fue fundamental la escuela de rebeldía que significó el surrealismo. El surrealismo fue una escuela y, más que una escuela, una poesía, una poética. (...) El reino de la poesía no es el reino de la vida diaria, pero tampoco es el reino de las ideas, de las especulaciones: es el reino, diríamos, de los singulares universales”.


[8] Como nos remarca Freud, reducir la muerte en lo real, en lo cotidiano, parece ser uno de los objetivos mas logrados en la psiquis humana. Para lograr este objetivo hay que reducirla lo más posible en el campo del lenguaje, “apagar” las palabras que la hacen presente para negarla mejor.


[9] Desde los poemas de Bob Dylan y Jim Morrison, pasando por Joaquín Sabina y Luis Eduardo Aute en el mundo hispanoparlante, son numerosos los ejemplos al respecto.


[10] La industria del disco, y todos sus derivados, no escapan a los desarrollos teóricos desarrollados por la Escuela de Frankfurt al abordar la temática de la “industria cultural”.


[11] Es Kerouac el que introduce la palabra beat en la jerga de los iniciados de esta casta. A partir de su connotación, que remite a lo deprimido, lo rítmico y lo beatífico, será un sello que clasificaría desde ese momento los más diversos formatos artísticos (música, cine, plástica) amén de servir para definir, incluso, un estilo de vida, bohemio y libertario. On the road fue publicado en 1957.


[12] En Argentina este fenómeno cultural dio origen a experiencias comunitarias como la Cofradía de la Flor Solar (de la cual se desprenden parte de los fundadores de la banda Patricio Rey y los Rendoditos de Ricota) y el éxodo a localidades patagónicas, como El Bolsón, en la provincia de Río Negro. En EEUU un buen fresco del fenómeno lo expresa el film Easy Rider (Dennis Hopper, 1969).


[13] Es innegable la influencia que Dylan tuvo en, por ejemplo, The Beatles. En palabras de John Lennon: “Antes de escuchar a Dylan no se me hubiera ocurrido que una canción pudiera ser tan personal y emocionalmente abierta”.


[14] En la edición número 156 de la revista Rolling Stone del 14 de marzo de 1974 una foto suya enmarca la tapa junto al título “The Poet´s Poet”.


[15] “La sociedad de la información encierra en sí misma aquellas características que definen las circunstancias mediales: complejidad, interdependencia, imprevisión”. Extraído de: “La red”. Juan Luis Cebrián.


[16] “Conforme se van deteriorando los calendarios del Poder y las grandes corporaciones de los medios de comunicación titubean entre los ridículos y las tragedias que protagoniza y promueve la clase política mundial, abajo, en el gran y extendido basamento de la tambaleante Torre de Babel moderna, los movimientos no cesan y, aunque aún balbuceantes, empiezan a recuperar la palabra y su capacidad de espejo y cristal. Mientras arriba se decreta la política del desencuentro, en el sótano del mundo los otros se encuentran a sí mismos y al otro que, siendo diferente, es otro abajo. Como parte de esta reconstrucción de la palabra espejo y cristal, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional retomó diálogos con movimientos y organizaciones sociales y políticas en el mundo. Inicialmente, con hermanos y hermanas de México, Italia, Francia, Alemania, Suiza, el Estado Español, Argentina y la Unión Americana, se trata de ir construyendo una Agenda común de discusión.” Extraído de: “El mundo: siete pensamientos en mayo de 2003”. Subcomandante Insurgente Marcos. México, Mayo del 2003. Fuente: http://www.ezln.org/


[17] “Nuestras palabras no matan, pero pueden ser más letales que las bombas. A la palabra, no a las armas zapatistas, es a lo que le teme el gobierno”. Subcomandante Insurgente Marcos. Comunicado del 11 de mayo de 1995.


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